Cuando le llevaron el aumento salarial a Néstor Kirchner, éste se negó a firmar. Y, encolerizado, preguntó: «¿Cuánto gana un embajador?». Le respondieron que la suma percibida rondaba los 8 mil pesos (en la Argentina, no en el exterior) y, entonces, bramando, apartó el decreto de aumentos y dijo: «Vamos a ver cómo es que ganan tanto». En rigor, más allá de la justicia o no de la remuneración, lo cierto es que los ingresos de los diplomáticos -desde los tiempos de Domingo Cavallo se han distanciado sensiblemente en relación con otras reparticiones del Estado (por ejemplo, un general recibe aproximadamente la mitad del sueldo de un embajador).
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Como el Presidente se mostró tan airado con la recomposición salarial que le llevaban para los diplomáticos -que incluirá inevitablemente al personal de la Cancillería-, nadie se atrevió a explicarle que ese aumento (30%) era una consecuencia directa de otro incremento que, él mismo, había autorizado meses antes. Por lo tanto, debido a las leyes del encadenamiento (en este caso la 23.797), al mundo del Servicio Exterior le corresponde el mismo porcentaje que se le había agregado con retroactividad a los salarios del procurador general de la Nación (léase, Esteban Righi, quien ha demostrado una particular eficacia para encolumnar a la Justicia, tarea que hasta admira el menemismo -que ha convertido su famosa servilleta en una pieza obsoleta y advenediza del tema-con el traslado o finalización de causas que involucraban al matrimonio presidencial).
En rigor, a la Procuración le llegó el aumento porque ya antes se había incrementado a los jueces y, por lo tanto, una repartición tan afín no podía quedar descolgada. Claro que aumentarle los ingresos al procurador, automáticamente y por ley se deben colgar embajadores, plenipotenciarios y extraordinarios, ministros, cónsules, secretarios, de primera, de segunda y tercera. Al menos, así reza el texto de la norma a la cual adherirán los diplomáticos para reclamar, tarde o temprano, ante la Justicia o ante el propio Kirchner cuando se le pase el disgusto.
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