24 de junio 2005 - 00:00

Si acuerdan Kirchner-Duhalde sólo será del 1 al 7 de julio

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Hubiera sido imposible que, como proclamó «Clarín» durante el fin de semana, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde sellaran un acuerdo mucho antes del 30 de junio. Resulta casi imposible, también, que ese pacto no se celebre la misma noche del 30. Para comprender esta dinámica, cuyo desenlace es la mayor incógnita de la política nacional, deben tomarse en cuenta algunos criterios generales que ayudan a observar la compleja interna del PJ sin extraviarse en los detalles de la negociación en curso.

• La primera evidencia es que Duhalde, hasta ahora, estuvo dispuesto a observar, sin chistar, cómo Kirchner se apropiaba de todos los recursos institucionales de la Presidencia de la Nación sin siquiera consultarlo ni, mucho menos, compartirlos. Así sucedió con la composición de una nueva Corte, el directorio del Banco Central, la Procuración General de la Nación, ENARSA, las cúpulas de las Fuerzas Armadas y de seguridad, etcétera. El argumentode Duhalde es sencillo: si Kirchner cumple con el principio de reconciliar a la clase media con el aparato de la política, tiene derecho a apropiarse de todos los recursos que ofrece ese aparato y que él crea necesarios. ¿También las listas de diputados y la senaduría bonaerense? En principio, sí.

• Otra cuestión es que Kirchner quiera expandir esa pretensión hacia los distritos provinciales, en este caso, hacia Buenos Aires. Para Duhalde esa ambición supone su final como líder político. Sobre todo, porque él interpreta que su rol en la escena nacional deriva del potencial demográfico del distrito que comanda más que de una estructura que se extienda por todo el país. Por lo tanto, el caudillo de Lomas considera que sólo con una demostración clara de su liderazgo bonaerense podría llegar a un acuerdo generoso con la Casa Rosada. En otras palabras: sólo con una reivindicación de su jefatura provincial la instalación de la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner no se convertiría en una agresión a su figura. Al contrario: hasta sería una postulación conveniente, capaz de mejorar las chances del PJ provincial para conquistar a un sector del electorado que interpreta, bien o mal, que los Kirchner representan una renovación genuina de la vida pública nacional.

• Duhalde obtuvo dos conquistas importantísimas en este diseño de sus relaciones con el Presidente. Una, que las internas por el armado de listas se realizaran en dos etapas. Primero, las que se celebran para seleccionar legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares. Después, las que designan candidatos a senadores y diputados nacionales. Al desdoblarse el cronograma de esta manera, el ex presidente está en condiciones de realizar una demostración de poder el próximo 30 por la noche. Ese día vence el plazo para presentar candidatos en el orden provincial. Siete días más tarde, el 7 de julio, deben inscribirse las candidaturas para el Congreso de la Nación. Son fechas importantes: si el 30 queda claro que no hay otra opción dentro del peronismo bonaerense que la que ofrece Duhalde controlando el PJ, es muy probable que el 7 sólo se inscriba la candidatura de Cristina Kirchner, acompañada por un duhaldista. Es decir, que se celebre un pacto en el contexto nacional. Ese duhaldista era una incógnita, al menos hasta anoche. Aunque no habría que quitarle los ojos de encima a Jorge Villaverde: diputado nacional, ex senador, líder del partido de Almirante Brown, es uno de los más discretos y estrechos aliados de Duhalde desde hace décadas.

