22 de julio 2005 - 00:00

Solá busca su espacio en la campaña electoral de Kirchner contra Duhalde

Cristina Fernández, candidata a senadora nacional por elFrente para la Victoria, visitó ayer la ciudad bonaerense deBalcarce en compañía de su esposo, Néstor Kirchner, y delgobernador Felipe Solá.
Cristina Fernández, candidata a senadora nacional por el Frente para la Victoria, visitó ayer la ciudad bonaerense de Balcarce en compañía de su esposo, Néstor Kirchner, y del gobernador Felipe Solá.
Despues de haber obtenido un triunfo político importante con el mero enfrentamiento entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, Felipe Solá está inquieto ahora por encontrar un lugar en el nuevo mundo que él mismo contribuyó a crear. Su problema para esta instalación no es Duhalde sino Kirchner, sobre todo por el protagonismo que ha decidido tomar el Presidente en la carrera de su esposa Cristina Fernández, de quien se ha convertido en jefe de campaña proselitista. La necesidad de localizar un rol, es decir, recortar una dimensión provincial y dotarla de una agenda, se ha vuelto tan urgente que Solá tiene pensado consagrarle un día completo en una especie de retiro espiritual que desarrollará junto a sus principales colaboradores el martes próximo. En esa reunión, para la que ayer en La Plata buscaban una sede que ponga al grupo a resguardo de los medios, el oficialismo bonaerense debe despejar varias incógnitas:

• En principio, el gobernador cree necesario encontrar un espacio propio en una guerra cuya comandancia fue asumida personalmente por Kirchner. La empresa que se lanzó desde la Casa Rosada es especialmente incómoda para cualquiera que ocupe el gobierno en La Plata. Se trata de una conquista territorial de Buenos Aires que supone una intervención subliminal sobre los recursos políticos del distrito desde la Nación. Solá advierte que esta dinámica es inevitable y que, de otro modo, las cosas no irían mejor para él. Es decir: sólo si se nacionalizaba la pelea en la provincia habría una pelea abierta con los Duhalde que lo libraría a él del yugo impuesto desde Lomas de Zamora. Ahora bien, si la contienda bonaerense se redujera solamente a esta escala nacional, su objetivo inmediato, conseguir bancas en la Legislatura local que le garanticen un mínimo de gobernabilidadhasta 2007, luciríamuy dificultoso.

¿Cómo hacer para encarar un proselitismo provincial que no sea visto como una diferenciación del elenco nacional que representa Cristina Kirchner? A pesar de su aparente obsesión por el marketing, los políticos que rodean al Presidente son remisos a coordinar cualquier tipo de esfuerzo con actores ajenos. Kirchner lo es más. Se notó en la última presentación en Lincoln. Solá llegó allí convencido de que el Presidente sería durísimo con el intendente Jorge Fernández, quien permanece en las filas del duhaldismo. Por eso utilizó su discurso para poner al auditorio a tono con el mensaje final de Kirchner. Pero ese mensaje nunca llegó. Al contrario, cuando terminó su arenga, el santacruceño estampó un beso en la mejilla de Fernández y se marchó sin saludar a nadie más. El balance de este mínimo episodio convenció a los «king makers» de la gobernación sobre la necesidad de diseñar una campaña más específica para las necesidades locales de Solá. Tal vez comiencen a ensayarse reuniones de gabinete previas a los actos de campaña,que el gobernador presidiría en distintas localidades hasta octubre.

• El mensaje para este empeño provincial también debe ser perfilado por Solá y sus candidatos. A esta pretensión apunta el retiro que realizarán la semana próxima: pasarán por el «claustro» los funcionarios más importantes del gobierno exponiendo las novedades de sus áreas de tal modo que puedan ser utilizadas como insumos del marketing político. Habrá noticias y figuras para potenciar, como la del futuro ministro de Producción, el economista Martín Lousteau, uno de los últimos hallazgos del gobernador ( viene de colaborar con Gustavo Lopetegui, quien deja el cargo para asumir la presidencia del Banco Provincia). Las argumentaciones y el estilo de Roberto Mouilleron, el ministro de Trabajo, parecen ser otro activo inesperado en la campaña. Del mismo modo que los ministros y estrategas del proselitismo deberán resolver cuanto antes cómo mejorar la imagen del aparato de salud en el distrito: es una de las obsesiones de Kirchner, a quien le llegaron encuestas determinando que esa materia es la que más demandas desatan entre los vecinos de la provincia. Ismael Passaglia (y encima suyo, Ginés González García) deberán poner las barbas en remojo. ¿Habrá un relanzamiento del gobierno de Solá, con un nuevo gabinete, como parte de la campaña? Seguramente sí.

Hay dramas más previsibles aunque no más dóciles: el de la seguridad, qué duda cabe, encabeza el ranking. Desde ahora hasta octubre Kirchner y Solá estarán con el corazón en la boca respecto de este problema. En cambio hay cuestiones que tal vez hubieran merecido un renglón en la campaña y que, extrañamente, se apagaron sin que nadie lo notara: la ambiciosa reforma política que iba a encarar Solá en la provincia y Aníbal Fernández en la Nación quedaron abortadas sin que se explique por qué. ¿Habían sido tan imprescindibles como se decía cuando esas operaciones estaban de moda? ¿O de nuevo el discurso institucional se convirtió en un atajo para que los equipos políticos puedan evadirse de crisis más importantes con la opinión pública?

• Seguridad, salud, atención de la pobreza, son temas sobre los que los expertos en proselitismo del gobierno bonaerense deberán trabajar especialmente. No deben enfrentar sólo el desafío de la oposición. Acaso deban cuidarse también de los impulsos verbales de Cristina. La campaña en curso tiene esta atipicidad: por primera vez en años un candidato a senador no obedece a los lineamientos que indica el gobernador. ¿Hasta qué punto la senadora por Santa Cruz será solidaria con los ataques que pueda recibir la administración bonaerense?Nadie se anima siquieraa hacerse esta pregunta en la Casa de Gobierno platense.

Finalmente, los estrategas de la campaña oficialista tendrán que monitorear también el comportamiento de otros actores. En el telón de fondo de la contienda de este año se pueden divisar ya algunas siluetas dispuestas a otro duelo: el que se desarrollará a partir de 2006 por la sucesión de Solá. Ya hay, en el universo del oficialismo actual, dos pretendientes dispuestos a disputar la posición: Aníbal Fernández y José Pampuro. Uno como ministro del Interior, el otro como candidato que escolta a la primera dama, los dos tienen posibilidades de proyectar su figura a partir de la campaña en curso. Deberían tratar de hacerlo con prudencia, no vaya a ser que los candidatos que compiten en primera fila en el acto que se está desarrollando paguen los costos por un conflicto prematuro.

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