San Cayetano
Todos los partidos políticos, salvo los que acuerden listas únicas, deberán definir en internas simultáneas y abiertas las candidaturas que competirán en las elecciones del 23 de octubre. Anoche, el gobierno tenía decidido llamar a esos megacomicios para el 7 de agosto a pesar de algunas tachas sobre la fecha. La duda que los gana es que ese día se celebra la festividad de San Cayetano, una circunstancia que no saben si es conveniente a juzgar por la problemática del empleo. El decreto que reglamenta las internas permite anotar candidatos hasta 30 días antes de la compulsa. Es funcional a la necesidad de Kirchner de ganar tiempo: para montar una estructura con la que enfrentar a Duhalde o, ante un acuerdo, para mantener a Cristina Fernández «tapada» hasta pocas semanas antes de la elección.
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1- Con la nueva reglamentación, la interna se debe realizar entre «70 y 140 días» antes de la general. Es decir, entre el 5 de junio y el 14 de agosto, tomando como base el 23 de octubre. Según el texto que había impulsado Duhalde en 2003, debía hacerse con 90 días de anticipación del comicio.
2- Con el modelo Aníbal F., la inscripción de los candidatos debe efectuarse 30 días antes de la primaria, cuando el Decreto 1.397/02 -luego modificado por el 1.578/02- disponía que los nombres debían presentarse oficialmente-ante las juntas partidariasy la Justicia 50 días antes de la elección.
En ambos casos, las normas detalladas por el ministro del Interior, acompañado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reducen los plazos. Es decir: comprimen en 40 días el calendario lo que otorga a Kirchner (en rigor, a todos) tiempo adicional para el regateo político.
• Tiempo
En la Casa Rosada explican que, ante cualquiera de los dos escenarios posibles -la batalla final o el pacto con Eduardo Duhalde-, el Presidente necesita tiempo.
En caso de conflicto, si el toreo lo arrastra al ring contra el ex presidente, Kirchner requiere tiempo para juntar, amalgamar y aceitar un armado propio que no lo deje desnudo y vulnerable ante la logística del duhaldismo, hábil en el rediseño de padrones y el conteo de votos.
Memoriosos, en el kirchnerismo recuerdan -como indicador de la prestidigitación duhaldista- cuando Antonio Cafiero, en la interna para definir el candidato a gobernador de 1999, quedó a unas décimas de lograr minoría ante el candidato de Duhalde, Carlos Ruckauf.
Por el contrario, si detrás de los espasmos sólo se esconde un forcejeo que no llegará a manifestarse en un estallido entre los socios, en el gobierno entienden que lo adecuado es «guardar» a Cristina lo máximo posible para no exponerla a la furia opositora.
«Si podemos esperar hasta el día antes del cierre, mejor», sostiene en un despacho -destino recurrente de los que buscan conchabo bajo el paraguas kirchnerista- de la Casa Rosada.
La nueva reglamentación es funcional a la táctica de la dilación: si las internas se convocan, como se anticipa, para fines de julio o principios de agosto, Kirchner tiene tiempo hasta los últimos días de junio y los primeros de julio para mostrar sus candidatos.
Es decir: quedan por delante los meses de abril, mayo y junio, casi 100 días para el tanteo y el coqueteo político. Además, tras la interna, las boletas ganadoras de cada partido dispondrán de dos semanas adicionales para hacer alianzas entre sí.
Exactamente el mismo plazo perfila Felipe Solá, que ayer mandó a anunciar lo que se sabía: que hará lo imposible por ensamblar la interna bonaerense con la nacional, a pesar de que hay cuestiones legales no clarificadas.
El desacople sobre padrones -en provincia es general, en Nación especial (afiliados más independientes)- y Justicia -Junta Electoral en Buenos Aires;-juzgado de Blanco para nacionalesconfrontan con un argumento del felipismo: «No podemos hacer dos elecciones internas en 20 días».
Resalta un último dato sugestivo. El decreto firmado por Kirchner otorga más facultades a las juntas partidarias que no quedarán bajo el pie del juez y estarán a cargo del primer escrutinio, lo que refuerza el poder de los partidos o, mejor dicho, de quienes controlan los partidos.



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