Teme el gobierno se sumen efectos Béliz y Blumberg
La forma de sacarlo al ex ministro reveló fragilidad de un método de conducir. Golpe a la imagen en la opinión pública, que el gobierno cree es un activo principal. ¿Se desenganchó otra vez la política de la economía? Todo sube pero apoyos bajan.
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Néstor Kirchner se hizo famoso en Santa Cruz por no cambiar en lo posible sus gabinetes. Por caso, el actual titular de Infraestructura, Julio De Vido, llegó a competir por el récord de permanencia como ministro de Economía provincial en Santa Cruz contra el de Jorge Remes Lenicov en Buenos Aires (aunque en dos gobernaciones, Antonio Cafiero y Eduardo Duhalde). De Vido estuvo más de diez años como titular de Economía en su provincia, tantos años que bromea diciendo que ya olvidó cuántos estuvo en ese cargo.
¿A caso, como demostró la semana de Adolfo Rodríguez Saá en el gobierno, se confirma que la experiencia de un gobernador en el nivel provincial no le sirve al nivel nacional?
Tampoco se lo vio nunca en Santa Cruz en estos gestos a un Kirchner, que les debe a los analistas que ponderan afirmativamente sus condiciones de presidente la explicación por esa torpeza de haberse convertido casi sin darse cuenta en víctima de Béliz, su ministro más flojo, tanto que cabe preguntarse más que por qué se va por las razones que motivaron su designación y permanencia en el cargo por 14 meses.
Si Kirchner necesitaba separar del cargo a Béliz -un estilista en el manejo de las denuncias contra «mafias», como Domingo Cavallo, cada vez que veía amenazado su puesto de ministro- sin sufrir costo de imagen, bastaba con disimularlo con la salida de dos o tres ministros más, que seguramente merecían ser separados también del actual gabinete. Con eso sólo bastaba para que Béliz y los otros se fueran a casa disimuladamente.
La tecnología presidencial nacionali zada abrió otro rostro en esta radiografía del gobierno que termina siendo esta crisis: era obvio que una renuncia de cualquier ministro y por cualquier razón se iba a convertir en la crisis mayúscula para los santacruceños. Esto porque Kirchner se ha erigido en un presidente tan poco tolerante ante la crítica ajena, tan agresivo ha sido en la defensa de las medidas que ha tomado, sin dejar brecha a que nadie le pueda acercar una crítica o un comentario adverso, que cualquier cambio iba a ser explicado o interpretado como un fracaso. Tampoco parece haber leído con cuidado Kirchner el sentido de la crisis de abril pasado con la aparición explosiva del llamado «efecto Blumberg» -algo que en la sociedad va más allá de la persona individual del ingeniero de ese apellido-.
La crisis de abril con más de 300 mil personas en la calle convocadas por Blumberg coincidió con una crisis de la salud del Presidente que duró una semana con entretelones aún no revelados a la opinión pública. Esta vez, el Presidente se enreda en críticas a la prensa -repetidas en los actos del miércoles y de ayer- cuyos titulares ya es costumbre desmentir. En el gobierno sindican el giro de algunos medios ayer amigos al debate sobre la renovación o no de las licencias de los canales de mayor audiencia en octubre próximo, «Telefé», del grupo Telefónica; «Canal 13», del monopolio «Clarín».
Le han dicho que el «efecto Béliz» va a durar una semana, lo que duró el efecto del portazo de Chacho Alvarez a Fernando de la Rúa en octubre de 2001. Le irrita la comparación porque comparte la idea de que esa salida del vicepresidente aliancista fue el comienzo del final de ese gobierno. Pero tampoco nadie sabe cuánto puede durar ese efecto si Béliz sigue abrazado a Blumberg, cuyo predicamento no parece vaya a opacarse rápido y menos cuando se reactualiza permanentemente con el resurgir de secuestros que horrorizan a la gente. Además, tampoco es cierto que el «efecto Chacho» durase tan poco después de su renuncia. También le acercan explicaciones que lo impacientan más: ¿es cierto que se ha desenganchado tanto la economía de la política que los buenos indicadores que antes acompañaban alza y bajas en adhesión parecen ahora indiferentes a los barquinazos de la política, que son los que marcan el reloj de la popularidad? Si eso se verifica ahora, la salida de Béliz promete más baja en la estima pública aunque -como quiere Kirchner- se llegue a un buen acuerdo con el FMI que tampoco nadie le asegura.
Y encima aparecen los radicales. Ayer el gobierno comenzó a tantear en el Congreso una nueva trama que cree se compadece con la segunda etapa que dice querer inaugurar Kirchner con mejores relaciones con el PJ, la Iglesia, la Fuerzas Armadas, el Congreso y también los partidos políticos y que ahora ve que se le enturbia con la renuncia de Béliz. Sobre los demás partidos ¿para qué convocar al ARI si Elisa Carrió ya dijo que «ni loca» va a ir a reunión alguna porque tiene miedo de que Kirchner la humille, la maltrate y la destrate?




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