1 de agosto 2008 - 00:00

Sin anuncios, Cristina buscó sostén de la CGT

Cristina Kirchner, acompañada por Sergio Massa y Carlos Tomada, recibió a Hugo Moyano preocupado por el impacto del Impuesto a las Ganancias tras los últimos aumentos salariales.
Cristina Kirchner, acompañada por Sergio Massa y Carlos Tomada, recibió a Hugo Moyano preocupado por el impacto del Impuesto a las Ganancias tras los últimos aumentos salariales.
«No vienen por mí, vienen por nosotros.» Solidaria en su mala hora, Cristina de Kirchner abrazó al cacicazgo gremial para meterlo en su trinchera y buscó que la CGT, ahora unificada -salvo la disidencia de Luis Barrionuevo-, sea aliada y sostén de su gobierno.

Una extraña empatía de la Presidente que, así y todo, despidió con las manos casi vacías a la nutrida comitiva sindical que ayer, al mediodía, la visitó en la Casa Rosada. Fue la primera cita del nuevo consejo directivo, electo el 8 de julio con Hugo Moyano a la cabeza.

Más de 30 dirigentes, encabezados por el camionero y su segundo, el metalúrgico Juan Belén, llegaron ayer a la cumbre con la Presidente con la expectativa de arrancarle un puñado de promesas. Apenas si lograron el compromiso de evaluar sus demandas.

La anfitriona no lo descartóexpresamente, pero la pretensión de los gremios de eliminar la «tablita de Machinea», tal como planteó Moyano apenas unas horas antes de entrar al encuentro, no figuraría entre las medidas inmediatas que diseña la Casa Rosada.

Habrá, como compensación, otro anuncio: se subirán entre 20% y 30% los pisos para tributar Ganancias. De los $ 3.400 para solteros y $ 4.600 para casados con hijos treparían a alrededor de $ 4.000 y $ 5.200. Ese número, no oficial, está lejos de lo que pretende la CGT.

Por eso, amigable, la Presidente involucró a la cúpula sindical entre los atacados por los que «quieren impedir que se modifique la matriz distributiva». Ubicó, peronista al fin, a los gremios como promotores de la solidaridad que ella dice promover. Fue una manera de coparticipar a los gremios de la derrota del gobierno ante el campo. Pero en ese duelo, el grueso de los sindicatos se limitó a fletar micros y poblar de afiliados Plaza de Mayo y, horas antes de la madrugada odiada, la del Congreso.

Un detalle: entre las escasas ausencias se destacó la de Gerónimo «Momo» Venegas, jefe de las 62 Organizaciones y líder de UATRE, gremio que agrupa a los peones rurales. Durante el con flicto, Venegas hizo equilibrio entre la Casa Rosada y los chacareros. El «Momo» de Necochea es motivo de discusiones entre Moyano y Néstor Kirchner. El patagónico pide su crucifixión -cita varios encuentros de Venegas con Eduardo Duhalde-, pero el camionero lo sostiene y hasta le respetó una butaca en el directivo de la CGT.

Por otros motivos, repartidos entre disidencias, viajes y cuestiones de salud, faltaron Omar Viviani (taxis), Abel Frutos (Panaderos) y José «Pepe» Rodríguez (SMATA). La Presidente se hizo flanquear por el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada.

  • Sin anuncios

    «Cuando se habla de los recursos del Estado, todos son generosos, pero cuando algunos sectores deben aportar de su bolsillo, no quieren», dijo, en un tramo, la Presidente. No fue, en teoría, dirigido a los visitantes, pero bien podría calcarse ese sayo para los gremios.

    En definitiva, la cúpula de la CGT se apareció por Casa Rosada para la primera cumbre formal con la Presidente con un menú de pedidos: eliminar Ganancias para la cuarta categoría, una suba de asignaciones familiares y que lo recaudado por obras sociales vuelva a las obras sociales.

    Ese pedido lo desmenuzó, en detalle, Armando Cavalieri. En concreto, los gremios quieren que los aportes para obras sociales que recauda la AFIP vuelvan, sin recortes ni mermas, a las obras sociales sindicales para mejorar el servicio de salud.

    Supone incrementar los fondos que maneja la APE o, directamente, crear un fondo especial adonde se deriven los ingresos provenientes de las retenciones que se realizan a los trabajadores en relación de dependencia para las obras sociales.

    «Acepten esta idea y van a ver cómo el sistema comienza a funcionar mucho mejor», completó su «speach» Cavalieri.

    En ese aspecto, la Presidente vio otro atajo para lamentarse: dijo que las obras sociales de los gremios deberán ocupar un papel importante en el sistema sanitario luego de que tuvo que «postergarse» el plan de construir 30 hospitales y 300 centros de salud.

    Ese megaplan, con el que fantaseó la Casa Rosada, se derrumbó la noche que Julio Cobos hizo un voto no positivo sobre las retenciones móviles.

    Así como la Presidente los hizo parte de los «perseguidos» -vienen por nosotros»- y los asumió como partidarios de fijar un «patrón de acumulación que reparta el excedente» de lo acumulado, también el cacicazgo gremial dio sus propias señales de respaldo.

    «Queremos expresarle que compartimos el proyecto político de la señora Presidenta», dijo Moyano, formal, para luego enumerar sus reclamos y en el medio festejar la suba del salario mínimo, pero acto seguido considerar que es apenas un paso hacia la mejora de «todos los salarios».

    «Nos sentimos parte de este gobierno», se sumó Gerardo Martínez, jefe de UOCRA.
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