• ¿Por qué el duhaldismo consiguió asegurarse, para la confección de las listas provinciales, el dominio del aparato del PJ? Por otro «detalle» técnico, que pasó casi inadvertido para la opinión pública: fue imposible a Kirchner y Felipe Solá autoconvocar al congreso del peronismo de la provincia para arrebatarle al caudillo de Lomas la facultad de decidir la política de alianzas para las elecciones de octubre. Esta segunda «conquista» técnica de Duhalde es también decisiva. Los intendentes alineados con Kirchner advirtieron desde el comienzo a la Casa Rosada que harían todo menos abandonar el PJ de sus distritos. Los rige una lógica impecable: esa sigla representa en muchos casos un piso de hasta 25% de votos, ¿por qué regalarla a dirigentes minoritarios alineados con Duhalde? De este modo, las listas de concejales de los propios alcaldes adherentes al oficialismo nacional terminarán inscribiendo sus listas en el partido que domina Duhalde. ¿Sucederá lo mismo para las candidaturas de senadores y diputados provinciales? Seguramente sí: nadie supone que el Frente para la Victoria postule a dirigentes de demasiado peso para la legislatura provincial la noche del 30.

Conclusión: esta física electoral, muy determinada por el desfiladero normativo en el que Duhalde suele introducir a sus adversarios, le permitirá al ex presidente demostrar que todavía sigue ejerciendo un predicamento importante sobre la maquinaria electoral del distrito. ¿Que esa maquinaria está desgastada? ¿Que entre 1999 y 2003 perdió un millón de votos? Es cierto, y por eso Duhalde no tiene más remedio que ser muy generoso con Kirchner en la composición de las listas nacionales. Allí está la fuerza del Presidente.

• Desde ahora hasta el 30, la política bonaerense será un paralelogramo de presiones, estimuladas sobre todo por los actores a quienes les resultaría menos ventajoso un acuerdo entre los líderes el 7 de julio. Solá está entre ellos: comenzó a advertir que perdía dominio sobre la peripecia cuando vio a Kirchner reunirse con los intendentes sin convocarlo; siguió tomando conciencia al ver que el apoderado del Frente para la Victoria era un hombre del Presidente (es quien inscribe las candidaturas); terminó de reaccionar cuando en la Casa Rosada capturaron una solicitada de postulación de Cristina y la archivaron hasta nuevo aviso. Solá depende ahora de que Kirchner se convierta en su abogado y negocie, antes del 30, un acuerdo también provincial. ¿Lo aceptará Duhalde? ¿Habrá un reparto 70-30 en favor de Lomas para la Legislatura provincial? ¿Es técnicamente posibleese reparto en distritos dondelas mayorías son absolutas para uno u otro sector? Es lo que se discute en estas horas. Mientras, otros protagonistas del drama también se sienten víctimas de un pacto: Aníbal Fernández, el ministro del Interior, encabeza la lista. Ganó ese lugar cuando insultó a Chiche Duhalde.

• Presiones

También en el duhaldismo existen todavía quienes presionan para una ruptura: son propios (Carlos Ruckauf, Daniel Basile, etc.) o ajenos (Luis Patti, quien podría articular sus listas con las del duhaldismo si la candidata fuera Chiche Duhalde).

• Para la dinámica política que se ha instalado en la provincia, importa menos la trama de negociaciones que la estética con la que se presente el acuerdo. Duhalde viene discutiendo desde hace tres semanas distintas ecuaciones con Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. Esas conversaciones se disimulan con una mesa de superficie, la que integran el mismo funcionario nacional con Hugo Curto y José María Díaz Bancalari. Ninguno de estos dos metalúrgicos ejerce una representación plena de Duhalde desde que ambos visitaron a su jefe para aconsejarle que Chiche desista de su candidatura. Fue un error que habla mal de su perspicacia como profesionales.

La cláusula principal de la transacción Duhalde/ Fernández, que se completará con una charla personal del ex presidente con Kirchner, es que el acuerdo no parezca un acuerdo. El caudillo de Lomas colabora bastante con esa escenografía cuando dice que se retiró de la política (manifestación que hasta hace poco enardecía a Kirchner por lo que tiene de cinismo). ¿Quién gana? ¿Quién pierde? El resultado de la disputa electoral entre estos dos dirigentes será descifrable sólo para expertos.

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