Desembarcará hoy en Brasil Condoleezza Rice, secretaria de Estado de los EE.UU. Su viaje por la región durará apenas dos días y visitará Brasilia, Salvador de Bahía y Santiago de Chile. Una pena que Rice saltee olímpicamente a la Argentina y que nuestra presidente Cristina de Kirchner y su esposo Néstor se priven, una vez más, como en la última gira de la norteamericana por el Cono Sur hace dos años, de recibirla.
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Para algunos, esta «noescala» de la secretaria de Estado se inscribe dentro de un acto reflejo, ya pavloviano, de soslayar a la Argentina. Otros recuerdan que «son las valijas de Antonini, ¡stupid!».
Aunque no falta quien busque cargar las tintas en que Héctor Timerman, el recién llegado embajador a Washington, anda más concentrado en su próximo viaje «serpa» a Londres con la señora Presidente que en los avatares de la política exterior norteamericana.
La visita de Rice -en Washington se asegura que ella puja por acompañar en la fórmula republicana al candidato John McCain- ya estaba en las agendas del presidente Lula da Silva y el canciller Celso Amorim desde hace un mes. El tema a tratar: las conclusiones sobre la recorrida que hace escasas semanas hizo Celso Amorim por Arabia Saudita, Siria, Palestina e Israel, casi un embajador « delegado» del Departamento de Estado. Por algo el brasileño, pocos meses atrás, fue el único sudamericano convidado por el gobierno de los EE.UU. a la cumbre en Anápolis sobre Medio Oriente. Pero a partir de la crisis Ecuador-Colombia, a la agenda de Lula y Rice se sumó el todavía enclenque equilibrio andino, tema a debatir en la próxima reunión de la OEA de este lunes 17 en Washington.
Apoyo
La suma de los factores no altera el producto, dice el axioma. Aunque el resultado final sí se modifica, cuando a la crisis andina se le adiciona un posible patrón de comportamiento, «dejà-vu» como sería el derivado del conflicto de Medio Oriente. Los documentos encontrados en las computadoras de «Raúl Reyes» revelarían el apoyo de los gobiernos de Quito y Caracas y la transnacionalización de las FARC, como indica su conexión con Muammar Kadhafi, por dar sólo un ejemplo. Los documentos, dijo ayer el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Tom Shannon, «están siendo estudiados cuidadosamente».
Mientras que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, asegura que los guerrilleros ya se habrían infiltrado en la selva brasileña, tanto el canciller Celso Amorim como el ministro de Defensa, Nelson Jobim, niegan esta posibilidad. No obstante, Amorim negociaría este lunes en la OEA nuevos mecanismos de cooperación en defensa y seguridad para Sudamérica. Brasil quiere implementar acciones conjuntas para la vigilancia de frontera, que en el caso de los países con selva amazónica, es bien porosa.
Brasil no tuvo una presencia visible durante la última crisis, aplacada por los paños fríos de la cumbre del Grupo Rio, el pasado viernes en República Dominicana. Se notó allí la ausencia del presidente Lula, aunque entre bambalinas hubo una hiperactividad del canciller Amorim. Para el experto venezolano en Derecho Internacional, Emilio Figueredo, autor del plan de negociación del gobierno colombiano con las FARC y el ELN de 1991, «el gran operador de la reconciliación entre los andinos fue Brasil». Aun más eficiente que las acciones del presidente mexicano Felipe Calderón o que el mandatario dominicano Leonel Fernández, que supo manejar los tiempos para el saludo de paz de Chávez y Uribe ante las cámaras.
Hacia el futuro, Figueredo propone un terreno más caribeño para encontrar la solución al conflicto en ciernes, en el cual el factor Chávez es uno de los desestabilizantes más complicados. «¿Por qué no pedirle a Cuba o a México que presten su territorio como un punto de encuentro?» Y agrega: «Que el gobierno cubano, que ha servido de garante en los diálogos de paz con el Ejército de Liberación Nacional, extienda las conversaciones y las lleve a Cuba». Para él, «La Habana puede ser un factor de estabilización en esta discusión».
El debate en la Argentina, mientras tanto, pasa por las vendettas e internas urdidas desde el gobierno nacional hacia dentro de la Cancillería.
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