Telerman acusa a Alberto y a Ibarra de su derrota

Política

El jefe de Gobierno, Jorge Telerman, produjo algo que es una novedad entre políticos criollos. Se sentó a explicar las razones que entiende cifraron su derrota electoral. En el blog desde donde hizo campaña acusó al dúo Alberto Fernández-Aníbal Ibarra de haber conspirado para su salida del gobierno. Falta quizá que ante el mismo teclado de su PC Telerman haga alguna autocrítica sobre sus actos de gobierno y de campaña, que también justifican el resultado electoral. No fuera que terminase plegándose a la teoría kirchnerista de que Mauricio Macri ganó porque sus votantes no piensan. Veamos lo principal del texto «Campaña sucia y la política como proyecto personal».

Si bien los análisis contrafácticos pertenecen al terreno de las conjeturas académicas, varios comentarios periodísticos y políticos de estos días señalan que si el gobierno nacional me hubiese apoyado a mí se le hubiera podido ganar a Mauricio Macri. Por lo que he leído y escuchado, aun dentro del propio gobierno nacional hubo quienes abonaron a esa teoría, críticos asimismo de su propio gobierno por su desempeño durante la campaña.

Un poco de historia: es cierto que durante un tiempo busqué la posibilidad de tener algún nivel de acuerdo con el kirchnerismo. Pero no con el objetivo de juntar fuerzas en contra de alguien, sino porque estoy absolutamente convencido de que la política requiere de alianzas y acuerdos que hagan más potente la acción de gobierno. Busqué tener ese respaldo, pero en un espacio de coincidencias y autonomía. Nunca acepté la idea de ser un mero delegado o una relación de sumisión.

Nosotros creamos un espacio con ideas e identidad propias y desde allí quería el apoyo, sin disolvernos en otro.

No estoy diciendo nada nuevo: las mayores democracias del mundo son aquellas que presentan coaliciones políticas unidas a través de acuerdos y no fragmentadas en múltiples propuestas. Pero deben ser eso: alianzas, acuerdos, coaliciones, sin sometimientos de todos a uno.

Siempre fue mi vocación y convicción la construcción de un espacio político y una fuerza autónoma e independiente en la Ciudad de Buenos Aires, en la cual no tenemos inconvenientes en reconocer las políticas del gobierno nacional con las que estamos de acuerdo, pero también expresamos con la misma claridad nuestras diferencias respecto de lo que no nos gusta.

Sin embargo, a medida que se acercaron las elecciones se hizo visible para todos algo que sabíamos algunos: que el objetivo esencial del sector porteño del kirchnerismo (si no de todo, al menos del que representa Alberto Fernández) era conseguir que yo no ganara.

Ante la evidencia de que no solamente no sería posible ningún nivel de acuerdo sino que comenzaba a manifestarse -con acciones y declaraciones- una durísima campaña en contra de nosotros, busqué otros acuerdos que permitieran, por un lado, ampliar nuestra base de sustentación y, por otro, contar con la base parlamentaria elemental para respaldar nuestro actual y, en ese momento eventual, próximo gobierno.

  • Celebración

    Tan claro y evidente fue el objetivo del sector que representa Alberto Fernández, que en la noche del 3 de junio celebraron el resultado de su combate contra mí y el sector que me acompaña, aun cuando era bastante evidente la derrota que les esperaba el 24 de junio, en la segunda vuelta.

    Las semanas previas a la primera vuelta se generaron unos niveles de ataque, tensiones, conflictos, denuncias, crispación y caos en la Ciudad promovidos desde ese espacio, de manera clara y abierta. Las consecuencias fueron las crecientes dudas de la ciudadanía acerca de la capacidad que yo tendría para gobernar bien en ese contexto. Se creó la idea de que a mí no me sería sencillo gestionar y, en consecuencia, provocaron que un importantísimo sector de los votantes, indecisos o no, cansados de esa situación, se volcaran hacia Macri. Esto último sin dejar de reconocer la gran cantidad de votantes que eligieron a Macri en la primera vuelta por adhesión a él, sin otra consideración que la de creer que hará un buen gobierno.

    Decidí, en esos momentos, no hablar con la crudeza y claridad que muchos me sugirieron porque consideraba que eso no haría sino echar más leña a la hoguera de un conflicto creado para perjudicarme.

    ¿Cuánto influyó en todo ese proceso la pésima relación política que tengo con Alberto Fernández, no de ahora sino desde hace años? Seguro que mucho; reforzado,sin dudas, por la beligerancia que hace bastante tiempo también tiene Aníbal Ibarra hacia mí. Ustedes se preguntarán si tanto influyen las cuestiones personales en la toma de decisiones políticas. No debiera ser así, pero en una situación como la que vivimos, sin fuerzas políticas organizadas, con conducciones individuales y cerradas que conceden y retiran poder a su antojo, sin discusiones de cuadros, con todas las limitaciones que sabemos, sí, lamentablemente es así. De cambiar eso también se trata la acción política. De impedir que siga constituyéndose únicamente como un proyecto personal o de pequeño grupo. Hoy, las estructuras políticas son inexistentes y las decisiones que se imponen finalmente son aquellas que se toman a título personal. Odios personales e irracionales como los que describo dominan una agenda en la que poco o ningún lugar queda para las discusiones relevantes.

    Predominó la perversa idea de que «ya que no podemos ganar, que prime nuestro odio antes que el interés por la Ciudad». Era evidente que preferían dar por perdida la elección antes que ganemos nosotros. Contra toda esa estrategia individual, sin ideología sino recelos y resentimientos personales, de la noche a la mañana ese sector intentó constituir una falsa opción para la segunda vuelta como si se tratara de una confrontación contra la derecha. Francamente, esa apelación me parece de una inconsistencia indefendible.

  • Determinante

    Ese telón de fondo fue el que determinó, aunque no de manera excluyente, mi prescindencia en la segunda vuelta.

    Lo que nosotros estamos construyendo en Buenos Aires no es una alternativa que se plantea como tema central la referencia a otros. No nos unen espantos, ni creemos que definirse a favor o en contra de otro es suficiente.

    Para nosotros, el mundo no se divide de forma binaria. No hay dos formas únicas de ver el mundo o de pensar la política. Ni hay dos formas únicas de pensar la Ciudad. Hay otras alternativas y la nuestra es una de ellas. No hay resentimiento ni despecho, sino una nueva manera de decir «Vean, nosotros somos otra cosa».

    Mucha gente lo entendió así y lo expresó con su apoyo en la primera vuelta. Muchos de ustedes lo entienden así y lo expresan a diario participando de este espacio con sus comentarios.
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