9 de julio 2008 - 00:00

Se dividió la CGT, sigue un Moyano cuestionado y Barrionuevo tiene la suya

Una forzada unidad, que no abarcó al gastronómico Luis Barrionuevo al frente de 50 gremios, derivó ayer en la desapasionada reelección de Hugo Moyano como jefe de la CGT por otros cuatro años. Sin fascinación, empujados por la Casa Rosada, dirigentes que fueron hipercríticos del camionero aceptaron, al final, casi intimados o compensados por alguna milagrosa bondad oficial, ponerse bajo su mando, que promete esta vez ser más abierto y consultivo que el unicato conocido hasta hoy. Mala noticia para el gobierno: el esfuerzo -y las presiones-no bastó para evitar la fractura de la CGT, dato que se suma a las disidencias en la tropa oficial del Congreso y la rebeldía creciente en el peronismo a la capitanía de Néstor Kirchner.

Hugo Moyano junto al metalúrgico Antonio Caló, ayer, enObras Sanitarias, durante su reelección como jefe de la CGT,tal como lo impulsaron Néstor Kirchner y Cristina de Kirchner.
Hugo Moyano junto al metalúrgico Antonio Caló, ayer, en Obras Sanitarias, durante su reelección como jefe de la CGT, tal como lo impulsaron Néstor Kirchner y Cristina de Kirchner.
Al festejo sólo se quedaron los muchachos que se declaran 100% Camioneros; moyanismo puro, tropa leal de pecheras verdes. Eran, en el atardecer de Obras Sanitarias, los únicos propietarios de la euforia por la reelección de Hugo Moyano en la jefatura de la CGT. 

El resto, teóricos ganadores de la tarde, se dispersaron en silencio y con medias sonrisas. La proclamación del camionero se topó, como contracara, con la irrupción de otra central sindical, rebelde y crítica del gobierno, que comandará Luis Barrionuevo.
El «forceps», manipulado por el gobierno, que amigó a los «gordos» y a la UOM con Moyano no bastó para arrimar al gastronómico que, como en 1989, protagonizó otra secesión en el gremialismo peronista. Otra vez, como tantas veces, habrá dos CGT paralelas.

Desde la mañana, más de cincoveces, se pasó a cuarto intermedio el Congreso. Contrarreloj se discutió el formato final de la lista. Fue un trámite engorroso que inyectó un clima de guerra permanente y un interrogante abierto: ¿podrán convivir?

A lo Fidel, Moyano montó un simulacro de comicios con urnas y fiscales pero en el cuarto oscuro sólo estuvo su boleta, la Lista 1, Azul y Blanca. Barrionuevo amagó con competir pero encontró motivos y excusas para no hacerlo y denunciar malos manejos.

Fue, es cierto, la primera vez que la conducción de la CGT se eligió por voto secreto.

Al final, sobre las 17, la Junta Electoral presidida por el municipal Alejandro Amor, anunció que 1.294 congresales avalaron la reelección del camionero, escoltado por el veterano Juan Belén (UOM) y una ristra de caciques de origen y religión diversa.

Fue un cierre trabajoso que obligó a varias demoras. Hubo, hasta el último minuto, ofertas para seducir a Barrionuevo, pero el gastronómico tenía, desde la noche del lunes, definido su juego: denunciar trampa y conformar, con sus aliados, una CGT propia.

  • Regresos

    Tras el congreso de ayer, vuelven a Azopardo Armando Cavalieri (Comercio), José Pedraza (Unión Ferroviaria) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza). De los «gordos», se autoexcluyó Carlos West Ocampo (Sanidad), pero ubicó a Héctor Daer como secretario de Prensa.

    En 2005, habían dejado la central cuando Moyano disolvió el triunvirato e instauró su unicato. Sin pasión ni placer, regresaron. El camionero, tras admitir que se equivocó con un mando personalísimo, prometió que ahora reinará una conducción colegiada.

    También la UOM retoma su lugar en la CGT. Detrás quedó la pretensión, inconfesada, de pelear la jefatura de la central, operativo que Antonio Caló se encargó de desarticular. La butaca la ocupará Belén, adjunto del secretario nacional de los metalúrgicos.

    Distantes, «los líberos» Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UPCN) renuevan sus cargos luego de ser los más activos promotores de la unidad. En ocasiones, como ésta, sus devaneos sirven como guía sobre lo que quiere o piensa la Casa Rosada.

    En el camino, Moyano tuvo que entregar a José Luis Lingieri: el titular de Obras Sanitarias no integra el consejo aunque su gremio, por medio de Carlos Ríos, ocupará la secretaría administrativa. No fue una gentileza: Lingieri se molestó porque Moyano no le garantizó su reelección como secretario adjunto.

    Mantuvo sí a otros aliados: Omar Viviani en Gremial y Gerónimo «Momo» Venegas en Interior. Además pudo ensanchar su presencia en el Consejo Directivo.

    El municipal Amadeo Genta, otro socio de Moyano, seguirá en Finanzas, mientras que Héctor Ghidini (SADOP) y José Rodríguez (SMATA) ocuparan las creadas secretarías de Estadística y de Industria, casillero pensado para la UOM que derivó en otro gremio industrial.

    A Roberto Fernández, de UTA, le tocó la secretaría de actas: supone, ese lugar, una incidencia operativa sobre el consejo directivo. No hay que olvidar que Fernández y Moyano, luego de la caída de Juan Manuel Palacios, mantienen una relación incendiaria.

    El moyanista Norberto Di Próspero, de APL, queda en Asuntos Legislativos; y el bancario Juan José Zanola se mudó de Acción Social, donde recaló ahora Cavalieri, a Seguridad Social, sillón en el que por años se sentó Barrionuevo.

    La nueva cúpula, prometió Moyano, «va a actuar colegiadamente, como corresponde a la CGT». Intenta ser una promesa luego de las quejas, recurrentes, de los demás caciques de que se manejó de modo inconsulto. Eso sin mencionar el avance sobre los afiliados de otros gremios.

    «Nadie puede decir que esta CGT no tiene absoluta legitimidad», porque «han participado masivamente las organizaciones gremiales», dijo, ya proclamado, Moyano.
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