10 de mayo 2005 - 00:00

Se desató, otra vez, guerra sucia entre De Vido y Lavagna

Julio De Vido
Julio De Vido
Aunque muchos imaginaban suspendido el conflicto -antes, hasta se peleaban por el uso del microcine en el quinto piso del ministerio que ambos ocupan-, ahora parecen renacer las escaramuzas entre Roberto Lavagna y Julio De Vido. Casos típicos de peronismo, aunque en los dos personajes no sea fácil ubicar rastros de esta militancia. Hoy, a través de los medios más afines, se divulgan episodios sospechosos de cada uno de los ministros: en «La Nación», uno de sus columnistas ya anticipó que «en ciertas embajadas» (podría decir también que lo escuchó «en ciertos ministerios») se habla con insistencia de «las cajas» que parece digitar De Vido (tema sobre el que se ha explayado, juicios mediante, Lilita Carrió). Por supuesto, alude a presuntas comisiones que en esa cartera se exigen para que prosperen ciertos negocios. Es probable que en la semana abunden más datos sobre este tema.

No casualmente, también Lavagna ha recibido suspicacias de distinto tono sobre su participación en el escándalo de las carnes (léase distribución de la Cuota Hilton entre frigoríficos afines) o sobre Ecolatina, la consultora que el propio ministro en su momento fundó, en la cual aparentemente poco tiene que ver, lo que constituye una verdadera lástima para su bolsillo: parece que Ecolatina ha crecido mucho y progresado desde que él no está (o desde que él está en Economía). Estos elementos fueron repartidos, en parte, por el monopolio «Clarín».

• Penurias

Justo cuando empiezan precisiones sobre la lluvia ácida que caerá contra De Vido y sus secretarios (casi no es de buen gusto comentar el apodo que le han colgado), también se divulgarán detalles -seguramente, tan poco ciertos como los otros- sobre las penurias de no menos de tres grandes empresarios que debieron refugiarse en su regazo porque en Economía no les resolvían algunas cuestiones. O, si se las resolvían, era necesario una contribución espiritual, sin duda un rezo, por la salud futura de Lavagna (sobre quien, por el momento, no ha trascendido ningún apodo nuevo).

Hay terceros excluidos que disfrutan con este cruce que, en verdad, por último ensombrecen al propio Gobierno Kirchner, tan celoso él de que fraudes o cohechos no rodeen ni vinculen su administración. ¿Llamará a la concordia a sus ministros otra vez? ¿O acaso deberá reclamarle pesquisas a la SIDE para descubrir, justo cuando se lanza la campaña electoral, si hay otros elementos detrás de las imputaciones periodísticas que sobrevuelan en torno a sus ministros? En principio, el Presidente tiene más de una duda, lo que no es habitual en alguien tan convencido de sus acciones.

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