Reveló Pontaquarto cómo exigía pagos a radicales
El «arrepentido» Mario «Tato» Pontaquarto sigue hablando y acusando. Tuvo el beneficio de irse del país a pasar las fiestas con su familia, pero antes dio dos reportajes (diarios «La Nación» y «Clarín») en los que vuelve a responsabilizar de los sobornos en el Senado al ex presidente Fernando de la Rúa. Sigue involucrando a personajes políticos. Sólo escapa de sus acusaciones Raúl Alfonsín. Lo que sigue son algunos de los tramos de sus declaraciones:
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Mario Pontaquarto: Cuando leí el informe de la SIGEN, pensé: ¿quién se quedó con el millón que falta? Desconozco el destino de ese millón. Pero yo no me quedé con ningún peso. Tuve la plata una semana en mi casa de General Rodríguez y no me fugué con la plata. En el trayecto Buenos Aires-General Rodríguez, cuando iba con la plata en el auto, me reía solo pensando que si me robaban, los chorros se iban a llevar una grata sorpresa al encontrarse ¡con 5 palos en el baúl! Todavía me río también de lo que pasó al día siguiente del pago de los sobornos. Ibamos de viaje a Jordania con Genoud, Eduardo Menem, Silvia Sapag, Galván y otros. Y nos encontramos en la sala VIP de Ezeiza con De Santibañes, a quien saludé y se mostró tan indiferente que parecía el Capitán América porque le «rebotaban las balas».
P.: ¿Pero usted negoció irse como delegado de la SIDE a París a cambio de mantenerse en silencio?
M.P.: Cuando renuncio como secretario parlamentario del Senado, en octubre de 2000, me dicen: «Quedate tranquilo, que te vamos a dar un puesto en el exterior». Hablé con De Santibañes, que era el principal interesado en que me fuera. Cuando De Santibañes renunció, empecé a tratar con su sucesor, (Carlos) Becerra, quien estaba al tanto de esta propuesta. Jamás hablé con él de los sobornos. No puedo afirmar que conocía el tema. Me dijo que le habían dicho que yo iba a ser designado en una delegación en el extranjero, que lo estaban trabajando y que no querían mover mucho el avispero. Después cayó el gobierno de De la Rúa y perdí la ilusión. Salvo en una oportunidad, cuando asume Héctor Maya como segundo de Carlos Sergnesse en la SIDE, durante el gobierno de Rodríguez Saá. Fui al despacho de Maya y me encuentro con Darío Richarte. Cuando entré, Richarte dijo, textualmente: «Este es nuestro hombre en la embajada en París». Maya preguntó qué pasó y después la propuesta cayó definitivamente.
P.: ¿Richarte sabía del pago de las coimas?
M.P.: Lo desconozco. Nunca hablé con él (de los sobornos). El sabía de mi destino en el exterior...
P.: ¿Alfonsín sabía de los sobornos?
M.P.: No, no. Era exclusivamente el tema laboral para resolver el problema a alguien que había sido secretario de la cámara.
P.: ¿Cree que el sumario que le abrió Maqueda fue una forma de empujarlo a hablar?
M.P.: No tengo ninguna duda. Porque hay otros sumarios, como el de la imprenta, donde faltan 5 millones de dólares, y no resolvieron nada. Resolvieron sólo mi sumario. ¡Justo, qué causalidad! Además, hay otro episodio fundamental. Voy una tarde a una sesión del Senado. Era presidente del Senado (Juan Carlos) Maqueda, creo que era 2002. Y Maqueda le dice a su secretaria privada que me haga sacar del recinto. Viene un agente de seguridad y me dice que la secretaria del presidente le dijo que tenía orden de hacerme sacar. Discutí muy fuerte con la secretaria de Maqueda porque tenía derecho a presenciar las sesiones. A los cuatro días me suspendieron.
P.: ¿Le contó antes a alguien del pago de los sobornos?
