La consagración de Aníbal Ibarra como presidente de lo que queda del Frente Grande -un partido del siglo pasado-ya tiene fecha. Será el 15 de diciembre próximo, día previsto para la hechura de un congreso que proclame al jefe de la Ciudad de Buenos Aires en el lugar que dejó vacante Carlos Chacho Alvarez.
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El pedestal, más que mero simbolismo, para Ibarra constituirá el final de una puja entre chachistas nostálgicos y neoibarristas, pero, a la vez, el inicio de un proyecto que acuña el jefe de gobierno para 2003.
Por ahora, dice que sus apetencias son reeleccionistas, pero un equipo íntimo y sigiloso le prepara el terreno para una eventual postulación a presidente de la Nación en ese calendario. Ibarra, que si se juega por ser reelecto tratará de desdoblar las elecciones de la Ciudad para despegarlas de las nacionales, sabe que si no llega a triunfar para renovar el cargo, terminaría quizá peor que su inventor Chacho. Incluso la movida del desfase podría darle más chance (después de todo, desde ese lugar se postuló Fernando de la Rúa).
Aun apostando al triunfo en esas urnas porteñas, que requieren 50% más un voto para evitar la segunda vuelta, Ibarra piensa que cuatro años más de gestión en la Capital podrían desgastarlo para aspirar luego a sentarse en la Casa Rosada.
• Aspiración
Por ahora, el frepasista aspira a convertirse en jefe electo del Frente Grande y urde alianzas chicas para que lo acompañen en su gestión, la que ha desbordado en megapromesas, como la construcción de 97 kilómetros de vías subterráneas o de una docena de reservorios de agua bajo tierra para evitar inundaciones, emprendimientos a largo plazo, a los que debería cortar las cintas al menos en un segundo período como intendente.
En el marco de esos armados, se reconcilió con el socialista Alfredo Bravo, integrante del Partido Socialista Democrático, el primero en desertar de la Alianza UCRFrepaso para emigrar al movimiento ARI de Elisa Carrió. El pobre resultado electoral de esa agrupación que hoy pelea en la Justicia la banca de senador por la minoría contra Gustavo Béliz le sirvió al jefe porteño para aliviar la tensión con Bravo y comulgar en la necesidad de «confluir en el mismo espacio progresista».
Durante la campaña electoral, con el mismo objetivo, Ibarra agregó a su cruzada a dos ex belicistas que le reportan más por lo que restan a su partido vecinal Nueva Dirigencia que por el caudal de votos que esas dos voluntades podrían haber agregado a la fórmula Terragno-Vilma Ibarra.
El jefe de la Capital espera que un puñado de provinciales del Frente Grande le recolecte las firmas de 25% de los congresales partidarios desparramados en el país para poder llevar adelante dentro de un mes el esperado congreso.
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