15 de octubre 2002 - 00:00

Rodríguez Saá vs. Solá y López Murphy en Miami

Coral Gables, Florida (especial) - Alberto Rodríguez Saá y Ricardo López Murphy se enfrentaron ayer ante el público convocado a la Americas Conference del diario «The Miami Herald» como si estuvieran en una tribunal provincial de campaña. Cuando el jefe de campaña de su hermano Adolfo explicó el proyecto de declarar, en una eventual presidencial adolfista, la caducidad de todas las leyes, el ex ministro radical le espetó mirando a la audiencia: «Por favor, sepan que yo represento todo lo contrario de esta idea, que es más inseguridad jurídica, más imprevisibilidad. Hay que hacer cumplir las leyes, no derogarlas todas».

Rodríguez Saá
, que compartió la mesa dedicada a la Argentina junto con López Murphy y Carlos Ruckauf, retrucó impasible: «Más inseguridad hay cuando las leyes están escritas y nadie hace nada para ver si tienen vigencia. Además, es un plan de sólo seis meses; el primero, revisamos los códigos; el segundo, las leyes importantes; el tercer mes revisamos las leyes más accesorias».

Esa explicación de Rodríguez Saá dejó muchas dudas entre los presentes. Más cuando dijo que la revisión de leyes está en el centro de la lucha contra la corrupción. "La gente se pregunta dónde está la corrupción y la corrupción está en las leyes. Leyes que defienden los legisladores como las del pacto de Olivos. ¿Cómo lo haremos? Por ejemplo -se explayó- revisando la jerarquía de las leyes y si en seis meses las normas no son ratificados iremos a los decretos de necesidad y urgencia".

La mayoría de los presentes eran expertos en la Argentina y saben que en mayo próximo seguirá vigente el actual Congreso, cuyos miembros deberían llevar adelante este bizarro proyecto.

En el otro momento ríspido de la mesa que sesionó en el Hotel Biltmore de Coral Gables, el hermano de Adolfo Rodríguez Saá cargó con dureza poco usual contra el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que ejerció hasta diciembre Ruckauf y continúa ahora Felipe Solá. No bastó que la esposa del gobernador hubiera acompañado a su hermano el candidato en su principal acto de esta campaña, el del Luna Park. Tampoco que en la mesa estuviera sentado un hombre llamado a defender -su cargo está creado para eso-a su gobierno frente a los ataques externos como el canciller Ruckauf.

Alberto castigó a Solá por su proyecto de comprar contenedores para alojar a delincuentes comunes, al que caracterizó como una mezcla de corrupción y violación de los derechos humanos. Criticó que se paguen por esos contenedores $ 12.500, lo mismo que cuesta una casa a los valores que dice Rodríguez Saá manejaron sus administraciones en San Luis. No sólo se podría comprar una casa, agregó, sino que, además, un contenedor cuesta mucho menos. «Eso es corrupción», sancionó.

Más criticable le pareció al sanluiseño el destino de esos contenedores. «Quieren hacinar en condiciones infrahumanas a esos delincuentes comunes, lo cual es, además de corrupción, una violación de los derechos humanos que vamos a denunciar.»

Ruckauf miraba al cielo raso como si Solá no hubiera sido su vicegobernador, como si no fuera el canciller del peronismo, como si no tuviera nada que ver con los índices de inseguridad que esos contenedores intentan achicar.

El tercer invitado, el que cosechó más aplausos de un público nacido para escuchar su discurso,
López Murphy, mantuvo silencio porque prefirió centrarse en una posición moderada. Repasó los últimos 15 años de economía argentina y, en su afán de mostrarse en el centro del centro, hasta reivindicó algunas medidas de la gestión Menem. «Las reformas de los años '90 no fueron malas. Lo malo fue no completarlas como hubiera sido necesario para no entrar en la crisis que estamos pasando.»

Ruckauf, alejado de cualquier tentación de pelear con nadie, eligió entonar el rap de la reactivación del gobierno Duhalde. Prometió, además, que su jefe Duhalde dejará el cargo el 25 de mayo «y lo entregará a un presidente elegido democrático. Ese es un compromiso de hombre, que es más importante que los tratados firmados».

En el turno de las preguntas, Alberto Rodríguez Saá reanimó al auditorio cuando le preguntaron sobre la declaración de default de la deuda cuando su hermano era presidente: «No declaró el default sino que sinceró la situación. La Argentina no estaba en condiciones de pagar. Mi hermano sólo lo pronunció en un discurso. Y si alguien aplaudió o festejó, no es cosa de mi hermano. Vamos a pagar; queremos pagar, pero lo que queremos saber es cómo se compone esa deuda. Se dice por ahí que en algún momento hubo grandes negociados», remató Rodríguez Saá.

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