17 de octubre 2001 - 00:00

Senadores echan a suerte cuánto dura cada banca

Asólo tres días de las elecciones ya se comenzó a elaborar el proyecto de cómo será el nuevo Senado de la Nación. Los secretarios de cada área de la presidencia de ese cuerpo ya están redactando los consejos que Mario Losada les dejará a los nuevos senadores sobre la reducción del número de comisiones, la forma de realizar el sorteo para darles progresión al vencimiento y renovación de mandatos y hasta la distribución de los despachos, uno de los puntos de mayor importancia. No es que de la mañana a la noche haya surgido un nuevo esquema sobre cómo organizar la Cámara alta, sino que son medidas que esperaban al recambio.

Una vez constituida la nueva Cámara, es decir todos los nuevos senadores jurados y sentados en el recinto, las autoridades deberán proceder al sorteo de los senadores para establecer quiénes cumplirán mandatos de 2, 4 o 6 años. Este procedimiento se realiza por única vez y esta destinado a establecer la alternancia que fija la Constitución. Es decir, un mandato de 6 años con renovación de un tercio de los miembros cada dos años.

Al constituirse por primera vez un Senado completo elegido por voto directo, algunos de los triunfadores del domingo pasado no tendrán la posibilidad de cumplir el mandato completo gracias al famoso sorteo, un tema que ya está despertando suspicacias por la importancia del resultado. Por caso, no resultaría agradable para algunos comprobar que perdieron y sólo tienen dos años para permanecer en el Senado, cargo que hasta la reforma de la Constitución de 1994 duraba unos idílicos nueve años. Si Eduardo Duhalde, Raúl Alfonsín, Eduardo Menem o Jorge Yoma tienen 2 o 6 años de mandato podría terminar en una cuestión de Estado.

La propuesta elaborada para diciembre establece que el sorteo sea distinto a los que se realizaron, por ejemplo, en 1983 para diputados y senadores. En ese momento se sorteó la lista completa de legisladores ya que no importaban las diferencias entre senador por la mayoría y minoría ya que al vencimiento del mandato cada Legislatura definía al sucesor.

Elección conjunta

El problema ahora es que hay que respetar mayoría y minoría y el cupo femenino. Este concepto ya fue contemplado en la Constitución cuando establece que los senadores se renuevan por tewrcios y se eligen en forma conjunta. Claramente el texto se refiere a cada provincia. Así, tal como explican en el Senado, no hay forma hacer el sorteo sino es mandando a cada provincia completa a elección. No se dará así el caso de 1983 cuando al radical bonaerense Edison Otero le tocaron tres años y a su correligionario Adolfo Gass nueve.

Ahora los senadores de cada distrito deberán terminar su mandato al mismo tiempo. Esto tiene un justificativo lógico. Al elegirse en forma directa es imposible realizar unos comicio para decidir quién sucederá al senador de minoría cuando venza su mandato, si el resto de sus compañeros en el distrito tienen una duración mayor. En el caso de la Capital, por ejemplo, habría que ir a elecciones y pedirles a los aliancistas que se abstengan de votar porque se elige al sucesor de Alfredo Bravo, algo imposible de realizar. Pero además rige el cupo femenino. Otro supuesto, entonces, obligaría a realizar una elección sólo con candidatos mujeres para suceder a Vilma Ibarra. Por lo tanto la idea imperante hoy dice que todos los mandatos de una provincia tienen que terminar en el mismo momento.

Es claro que la forma técnica de llevar este procedimiento adelante sufrirá todavía algunos cambios, similares al de otro punto a definir: el borrador existente aconseja dividir el país en regiones nivelando en cada grupo provincias grandes, medianas y pequeñas que deberían ir a elecciones para senador al mismo tiempo. «
Se hacen tres grupos, mezclando grandes medianas y pequeñas para que cada elección sea representativa de todos los sectores del país», explicaban ayer.

¿Cómo será entonces la elección? En primer lugar deberá realizarse una semana antes del 10 de diciembre en la sesión preparatoria donde el nuevo Senado elegirá a sus autoridades.

Antes de dar ese pasó hará falta que «
la mano fina» de la Comisión de Poderes y Reglamentos, que ya se constituyó por lejos en el organismo más importante del Senado, redacte las listas de provincias por grupos que entrarán en el sorteo con los nombres de los senadores nominados.

El día de la jura de los nuevos miembros, entonces, un símil de
González Rivero «Riverito» ingresará al recinto de sesiones con uno o dos bolilleros y en presencia de todos comenzará a sacar dos o tres bolillas indicando la cantidad de años que le corresponde a cada mandato sorteando por grupos.

El resultado será que algunas provincias deberán tener nuevas elecciones para senador a los dos años, otras a los cuatro y las más afortunadas -o menos de acuerdo al resultado actual-lo harán a los seis años. Todo este procedimiento deberá ser convalidado por la nueva Cámara en votación -será uno de los prime-ros temas a definir, inclusive antes de la elección de autoridades-y a partir de allí el resto de las elecciones a futuro será para senadores con un mandato completo de seis años.

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