La tentación del líder populista son las plazas llenas; pero cuando no tiene carisma debe recurrir a expedientes de convocatoria, como echar mano de las alforjas de dineros públicos para conseguir adhesiones. El sino de Néstor Kirchner ha sido la imposibilidad de que sus entornistas le aseguren una Plaza de Mayo llena. La quería para el 25 de Mayo, cuando cumple tres años en la Casa de Gobierno, pero la experiencia del 1 de marzo, cuando le prometieron una multitud al inaugurar el nuevo Congreso, lo hizo cambiar de idea. Desconvocó la concentración en Buenos Aires y la trasladó a Misiones, adonde irá con artistas y funcionarios. La otra plaza, la del 24 de marzo, está convocada por las organizaciones que recordarán los 30 años del golpe de 1976. Esperará tras los visillos si hay cantidad de gente y ánimo para salir al balcón, saludar y, si da, hasta para hablar.
Néstor Kirchner mandó a desmontar la organización ya planeada por el grupo Compromiso K (ala política del oficialismo que responde a Carlos Zannini) para celebrar el 25 de Mayo en la Plaza de Mayo. Como no fue feliz el acto que acompañó su mensaje en el Congreso -otra vez falló la convocatoria, también la gente-, se optó por reincidir en un festejo provincial. Como se hizo en Santiago del Estero el año pasado, en esta ocasión el jolgorio (con numerosos artistas invitados, tarea del secretario de Medios, Enrique Albistur, y pocos discursos) se realizará en Misiones, donde gobierna Carlos Rovira con una conjunción de ex peronistas y ex radicales.
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Es de esperar que, luego de esa celebración, no se produzca un episodio como el del obispo preferido del Presidente, Juan Carlos Maccarone, quien a los pocos días debió ser confinado por un video sólo recomendable para mayores de 50 años.
Sí, en cambio, concedió Kirchner que el 24 de marzo las organizaciones de izquierda y de Derechos Humanos y algunos propios copen la Plaza y planifiquen un repudio al golpe militar de 1976. No quiere, sin embargo, que su gobierno se complique explícitamente en esa organización aunque esperará a que se junte gente hasta determinado nivel. Si alcanza la masa que considera el Presidente que amerita un saludo, tiene previsto aparecer en el balcón de Casa de Gobierno para emitir algunos gestos y, creen los más confiados, algún discurso.
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