M.P.: En una carta que le mandé a (Enrique) Nosiglia, hace unos tres meses, le avisé que iba a hablar. Le dije cómo puede ser que Flamarique, De Santibañes y Genoud vivan sin estar imputados en la causa, gozando de la libertad y haciendo política, y yo sea el único que quedó engrampado y la prensa sigue pegándome a mí. El me había pedido antes que le contara la verdad. Para los medios de prensa, le dije, no sólo era el que llevó la valija, sino el operador y el que convenció a De la Rúa. Cuando en realidad fui un instrumento de ellos. El viernes, antes de la indagatoria, le mandé otra carta a Nosiglia. Dos días antes, me llamó la secretaria del «Coti» y me preguntó si podía ir a una reunión con Fernando, de Pilar. Yo creía que era De Santibañes, pero después me dijeron que estaban en el exterior, así que podía haber sido De la Rúa. No contesté porque ya me había decidido a hablar. Ellos no creían que me iba a quebrar.
P.: ¿Quién financió el viaje de su familia al exterior?
M.P.: Fue la revista «TXT», que también me dio el asesoramiento de un estudio jurídico, como el de Wortan Jofré, para que me sintiera tranquilo y pudiera tener una buena defensa.
P.: ¿Qué le diría a De la Rúa?
M.P.: Sostendría lo que dije en la indagatoria. Que participé de una reunión en la Casa de Gobierno y que cuando Genoud (José, ex presidente provisional del Senado) le plantea que el justicialismo necesitaba otras cosas, él dijo: «Arréglenlo con De Santibañes» (Fernando, ex jefe de la SIDE). El que está diciendo la verdad no tiene miedo. De la Rúa puede decir: «Yo nunca estuve con usted en la Casa de Gobierno». Yo le diría: «Doctor, lo siento mucho pero yo estuve tal día, en compañía de tal, usted estaba en la punta del escritorio, tenía detrás la foto de su hija Agustina y su nieta en el portarretrato. Yo estaba parado frente a la estufa oval que usted tenía en su despacho y adelante mío estaban Alasino (Augusto), Tell (Alberto) y Genoud. El escritorio estaba puesto sobre la ventana.
P.: La defensa de De la Rúa pidió que declaren sus antiguos asistentes, y los registros de entradas y salidas de la Casa Rosada...
M.P.: Eramos todos funcionarios. ¿Ustedes creen que una reunión con senadores para tratar temas de estas características va a tener un registro de ingreso? En la reunión no estaban ni el secretario privado ni el jefe de la Casa Militar. Estarían en la puerta.
P.: ¿Puede probar que De la Rúa tuvo alguna responsabilidad.
M.P.: Es uno de los hechos más difíciles de probar. Los que participaron no van a admitir que estuvieron en esa reunión, pero yo puedo aportar testigos muy importantes y otras cosas, que son mucho más importantes.
M.P.: Guardo algunas cosas para el caso de que la Justicia las requiera. Es la estrategia de la defensa. Yo he reconocido, por ejemplo, que mi esposa sabía que el dinero estaba en mi casa. Ese es un testimonio muy fuerte. Es alguien que vio las valijas con el dinero.
P.: ¿Puede ser que De la Rúa no supiera? ¿Que alguien le haya querido hacer un regalo?
P.M.: Me cuesta creer que el Presidente no esté enterado de semejante operación. Me cuesta creerlo porque dijo: «Arréglenlo con De Santibañes», y fui testigo de eso. Si no hubiese visto esa situación en el despacho de De la Rúa, me costaría creer que estuvo metido en esto. Pero esa frase me da a entender que él sabía. ¿Qué había que arreglar con De Santibañes?
P.: ¿Sabía y dio la orden?
M.P.: Claro, De la Rúa dio el visto bueno. Porque muy probablemente se hizo la reunión porque el PJ quería asegurarse de que De la Rúa sabía, e involucrarlo en la operación.
M.P.: Lo involucran porque sabían que tenía una buena relación conmigo.




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