21 de mayo 2004 - 00:00

Renace la guerra de los "ñoquis" en Capital

Un duro cruce verbal sobre la existencia de los empleados «ñoquis» protagonizaron ayer dos legisladores porteños al iniciarse la sesión ordinaria de la jornada. Agresivos, la izquierdista Vilma Ripoll y el neokirchnerista Ariel Schifrin retrotrajeron la historia de contrataciones a los inicios de la gestión de Aníbal Ibarra en la Legislatura, en 1997, cuando Schifrin se desenvolvió como secretario administrativo y repasó también la diputada los nombramientos del jefe de Gobierno en su debut como tal.

Ripoll
acusó a Schifrin de «caradura», porque el diputado había expresado que la Legislatura necesitaba sólo 550 empleados, cuando en la actualidad reportan en la casa más de 2.000, lo que dio excusa -tal como anticipó este diario-a alquilar un edificio anexo, locación que está en estudio. Sin embargo, el acalorado debate que acompañaron empleados aplaudiendo solícitos a Ripoll versó sobre si existen o no «ñoquis», o si Schifrin «es ahora una carmelita descalza». Nadie sabe exactamente, por ejemplo, dónde reportan hoy algunos ex legisladores que revisten como planta permanente del cuerpo (el socialista Fernando Finvbard actúa en una comisión; la radical Marcela Larrosa, dicen que en el despacho del peronista-macrista Jorge Mercado).

Ripoll
recordó incluso que Ibarra el año pasado habilitó una nueva capa geológica en el plantel de empleados permanentes del Gobierno de la Ciudad, al efectivizar a cerca de 4.000 empleados, pero como la legisladora se confesó defensora de ese tipo de nombramientos, el fantasma de los «ñoquis» en la Ciudad, sólo quedó rondando en un recinto que -salvo algunos-se niega a admitir ciertas prácticas como «el trabajo afuera» de empleados que nadie ve. Algo similar ocurre en el Gobierno de la Ciudad, que ya tiene cerca de 100.000 empleados permanentes (30 mil administrativos y 70 mil entre médicos y maestros) más los contratados, incontables, que aducen los funcionarios serían 6.000.

• Gastos


Ibarra fue el primer vicepresidente de la Legislatura porteña cuando estrenó ese estatus el ex Honorable Concejo Deliberante hace 7 años. Schifrin era su secretario administrativo. Recordó Ripoll, que lo acusó a Schifrin, que ese legislador había gastado -como secretario administrativou$s 3 millones en un concurso para cubrir 208 cargos. Ripoll lo responsabilizó por «el Concurso de 1999, creo único en la historia del país, en el que para cubrir 208 cargos, los más bajos de la escala salarial, puso a trabajar a 350 personas durante un año y medio y gastó 3 millones de dólares. Es decir, se gastaron u$s 15 mil por cada uno de los cargos que se concursaban. Diríamos que fue el concurso más caro del mundo», definió.

«Schifrin inventó la figura de personal transitorio y también incorporó las locaciones de servicio que son contratos basura y en esas condiciones incorporó mil empleados»,
afirmó luego. «Entonces por un lado eran esos mil, más los 208 del concurso y los 700 que habían quedado del Concejo Deliberante, a lo que se agrega la planta política de los diputados. Eran casi tres mil empleados. Algo más que los 550 empleados prometidos», ironizó Ripoll, quien defiende la última incorporación de 260 contratados a la planta permanente, lo que desató el escándalo. El legislador Jorge Enríquez, de Compromiso para el Cambio, coincidió sorpresivamente con la diputada de Izquierda Unida y aseguró que cuando él había recibido la Secretaría de Administración de manos de Schifrin «se pagaban 13 cuotas en lugar de 12 cuotas a la obra social».

Schifrin
intentó luego defenderse e insistió con que cuando él había asumido la Secretaría Administrativa de la Legislatura «eran 729 empleados, más 908 transitorios» y que «en ese entonces tuve un buen trato con la gente». Denunció que «no obstante recibí amenazas cobardes, particularmente de un gremio que tuve que defender yo en su momento, porque sus delegados se escondían en el sótano».

Parientes y amigos de los legisladores siguen ocupando cargos en los despachos, algo que ya nadie discute, ante la evidencia de que el propio Ibarra se nutrió de varios familiares para cargos clave en su gestión y organismos descentralizados. La práctica de los contratos se nutre además de los lugares en ese tipo de organismos.

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