24 de diciembre 2004 - 00:00

Sueña Lavagna irse en julio como jefe del BID

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
En el Banco Interamericano de Desarrollo ya se lanzó la carrera por la sucesión de Enrique Iglesias, el asturiano (naturalizado uruguayo) que preside la institución desde 1988. Si bien Iglesias está en condiciones de seguir desempeñándose en esa jerarquía hasta 2008, su decisión de retirarse ha desatado las ambiciones de varios economistas de la región. Este fenómeno debería inscribirse apenas en la historia de los organismos multilaterales de crédito. O, para hacerlo más simpático, en la puja profesional por ocupar una posición muy relevante desde el punto de vista político. Sin embargo, para la Argentina el dato tiene una potencia superior, porque en la pelea por ocupar el sitio de Iglesias se inscribió ya Roberto Lavagna. En la burocracia del banco, tanto en Buenos Aires como en los Estados Unidos, esta postulación circula como información habitual. Esto quiere decir que el ministro de Economía estaría dispuesto a abandonar su cargo hacia mediados de 2005 cuando, agotadas las vacaciones del Hemisferio Norte, Iglesias deje su apetecible butaca. Conviene profundizar en este plan para desentrañar todo su significado:

• En principio, llama la atención la naturaleza de este afán. Lavagna le encomendó el trabajo fino de su estrategia a sus hombres en Washington. Estos son el embajador en los Estados Unidos, José Octavio Bordón, y -más decisivo para el objetivo del ministro-Eugenio Díaz Bonilla, el delegado argentino en el BID.

Ambos argentinos son amigos ancestrales del fundador de Ecolatina y están en sus posiciones actuales merced a su influencia (siempre llamará la atención que Néstor Kirchner, tan celoso de tener ojos y oídos en los lugares clave del Estado, haya cedido con tanta generosidad su representación allí donde se juega buena parte de la suerte de su mandato, la capital del Imperio).

• Ventaja

Díaz Bonilla, quien forma parte del entorno íntimo de Bordón, abre lentamente en la burocracia del banco el camino de su amigo y jefe. Cuenta con una ventaja: Lavagna nunca arremetió contra esa institución, como sí lo hizo contra el Fondo Monetario Internacional. Ni siquiera cuando Kirchner vapuleó a Iglesias a través de trascendidos periodísticos por haber promovido a José Luis Machinea y no a Chacho Alvarez para comandar la CEPAL. Al contrario, el ministro de Economía le hizo notar al Presidente la necesidad de estar conectados con el titular del BID y hasta logró que visitara la entidad en señal de reconciliación. Lavagna tiene a su favor estos antecedentes. O, mejor dicho, para su ambición, no le juegan en contra las grescas en que se trenzó con las conducciones de otros organismos de crédito.

• A propósito de Machinea, la figura del ex ministro reaparece también ahora. Buena parte de la burocracia del BID en Washington cree que Iglesias lo imagina su delfín. Se cumpliría así un circuito que el propio uruguayo transitó: también él llegó al banco desde la CEPAL, en la que ocupó la secretaría general durante 13 años, aunque con un interregno como canciller de su país.

Pero no sólo con Machinea compite Lavagna. También deberá superar a Daniel de Oliveira, el representante del BID en la Argentina. Tal vez el perfil profesional de este brasileño sea más bajo que el de Lavagna y aun que el de Machinea. Pero Oliveira cuenta con la ventaja del padrinazgo de Fernando Henrique Cardoso, amigo personal de Iglesias. La competencia con Brasil por esta banca vuelve a matizar las relaciones bilaterales durante el mandato de Kirchner, a pesar de que Lavagna sea considerado «un amigo» en Itamaraty y aun cuando Oliveira no es precisamente un militante del PT que hoy gobierna el país vecino. Es cierto que el aval de Cardoso, lo vuelve más gravitante que su superior, el gerente de la región Cono Sur, Luis Ricardo Santiago, funcionario de carrera también nacido en Brasil.

Brasil y la Argentina son los países con los que el BID está más comprometidocomo prestamista, a diferencia de México, por ejemplo, que ha recibido mayor financiamiento del Banco Mundial y el Tesoro de los Estados Unidos. Sin embargo, Díaz Bonilla deberá estar atento también a la campaña que siguen los amigos de Angel Gurría, el ex secretario de Hacienda de México.

• Si Machinea cuenta con el aval de Iglesias y Oliveira es un peso pesado en el aparato interno del banco, Gurría tiene a favor un aprecio en la profesión de los economistas y en la comunidad de negocios que es difícil de igualar por el ministro de un país en default. Pero precisamente en esta última condición podría basarse la catapulta para Lavagna. En efecto, el ministro de Economía cuenta con cuatro o cinco meses para demostrar que no se trata de un inepto en la negociación con los acreedores, capaz de desaprovechar por traspiés burocráticos cualquier constelación de variables a su favor o de demorar los acuerdos provocando un despilfarro financiero con esa tardanza. Es decir, para mantenerse en carrera, Lavagna está más necesitado que nunca de cerrar un acuerdo de alta aceptabilidad que saque al país de la cesación de pagos y le permita mostrar una victoria de escala internacional.

• ¿Conoce Kirchner estas expectativas de Lavagna? ¿Está dispuesto a tolerar su salida? Es posible que a su gobierno le resulte de utilidad contar con un hombre en una silla tan importante para el financiamiento social y de obras públicas como el BID (sobre todo ahora, cuando Iglesias piensa inyectar en la institución financiamiento chino). Ahora mismo la Argentina está generando nuevos compromisos con el banco, lo que lleva a algunos competidores del ministro a sospechar que esa habilitación de negocios es parte de su campaña interna. Sin embargo, más allá de esa ventaja, es posible que a la Casa Rosada no le resulte simpático que desde Economía se procuren nuevos rumbos tan temprano, instalando la pelea por la sucesión de Lavagna por culpa de la infidencia de algunos de sus seguidores, que quieren verlo pronto en la escena internacional.

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