20 de septiembre 2005 - 00:00

Rara transversalidad: Terragno pidió que no reemplacen a Lavagna

La ansiedad del periodista suele ser mala consejera para el político. Es lo que volvió a demostrar ayer Rodolfo Terragno, quien desde su banca de senador de la oposición salió en defensa de Roberto Lavagna por un ataque que todavía no se perpetró pero que él supone. El caso pasará a integrar el largo inventario de explicaciones políticas que el ministro de Economía jamás brindará a Néstor Kirchner.

El radical Terragno emitió una declaración en Córdoba, adonde fue a presentar su libro «La simulación» (una buena historia de las relaciones recientes entre el Fondo Monetario Internacional y la Argentina). No se termina de saber si quiso dar una primicia o formular una denuncia. Aseguró que «el Presidente tiene la intención de desmembrar el Ministerio de Economía» y que «en la Casa Rosada está a estudio un proyecto según el cual pasarían al Ministerio de Relaciones Exteriores la Subsecretaría de Política y Gestión Comercial, con su Dirección Nacional de Política Comercial Externa y la Secretaría de Financiamiento, que maneja la deuda externa». Terragno no ofrece ningún indicio de lo que está narrando, lo que debilita su anuncio no sólo desde el punto de vista político sino también periodístico. Eso sí, descalifica la intención de Kirchner diciendo: «Cualquier reestructuración del gabinete debe ser hecha por ley y tiene que obedecer a razones funcionales. No puede ser que, por una interna del Ejecutivo, se descuartice un ministerio». Según él, Kirchner pretende «debilitar a Lavagna o justificar su pase a Cancillería». El final de la declaración de Terragno es más llamativo que todo lo anterior: «Tengo muchísimas diferencias con Lavagna pero, de cualquier modo, es el mejor ministro que tiene este gobierno y la única cabeza fría que hay en este gobierno. Sería peligroso que le cortaran las alas».

Las expresiones del opositor Terragno están llenas de curiosidades y merecen ilustrar una época de transversalidades múltiples, en la que los elegidos suelen cambiar de alineamientos y lealtades partidarias con el mismo dinamismo que los electores. Obsérvese si no este caso. El senador que formula la denuncia sintió la necesidad de aconsejar a Kirchner sobre la composición del gabinete, una prerrogativa tan personal de los presidentes que el Congreso acostumbra a aprobar las reformas en la Ley de Ministerios a libro cerrado. Tal como lo experimentó el propio Terragno como jefe de Gabinete del gobierno de Fernando de la Rúa.

• Interrogantes

Por otra parte, ¿cómo sabe el senador que será tan malo el nuevo diseño que, según él, tiene pensado el Presidente? ¿ Conoce quién será el reemplazante si se produce el relevo de Lavagna? ¿Y si fuera para mejorar la política económica? ¿De dónde nació tanto empeño de Terragno por cuidarle el gabinete a Kirchner?

Para el Presidente, que cree en conspiraciones, esa vocación no habrá nacido del sano patriotismo. Tampoco de un exabrupto del senadorperiodista. Más bien apelará a las múltiples vinculaciones entre Terragno y Lavagna y degradará todo en una defensa facciosa, inspirada vaya a saberse en qué tipo de intereses. Siempre hay datos para avalar las fantasías persecutorias. Por ejemplo, Kirchner podría pensar que Terragno defiende a Lavagna por la íntima amistad de ambos con Alberto Camarasa, el representante principal del ministro en el directorio del Banco Central. Para el Presidente estaría claro que el senador radical salió también en defensa de Guillermo Nielsen -el secretario de Finanzas amenazado por la expulsión o el traslado a la Cancillería- no para abogar por el buen gobierno sino por la antigua militancia radical del funcionario, quien revistó en la gestión De la Rúa como colaborador de José Luis Machinea, es decir, como subordinado de quien salió a patrocinarlo. Dicen que, como Terragno, Nielsen sería una admirador de «Pinky», lo que habría quedado demostrado cuando la animadora se postuló para la intendencia de La Matanza, en el '99. «Todo cierra», dirá Kirchner, a quien su esposa Cristina ya le recordó desde la tribuna proselitista de Rosario que «las brujas no existen pero que las hay, las hay».

Sin embargo, mirada la intriga con más serenidad, tal vez el industrialista Terragno haya prestado un pésimo servicio al industrialista Lavagna. En principio, es posible que Kirchner se vea tentado, ahora sí, a producir lo que el periodistasenador anuncia. Después de todo, dicen, ya intentó desplazar por lo menos dos veces a Nielsen pero siempre se encontró con la renuncia del ministro de Economía como impedimento.

Pero, ¿molestaría tanto a Lavagna el eventual pase a Cancillería? Todo el mundo conoce en Economía que, a fines de junio de este año, José Pampuro visitó a su colega para sugerirle, en nombre del Presidente, que reemplace a Rafael Bielsa después de las elecciones. También se sabe que Lavagna aceptó esa idea, sobre todo si como sucesor se designaba a Javier González Fraga, como era el plan de entonces. No vaya a ser que Terragno haya reactivado aquel programa, con lo que el afectado no sería el ministro de Economía, tampoco Nielsen y sí Martín Redrado. El presidente del Banco Central jura que no quiere dejar su función actual con argumentos encomiables: «A la Argentina le hace falta un largo período de estabilidad en la conducción de la política monetaria». Sin embargo, su peripecia actual no es la más cómoda para esa propuesta. Hace ya diez días, Kirchner se enfureció con Redrado porque haya elevado dos puntos la tasa de interés. «¿Vos le diste la orden?», le preguntó el Presidente a Lavagna y, al obtener una negativa, desató una furia que ahora dura. El episodio es ilustrativo por varias razones. En principio, los valores que dice preservar Redrado con su continuidad no forman parte -por lo visto- del bagaje axiológico de sus superiores. Además, hay cuestiones principales de la política económica, como las monetarias y cambiarias, en las que Kirchner y Lavagna coinciden más de lo que supone Terragno. Esas afinidades pesan mucho a la hora en que se deciden los cambios anunciados por el senador. Es el principal desafío que debe superar, a partir de ahora, su primicia.

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