Solá blanqueó candidatura y confirmó desdoblamiento
Se confirmó ayer que las elecciones de cargos provinciales en Buenos Aires se harán desdobladas de las nacionales. Lo anunció el gobernador Felipe Solá, luego de cotejar la opinión de intendentes y legisladores que, mayoritariamente, están a favor de "aislar" a Buenos Aires de la disputa nacional para, de esa forma, preservar su territorio. Es un desaire del duhaldismo al candidato que prometen respaldar, José Manuel de la Sota. El gobernador acordó el movimiento con Eduardo Duhalde, y esta semana la Legislatura tratará un proyecto que despega los comicios bonaerenses (serían en agosto o en setiembre) de los nacionales. Además, Solá oficializó su intención de competir por su reelección. Lo hizo con la intención de sumar apoyos formales a su candidatura y con la presunción, quizás apresurada, de que Chiche Duhalde no competirá en Buenos Aires. También en La Pampa habrá desdoblamiento. Rubén Marín -a quien algunos quieren reelegir, pero hay traba legal-decidió que la votación local se haga en octubre o en setiembre, también desentendiéndose de la elección nacional.
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«Tengo que enviar una señal; avisar que voy a jugar contra quien sea. Es para que los que están conmigo sepan que voy a fondo y blanqueen su posición», les dijo Solá a sus operadores.
Son los mismos que, especula el felipismo, no soportarán otro «dedazo» de Duhalde en la selección del candidato top como ocurrió con Chiche en 1997 y con Carlos Ruckauf en 1999, operación que también benefició a Solá.
En la jerga Solá, jugar por todo es buscar la gobernación por las buenas o por las malas: con guiño de Duhalde, por primarias o, eventualmente, por fuera del PJ, con vecinalistas y radicales como consortes.
Quizás, en esa aventura podría toparse también con Aldo Rico, el intendente de San Miguel que sospecha de la interna bonaerense y evalúa emular a Luis Patti que con escaso éxito armó un partido lateral al peronismo.
No merma el felipismo en blandir esa amenaza que, por ahora, sólo logró amurallar a los duhaldistas en su contra: ni uno de los candidatos en carrera confía en el gobernador.
Pesa la ilusión Chiche. El duhaldismo mira sus encuestas y festeja que la primera dama (que dice «ni») supera a Solá de punta a punta de la provincia. Hay mediciones menos auspiciosas.
Ante eso, Solá apuesta a la gestión. Admite que sólo una buena tarea de gobierno le permitirá repetir en La Plata. Para eso, necesita tiempo; el tiempo que le da patear la interna para mayo o junio y la general para agosto o setiembre de 2003.
La semana pasada, quizá para distinguirse de Eduardo Duhalde que toma decisiones inconsultas, amontonó en un puñado de minicumbres a alcaldes, diputados y senadores para testear opiniones sobre el calendario de votación.
En esos cenáculos, recogió una postura casi uniforme a favor de aislar la elección local; en rigor, respetar el cronograma original porque es Nación quien adelanta los tiempos.
Con esa certeza, ayer convocó a la prensa -pasión que le refriegan sus rivales-y marcó su voluntad de despegar la elección local, medida que debe refrendar esta semana el Parlamento con mayoría duhaldista.
Arguyó que elegir candidatos el 24 de noviembre, como fija el calendario nacional, atentaría contra la gobernabilidad porque convivirían durante trece meses el gobernador actual -o cada intendente-con el electo.
También Solá alivianó su culpa sobre el destino de José Manuel de la Sota, el más dañado por el desdoblamiento bonaerense. «No lo perjudica porque la elección nacional es independiente en todas las provincias, incluida en Córdoba».
Y apostó que será positivo porque «los candidatos están en igualdad de condiciones frente a la gente y es mejor que no haya sospechas de aparatos que se mueven para llevar votantes».
Fueron dos extrapartidarios, en realidad dos aliados a peronistas rebeldes, quienes castigaron a Solá por el desdoblamiento. Eduardo Sigal, cercano a Néstor Kirchner, se preguntó si «¿Solá acompañará a Menem en caso de que éste gane la interna?
Otro frentista, Horacio Piemonte, copiloto de Mario Cafiero en la cruda interna del ARI, amenazó con hacerle rever la decisión vía presión social. «Queremos adelanto electoral y caducidad de mandatos», apuró.




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