Felipe Solá se comunicó por la mañana de ayer con Eduardo Duhalde para consultarlo sobre la identidad del nuevo ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. «Yo pienso en 'Juampi'. Pero es tu vicejefe de Gabinete, ¿te parece bien?» Duhalde no habría contestado de inmediato, como si no tuviera el mismo criterio que el gobernador. Se habrá sorprendido el Presidente: cuando él designó a León Arslanian al frente de la Seguridad bonaerense, Solá se opuso y recomendó ubicar allí a un uniformado. Pero Duhalde finalmente aceptó el razonamiento de Solá: «Creo que se necesita alguien con convicción moral, que no lo muevan de lo que piensa, capaz de instalarse en el comando para manejar las decisiones poniendo el cuerpo. Además, 'Juampi' es un penalista que no es ingenuo y no hay organización de derechos humanos que pueda objetarlo».
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Duhalde, por lo que trascendió ayer de su entorno, no quedó convencido con ese modo de ver las cosas. Pero Solá actuó con autonomía y, seguramente, con premura: era imposible continuar con la cartera de Seguridad vacante, tal como estaba desde que renunció Luis Genoud, envuelto en la crisis que se produjo en la represión del piquete del puente Avellaneda el miércoles de la semana pasada. Por eso, el gobernador convocó a su casa a Cafiero y le ofreció el cargo. ¿Fue su primera opción? Anoche, una versión apostaba a que el dirigente del Frente Grande llegó a la función después de que rechazaran una oferta un hombre de la Justicia y un intendente del conurbano.
La designación de Cafiero sorprendió a todos, inclusive a Duhalde, a pesar de que el funcionario orbita en torno suyo y, sobre todo, de su esposa Chiche, con quien «Juampi» mantiene una relación muy estrecha, especialmente por su afinidad con la acción social. El Presidente había pensado, según le comentó a uno de sus íntimos durante el fin de semana, en Lomas de Zamora, en la designación de un ministro acordado con la cúpula de la Bonaerense. Pero Solá optó por otro camino; pretende encaminar a la Policía según pautas «garantistas» y, presumiblemente, iniciar una reestructuración de la conducción a partir de la conducta de los comisarios que actuaron en Avellaneda: desde Alfredo Franchiotti -a quien ya se le imputó judicialmente la muerte del piquetero Darío Santillán-hasta Jorge Vega, jefe de la Departamental de Lomas de Zamora y ahijado de Manuel Quindimil.
Más allá de los criterios que expuso delante de Duhalde, es muy probable que Solá haya tenido en cuenta las siguientes variables en su decisión:
• La conveniencia, según él, de poner al frente de la seguridad a un hombre capaz de negociar con los piqueteros, más que de reprimirlos. Es una apuesta audaz, que tiene en cuenta varios antecedentes de Cafiero. En primer lugar, su vinculación con la Iglesia y, sobre todo, con los obispos y curas «progresistas». Todo el mundo recuerda que, cuando se produjo el primer piquete de dimensiones en el Norte, durante la gestión de Fernando de la Rúa, Cafiero viajó a Salta para parlamentar con ellos, convocado por el obispo Olmedo, de Jujuy. Aquello provocó una controversia ácida en el seno del gabinete de la Alianza. Si se le preguntara a Solá qué opina de aquella conducta, casi seguramente opinaría que fue saludable, en el sentido de que, con los piqueteros, lo que corresponde es la negociación más que la represión, en la medida en que esto sea posible. En otras palabras, de ser vista como un problema de seguridad, la presión de los piqueteros será tratada como una cuestión social. Con esta lógica, acaso hubiera sido más eficiente que Solá designe a Cafiero al frente de la Acción Social o del Ministerio de Gobierno, para negociar políticamente con los «revolucionarios» de la agrupación Aníbal Verón o Teresa Rodríguez.
• Otro criterio que Solá puede haber tenido en cuenta es la vinculación de los Cafiero, en especial de «Juampi», con las jerarquías de la Iglesia. El ahora jefe de Seguridad viene de intervenir, como delegado de los Duhalde, en la mesa del Diálogo Argentino. Es un dato que seguramente tuvo en cuenta el gobernador, sobre todo si se advierte que un sector de los «piqueteros» -el más dialoguista-proviene de las filas de la Iglesia, especialmente de la Democracia Cristiana: allí se formó Luis D'Elía, el favorito del duhaldismo, quien comulga con Cafiero Jr. en una antigua fe «auyerista» -en alusión a Carlos Auyero, aquel dirigente del socialcristianismo que murió en defensa de sus ideales discutiendo con Eduardo Amadeo en la «Hora clave» de Mariano Grondona-. La cercanía de Cafiero a los obispos Jorge Casaretto, Justo Laguna o al mismo padre Luis Farinello (cuyo Polo Social convirtió a D'Elía en diputado) es tal vez su principal antecedente como jefe de Policía de Solá.
• Si lo que se pretende es cubrir la política de Seguridad de las críticas que puedan venir desde la izquierda, acaso Solá consiga también con esta designación moderar las admoniciones del ARI de Elisa Carrió: allí cumple un papel central Mario Cafiero, hermano del designado. También Rafael Romá es diputado por esa fuerza, amigo de Cafiero y precursor de Solá: también removió a la cúpula policial de la ciudad de La Plata después de la represión que llevó a cabo en 1995 en la Universidad de La Plata.
• Curiosidades de la historia bonaerense, el antecedente más similar a la actual designación de «Juampi» Cafiero lo produjo su propio padre, Antonio Cafiero. Fue cuando, como gobernador de la provincia, puso al frente de la Policía a Luis Brunati, dirigente de la izquierda peronista. Cafiero debió volver sobre sus pasos, presionado por el malestar que ganó a la Policía Bonaerense cuando designó a Brunati. ¿Le sucederá lo mismo a Solá?
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