No es tan vasto ni monocolor el universo opositor a Néstor Kirchner como supuso Roberto Lavagna. Además de embretarse con la UCR, al todavía -no- candidato se le escurrió un aliado que podría haberle aportado liturgia peronista: el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ocurrió en julio, en una vivienda sobre avenida Del Libertador. Los «generales» Juan José Alvarez, Eduardo Camaño, Jorge Sarghini y Francisco De Narváez, y el anfitrión Ramón Puerta citaron a Rodríguez Saá -que llegó con Carlos Dellepiane- para subirlo al colectivo Lavagna.
Debían remontar una cuesta: anteriormente, el senador por San Luis había revelado sus diferencias con el ex ministro. Pero suponían que, entre caballeros, podrían establecer la empatía necesaria para que Rodríguez Saá se convirtiera en un actor del bloque opositor.
No ocurrió. El ex presidentedejó la casa de Puerta con la certeza de que no confluirá en un armado con Lavagna y, quizá lo más importante -o lo que explica esa determinación-, que a pesar de renegar de las demoras en el PJ nacional, no se opondrá a un « gobierno peronista».
Para R. Saá, aun con matices, «Kirchner es un presidente peronista» y «ningún peronista puede ser opositor». Munición contra el cuarteto El General que, no en vano, eligió ese restorán y se bautizó con ese nombre para permufarse de peronismo.
En algún punto, «el Adolfo» pecó de ingenuidad. Cuando en marzo montó en show en las oficinas que alquiló en Capital Federal, donde estuvieron Camaño, Sarghiniy Puerta, creyó que, más allá de las diferencias, todos compartían el reclamo de normalizar el PJ nacional.
Pero apareció Lavagna, y la ilusión de conducir -o, al menos, co-conducir- un bloque peronista rebelde a Kirchner se esfumó. Esa expectativafue sepultada por otro dato: el ex ministro se rodeó de peronistas, pero se volcó al radicalismo de la mano de Raúl Alfonsín.
Palabra brava
A pesar de que en 2003, R. Saá gestó una alianza con Melchor Posse -a quien llevó como candidato a vicepresidente-, ahora que Lavagna zigzaguee entre peronistas y radicales para el ex presidente es una «traición». Es una palabra brava en épocas tan versátiles.
Pero todo se explica. Cuando fracasó el intento de los lavagnistas de sumar o, al menos, de neutralizar a Rodríguez Saá, dos procesos estabanavanzados:
Hugo Franco, que, además de ministro múltiple en la San Luis de Alberto Rodríguez Saá, funciona como un «embajador» de esa provincia en Buenos Aires, estaba en ardua negociación con el secretario de Obras Públicas, José López, para que la Nación autorizara un megaplan de infraestructura por 500 millones de pesos para la provincia.
Estaba todo resuelto hasta que alguien avisó que antes Kirchner debía ver los papeles. Por eso, sin fecha precisa, se espera una cumbre Kirchner-Saá para los próximos días.
La convivencia en el interbloque legislativo seguirá complicada, advierten los de San Luis. No se espera una ruptura inminente, pero, sin sintonía política, tampoco se considera factible que perdure el acuerdo en el Congreso, en el bloque que conduce Jorge Sarghini. Menos, si se llega a algún entendimiento convivencial entre los Saá y Kirchner.
Sin embargo, R. Saá no resignará el punto que considera más importante: la exigencia de normalizar el PJ nacional, asunto que charló hace dos meses con el patagónico y que la semana que viene le imputará a la jueza María Servini de Cubría, tildándola de «proscribir» al peronismo al no avanzar en la regulación partidaria. «Con 60 años de historia, tenemos 27 años de proscripción: desde el '55 hasta el '73, desde el '76 hasta el '83, y desde 2004 hasta la actualidad», recita su queja «el Adolfo», que apunta deliberadamente a la Justicia: un gesto de no agresión hacia Kirchner.
Dejá tu comentario