Terragno-Gil Lavedra, fórmula UCR en Capital para octubre

Política

Pareció el fin de una era, aunque en la realidad no lo sea. Un almuerzo de radicales ayer en el democrático Palacio de la Papa Frita de la calle Corrientes cerró lo que se mostrará como el panorama de la renovación partidaria en la Capital Federal. Sentados a la mesa estuvieron Jesús Rodríguez, Enrique Nosiglia y Rafael Pascual, junto a la mesa de conducción de la Juventud Radical. El acuerdo habría sido sintético: en las próximas elecciones internas del 15 de julio esos dirigentes, que circulan por el partido desde el inicio de los 80, dejarían de lado sus pretensiones y entregarían la estructura partidaria a la juventud en pos de un cambio generacional.

Son las mismas caras que dirigieron la UCR desde el gobierno de Raúl Alfonsín hasta ahora, alternándose inclusive durante el breve brillo de Fernando de la Rúa.

Pero la renuncia no es completa. Después de haber llevado al radicalismo a otra derrota en la Capital de la mano de Jorge Telerman, a cambio de entregar las candidaturas a la conducción partidaria en manos de la juventud retendrán el poder de nominar a Rodolfo Terragno como candidato a senador y Ricardo Gil Lavedra como diputado, ambos telermanistas con cargo, dentro de las listas de Roberto Lavagna en el distrito, aunque no se sabe aún si el candidato a presidente los bendecirá.

Parece curioso que lo único que una hoy a los radicales de Jesús Rodríguez y Enrique Nosiglia con Terragno sea la asociación común que todos mantuvieron con Telerman. Terragno, de hecho, rompió con el bloque radical del Senado ya en 2003. Si bien hoy comparte estrategias en el recinto con la UCR, no tiene relación alguna con el bloque, tema que no pasará tranquilamente por el debate partidario.

No es tanta, entonces, la generosidad aparente en el paso al costado de los radicales, ni será pacífico el proceso de elecciones internas a pesar de estar ya vacía la UCR porteña de cualquier cuota de poder.

Tanto los radicales R como los radicales macristas desconfían de la convocatoria de Jesús Rodríguez a internas en la Capital, donde se elegirán los cargos partidarios y las candidaturas nacionales, de ahí la cumbre del Palacio de la Papa Frita.

Desde que Raúl Alfonsín le pidió a Rodríguez la declaración de libertad de acción para los votantes radicales en la segunda vuelta porteña, con el fin de abrazar a Mauricio Macri y alejarse del kirchnerismo, otros radicales que se consideran «puros», como Nito Artaza, de Pensamiento y Acción, comenzaron a denunciar la existencia de negociaciones previas a la interna para entregar la conducción de la UCR a dirigentes ligados al macrismo.

  • Opiniones divididas

    La decisión tomada ayer por la conducción de la UCR local no parece convalidar esa idea, aunque dentro de la JR haya opiniones divididas sobre el voto del próximo domingo.

    Los radicales macristas, mientras tanto, reclaman que la conducción del distrito «cumpla con todos los pasos previstos por la carta orgánica» para convocar a las elecciones internas del 15 de julio. Inclusiveya enviaron telegramas al comité Capital pidiendo se confirme la convocatoria. «En función de las respuestas que recibamos, vamos a recurrir al Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad para que obligue a cumplir con los requisitos para la convocatoria, que incluye el llamado al plenario de delegados», amenazó el lunes pasado el radical macrista Oscar Zago.

    Toda esa artillería de fuegos artificiales pareció excesiva cuando el propio Jesús Rodríguez confirmó la convocatoria a elecciones y mucho más ayer después de la decisión de dar paso a la juventud de la UCR en el distrito para que compita en la interna por la conducción en representación del oficialismo partidario.
    Pero esas tensiones del macrismo, considerado ya genéticamente extraño a la UCR, tienen algunos justificativos. La Corriente Progresista de la UCR porteña, que lideran Gabriela González Gass y Aldo Neri -de indudable buena relación con el alfonsinismo-, emitieron ayer una carta donde llaman a votar en blanco en la segunda vuelta del domingo.

    Dentro de las razones expusieron: «El voto a Filmus significa regalar la Ciudad a la arbitrariedad del Presidente, que, si no tiene límites, tiende a atropellar las instituciones del Estado», y también que «el voto a Macri significa la convalidación de la versión moderna del viejo conservadorismo populista argentino, paternalista y antidemocrático».
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