Radicalismo pidió voto de censura contra Alberto Fernández

Política

Alberto Fernández consiguió en los últimos 15 días lo que parecía imposible hace sólo un año: que la oposición lo tuviera como referente moderado del gobierno y hasta ensayara algún tibio apoyo hacia él. Más allá de las formas explosivas con que el kirchnerismo suele manifestarse en el Congreso, eso fue lo que se vio en el Senado el miércoles pasado, cuando los legisladores lo esperaron hasta última hora para escuchar su informe, después de más de un año y medio que no los visitaba y un encuentro fracasado la semana anterior.

Pero esa paciencia, basada en la certeza que tiene el radicalismo y la Coalición Cívica de la peligrosa debilidad que Alberto F. muestra dentro del gobierno no alcanzó para frenar un hecho que se dio dentro del recinto horas antes de que el jefe de ministros arribara y que pasó inadvertido para el común de los mortales: por primera vez desde hace años la oposición llegó a pedir una moción de censura contra el jefe de Gabinete, intentando activar así el mecanismo que prevé el artículo 101 de la Constitución Nacional y que nunca llegó a utilizarse.

Es obvio que esa moción finalmente fue abortada por la presencia de Alberto F. en el recinto y porque el kirchnerismo jamás hubiera permitido una votación semejante, pero marcó la temperatura de una crisis política sobre la que los senadores y diputados del oficialismo cada vez tienen menos respuestas.

El miércoles por la tarde los senadores estaban discurseando dentro del recinto sobre la aprobación de un cuarto intermedio para esperar a Alberto Fernández que por entonces seguía negociando con los hombres del campo.

La opción que planteaba Miguel Pichetto era dividir la presentación del jefe de Gabinete para no agobiarlo en un inicio de la exposición esa misma noche y el resto la semana siguiente. El radical Ernesto Sanz se negó, apelando a una frase que fue la más reproducida por los medios en esa sesión: «No sabemos si la segunda parte de esa sesión que se pudiera desarrollar la semana que viene o la otra tendrá el mismo jefe de Gabinete. Esto es parte de la realidad: y me hago cargo de lo que digo porque así son las cosas», dijo, aludiendo a una supuesta renuncia del jefe de Gabinete de la que se hablaba en los pasillos.

Sanz, pesar de insistir luego con que «queremos tener al jefe de Gabinete», pasó a protagonizar un pedido que puede considerarse histórico en el Senado: por primera vez se solicitó una moción de censura contra el jefe de Gabinete, una prerrogativa constitucional del Congreso que nunca se había utilizado en el Senado.

Así, terminó su discurso en ese debate sobre el cuarto intermedio de espera al funcionario: «Dejo una reserva, si no nos pusiéramos de acuerdo en esto, nuestro bloque deja formalmente planteado, en suspenso, una moción de censura con fundamento en el artículo 101 de la Constitución Nacional», dijo. El pedido se basaba en el incumplimiento ya casi doloso de la obligación de informar al Congreso por parte del jefe de Gabinete.

  • Atribuciones

    La Constitución de 1994 fija tres atribuciones al Congreso en relación con la figura del jefe de Gabinete: tiene derecho a recibir un informe mensual cada Cámara, puede pedir una moción de censura contra el funcionario y, con mayoría absoluta, puede proceder a la remoción.

    «No queremos remociones, es más: queremos que este jefe de Gabinete siga estando donde está, porque no nos gustan los cambios, y mucho menos desde nuestra óptica estamos en condiciones de formularlos, ni de sugerirlos, ni de desearlos», dijo Sanz. Nunca, hasta esa noche, el Senado había recibido un pedido de ese tipo. Ni siquiera en medio de la crisis del gobierno de Fernando de la Rúa, cuando la oposición peronista también había tomado al jefe de Gabinete de entonces, Chrystian Colombo, como interlocutor ante la inmobilidadpresidencial. El pedido de moción de censura del miércoles, entonces, no pareció dirigido a castigar a Alberto F., sino todo lo contrario. Los radicales, con el apoyo de la Coalición Cívica, más bien pretendieron mandar una señal a Cristina de Kirchner -que entiende mucho mejor que su esposo el lenguaje que se maneja entre las bancas- el malestar general que reina en el Congreso.

    Pichetto también recibió el mensaje y lo comunicó inmediatamente a Alberto F.: cinco horas y media después entraba al recinto para lanzar un mensaje de apoyo irrestricto a las políticas sostenidas por los Kirchner que, como el pedido de moción de censura, estaba destinado más a la Casa Rosada que al Congreso.
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