23 de abril 2008 - 00:00

Tablero de control mortifica a los ministros porteños

Conocidas, las disputas en el gabinete porteño encontraron sin embargo un tema curioso para que se entreguen a la discusión Horacio Rodríguez Larreta y la vice Gabriela Michetti.

Es que resulta antipático para la mayoría de los ministros, adhieran a uno u otro funcionario en la interna de Bolívar 1, el método de control de gestión que lleva, minuciosamente, Larreta. Se trata del despliegue de lo que se conoce como «tablero de control». Allí, el jefe de los ministros lleva cuenta del cumplimiento de anuncios y promesas de cada responsable de área. Pero, lo peor para los ministros es que Larreta, se reúne con cada uno de ellos para reprocharles incumplimientos, a los que lo tienen, y mostrarles cómo figuran en rojo en su agenda. Así, en cada reunión de gabinete, los que saben que están en mora, se esfuerzan en justificaciones que sus pares, a veces, no comprenden.

Aunque se mantiene en reserva ese lista roja, todos advierten cuáles son las áreas atrasadas en el cronograma.

Un caso ha sido el del ministro de Educación, Mariano Narodowsky y su reparación de escuelas en verano, uno de los fracasos de inicio, ya que aún con una ley de poderes especiales no llegó con lo prometido. También en su momento el ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, fue reprendido, pero por un confuso anuncio que realizó.

Otro, ha sido Daniel Chain, el ministro de Obras Públicas al cual la oposición le remarcó que sólo había ejecutado alrededor de 4% del Presupuesto. Pero, en la mira, Chain preparó un trabajo práctico para la reunión del lunes pasado, que al parecer le subió la nota: se explayó con gráficos, planos y computadora para mostrar cómo será el desarrollo en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires y, especialmente, la construcción del centro cívico en Barracas, donde Macri piensa llevar su despacho.

Uno que logró pasar del rojo al verde, ante sus pares, fue el cultural Hernán Lombardi, aún sacudido con batucadas en las puertas del palacio porteño, por demandas de subsidios.

Lo cierto es que las reuniones de gabinete se han transformado en una suerte de rendición de cuentas de los ministros y los funcionarios casi no opinan y se limitan a escucharse entre ellos y a resistir la muletilla de Macri: «Quiero más gestión». Sin embargo el jefe de Gobierno ha comenzado a entender de qué se trata la burocracia municipal que lo ata a tiempos que querría acelerar y no puede por las normas que deben cumplirse y los pasos administrativos en cuestiones como la ejecución de una obra o la reparación de un colegio.

Así, Michetti se ha convertido, contra Larreta, en una de las funcionarias que más anima dejar de lado el tablero de control y focalizar «la gestión» en proyectos en los que concuerden varias áreas.

«El tablero es sólo una herramienta», señala a menudo Larreta para explicar por qué se empeña en llevar ese registro donde están todas las fechas en las que deben concluir proyectos, anuncios y emprendimientos. También incluye allí un listado de más de veinte leyes que viene pidiendo al bloque PRO que las apruebe y las lleva anotadas a cada una de las reuniones semanales que mantiene con los titulares de las subbancadas oficialistas.

Todo, en la búsqueda de una impronta que tenga la gestión de Macri, como creen será el centro cívico o, con más riesgo, la creación de la policía porteña.

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