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Carlos Alberto Reutemann
Desde la cercanía de Reutemann, son indicativas las palabras de Roxana Latorre. «Es un candidato interesante», dijo la senadora. Días atrás, antes de ponerse el traje de candidato, Perotti tuvo una larga charla con el ex gobernador y actual senador por Santa Fe.
Es probable que si Reutemann integra la comitiva que Kirchner llevará a Washington, en ese viaje se pacte un plan común. Aunque no se hable, estará pendiente otro elemento velado: la expectativa del gobierno de que, en la última hora, Reutemann acepte competir con Binner.
¿A la espera de una charla con el senador es que Kirchner le prometió a Bielsa que en «dos semanas» tendría resuelto el capítulo Santa Fe? El ex canciller protesta por la irrupción de Rossi porque quiere ser «el único candidato del Presidente» en la provincia.
El jefe del bloque del FpV en el Congreso gruñe por esos antojos.«Si ganamos perfecto; pero si perdemos, ¿Bielsa se va a quedar en la provincia a remar la derrota?», desliza profecías trágicas contra el ex canciller que pretende la franquicia exclusiva de la marca K.
El enredo tiene múltiples extensiones. En el peronismo brota otro malestar: le facturan a Rossi que Alberto Fernández empujó a Bielsa a «bajar» a Santa Fe para sacárselo de encima como eventual candidato en la Capital, donde el jefe de Gabinete sueña con ser candidato.
¿Decidirá Kirchner, como le reclama Bielsa, nominar un solo postulante y desechar a los demás? ¿Lo hará en las próximas semanas como pretende el ex canciller? Parece prematuro que a un año de la elección, el patagónico apueste todas sus fichas sólo a un pleno. Es ese esquema aparece Perotti de la mano de Zannini y con el guiño, nunca explícito pero sobreentendido, de Reutemann. De perfil productivo, con 46 años, y jefe de una « ciudad modelo», detallan en Compromiso K, Perotti amplía las opciones de maniobra de Kirchner.
Pero late una duda mayúscula. Aunque asistió a la convención de la UCR -rédito que puede cobrar Felipe Michlig, senador y jefe del radicalismo santafesino, que no le aceptó un «no» a Binner-, Kirchner es receloso de enemistarse con el socialista, que tampoco se mete en la trinchera.
Todo se explica: Santa Fe vota en setiembre, un mes antes de la presidencial, y Kirchner duda si apostar a la victoria propia -con Bielsa, Rossi o Perotti- o a la no derrota que supondría abrazarse con Binner y mostrarse como un coganador en esa elección provincial.




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