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Como algunos cantantes de rock, Néstor Kirchner volvió a abalanzarse sobre la multitud a la salida del Congreso. Nervioso, Daniel Scioli se preocupó de que el Presidente no sufriera magulladura alguna como en excursiones anteriores. Muchos micros contribuyeron a la espontaneidad de la movilización de ayer en respaldo del Presidente. No obstante, la concurrencia estuvo lejos de las 25 mil personas prometidas.
• Desembarco
El aparato bonaerense sembró de colectivos de línea de la zona sur y micros escolares las manos norte y sur de la avenida 9 de Julio, mientras el furioso y rutinario sonido de los autos se mezclaba sumiso con el batir de bombos y el estruendo de cohetes morteros inspirando una danza de banderas blanquicelestes. Si hasta la «estación Congreso» de la línea de subterráneos A, quedó fuera de servicio para evitar que los impacientes rompieran el riguroso control de la seguridad presidencial.
• Consumo
Los quioscos y comercios de la zona tuvieron su día. Si hace una semana debieron bajar sus persianas temerosos por el aterrizaje de los piqueduros, ayer se cansaron de vender gaseosas, panchos y cigarrillos. De pronto, pareció
que la economía de consumo había regresado a la década del '90.
Ni los sándwiches de milanesas y chorizos, ni el «franco» laboral reconocido de algunas intendencias del conurbano (no descontaron el día por asistir al acto), ni los 50 pesos que se pagaron en algunos casos, alcanzaron para garantizar una concurrencia masiva a este primer agasajo por los nueve meses del gobierno de Kirchner.
Se salvaron del cólera presidencial las gruesas columnas aportadas por las intendencias de Quilmes, Almirante Brown, los camioneros de Hugo Moyano, la CTA y del gremio Suther.
«Dónde está la gente que Ibarra y Béliz prometieron traer. Esto hay que facturarlo», sostenía iracunda una militante de la zona sur metropolitana mientras acomodaba repetidamente sus lentes de sol en su encrespado cabello.




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