El Senado suspendió ayer la habitual sesión semanal, tras el escándalo que desató anteanoche Roberto Lavagna al vincular al pampeano Carlos Verna con el consultor Carlos Bercún, y revelar así la verdadera trama de poder en esta ala del Congreso.
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El ministro de Economía asistió a la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde se sustancia una investigación casera sobre el supuesto pedido de sobornos a banqueros para frenar la denominada ley Barrionuevo, y terminó de resquebrajar la interna del bloque oficialista.
Es cierto que José Luis Gioja y Carlos Maestro, jefes del PJ y la UCR, ya habían pactado de antemano postergar el plenario del cuerpo hasta la semana que viene. Gioja no estaba entusiasmado con la idea de que la Cámara alta terminara de aprobar en la víspera la derogación de los regímenes de jubilaciones especiales en contra de la opinión del Ejecutivo, que mudó de redactar la iniciativa a pedir, sobre la marcha, rectificaciones parlamentarias para no abrir un frente de conflicto con todo Tribunales. Con la votación en general ya resuelta, correspondía el tratamiento en particular.
El mismo Eduardo Duhalde ya había adelantado que vetará parcialmente el proyecto, si se aprueba tal cual como había sido sancionado en Diputados. El designado estaba decidido a eliminar el tope de $ 3.100 para jubilaciones de jueces y embajadores para evitar una catarata de juicios contra el Estado. En cambio, iba a respetar el techo de haberes durante un año para las denominadas jubilaciones «políticas» de ex funcionarios del Ejecutivo y diputados y senadores con mandato cumplido.
Las afirmaciones de Lavagna conspiraron contra la inquietud de varios delegados provinciales que visitaron ayer a Gioja para reclamarle por la suspensión de la deliberación. La salteña Sonia Escudero, su comprovinciano Marcelo López Arias, el rionegrino Miguel Angel Pichetto y hasta los entrerrianos Jorge Busti y Graciela Bär fueron a golpear la puerta de la presidencia de la bancada. «Todos nos pegan y justo hoy (por ayer) no vamos a sesionar, cuando tenemos pendiente la derogación de los regímenes especiales de jubilaciones», patalearon a coro las visitas. «Es que hay pocos senadores en Buenos Aires, además de que todavía no terminamos de ponernos de acuerdo sobre la votación de ese proyecto», contestó Gioja. «A la reunión de bloque de ayer (por el martes), sólo vinieron 13 compañeros», siguió justificándose el titular de la escudería oficialista. No obstante, le enrostraron que el día anterior a la sesión prevista ya se habían congregado en Buenos Aires 37 legisladores.
Había una razón fundamental para que escaseara quórum chez Gioja: a la misma hora en que se desarrollaba la cita de bancada, daba Lavagna su testimonio en Asuntos Constitucionales y, a continuación, hubo un conciliábulo de la comisión de Acuerdos.
Nadie quería perderse el espectáculo que excedía el bluff por la sospecha de intento de cohecho. Mientras el ministro de Economía salpicaba a Verna, la tucumana Malvina Seguí aprovechaba la tribuna de la comisión para revelar que Gioja le había pedido a Lavagna incorporar al señor Maltoni en la renegociación de contratos con las privatizadas. Además del representante de La Pampa que ayer no se dejó ver en el Senado, Gioja también eludió al público, aunque dedicó gran parte de la jornada a desmentir que tuviera algo que ver con Maltoni. Ahora, el juez Claudio Bonadío -con la versión taquigráfica de Asuntos Constitucionales en las manos-podría pedir las compare-cencias de Verna, Bercún y hasta del mismo Lavagna.
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