Tradición nacional: los "fragotes" son uruguayos

Política

Es una tradición argentina que las conspiraciones comiencen en Uruguay. No sólo Juan Manuel de Rosas soportó a sus adversarios de la otra orilla, los Alberdi, los Mitre, los Rivera Indarte, publicando sus diatribas desde la Montevideo sitiada por Manuel Oribe. También los adversarios de Juan Perón, durante el ciclo más agresivo de su régimen, cruzaron el río para conspirar desde la otra banda. A Néstor Kirchner parece tocarle el mismo destino: sólo que ahora el exilio que se le opone es momentáneo y, sobre todo, «cool». No hay que esperar que el «fragote» se desarrolle en la melancólica capital uruguaya, tampoco que la partida se produzca en un ferry o, peor, a partir de una fuga clandestina por las islas del Delta, como era de práctica entre quienes huían del primer peronismo. Los adversarios de Kirchner prefieren Punta del Este como sede y el avión como medio de transporte, con la aeronave del diputado Francisco de Narváez como insignia.

En efecto, una vez cerrado el ciclo legislativo 2005 con la discusión sobre el Consejo de la Magistratura, varios integrantes del bloque duhaldista se trasladaron al balneario uruguayo para comenzar allí la planificación de su estrategia para febrero, cuando vuelva a sesionar la Cámara y el gobierno busque aprobar esa reforma.

• Dinámica

El tratamiento de esta ley no comporta demasiado suspenso: Kirchner necesita solamente que sea tratada. Como la Cámara de origen es el Senado, el texto puede regresar allí, donde una mayoría holgada y obediente a la Casa Rosada repondrá la versión inicial. En cambio sí puede ser más inquietante lo que suceda con los alineamientos de muchos diputados a propósito de los conflictos que desata esa modificación impulsada por Cristina Kirchner. La gran incógnita, no la única, es el comportamiento que tendrá el duhaldismo.

Para comprender la dinámica que conmueve a ese bloque de 35 integrantes hay que mirar hacia Punta del Este. Allí se encuentra uno de los inspiradores de la ruptura con el oficialismo, Juan José Alvarez, quien de alquilar la misma casa año tras año, en La Ballena, pasará a tener una posesión veinteañal. Si no la tiene ya. De Narváez, otro nudo importante de la red que se teje en la bancada de los antiguos duhaldistas, se instaló en su casa uruguaya bien temprano. Otro que visita los links del balneario es Miguel Angel Toma: no es diputado pero sirve de inspirador al grupo, sobre todo por su vinculación con Cristian Ritondo, el diputado que escoltaba a Mauricio Macri en la noche del triunfo porteño del presidente de Boca. ¿Cómo iba a quedar fuera de la conspiración Alfredo Atanasof? El también cruzó a la otra orilla, una vez más: se cansó de hacerlo acompañando a Eduardo Duhalde en sus funciones mercosurianas. Ahora fue a descansar. Se supone.

Todos estos legisladores deben resolver si seguirán bajo la sombra de José María Díaz Bancalari o si, en cambio, romperán el bloque para febrero. Motivos les sobran. En lo inmediato, suponen que se verán discriminados en la distribución de los cargos decisivos en la administración de la Cámara: pretenden la presidencia de 6 comisiones, la vicepresidencia de otras 6 y 18 secretarías. Además de integrar con buen número la decisiva bicameral de Seguimiento de las Privatizaciones. Si es por el mantenimiento del personal contratado que tenían en el Congreso, no habrá buenas noticias: Alberto Balestrini, el nuevo titular del cuerpo, diezmó al duhaldismo en el campo laboral, por decirlo de alguna manera.

Sin embargo no habría que atribuir los movimientos de estos conspiradores esteños a la minucia de un secretario más o un asesor menos en la Cámara de Diputados. También los rige la ambición de poder de 2007. Varios de ellos, desde De Narváez hasta Atanasof, pasando por Jorge Sarghini o Juanjo Alvarez, pretenden competir por la gobernación. Saben que el oficialismo está saturado de candidatos, empezando por Cristina Kirchner y siguiendo por José Pampuro. Inclusive uno de ellos, Aníbal Fernández, se ha convertido en el principal interlocutor de quienes quieren convertirse en ex duhaldistas para ponerse pronto al servicio de Olivos. Gente como Díaz Bancalari o el antiguo jefe de Fernández, Carlos Ruckauf, quien cuando ejerció la gobernación recibió del actual ministrodel Interior alabanzas casi tan efusivas como las que hoy escucha Kirchner de los mismos labios y por las mismas radios (el obsequioso Fernández era ministro de Trabajo de la provincia). El vínculo de este funcionario con Ruckauf sigue tan efusivo como el odio que lo separa de Felipe Solá: triángulos «constantes más allá de la muerte» (Quevedo).

La superpoblación de candidatos vuelve muy atractiva para estos ex duhaldistas de Punta del Este la figura de Mauricio Macri, quien con el derrumbe de Ricardo López Murphy carece de candidato en la provincia para el próximo torneo. Con estas ambiciones especulan quienes planifican un pase colectivo hacia el macrismo, con la excusa del Consejo de la Magistratura.

Algunos de ellos hasta contrataron una consultoría para «ponerse en valor» antes de transferirse: experiencia adquirida por Juanjo Alvarez en el negocio de la compraventa de jugadores. Interesante giro de la historia, que acaso se está verificando en estas horas en la playa oriental: De Narváez y Macri volverían a formar una sociedad política como la que se rompió en 2002, cuando el presidente de Boca se negó a aceptar, contra el consejo del empresario, la candidatura presidencial que le había ofrecido Duhalde.

Sin embargo la complementariedad de estos peronistas con Macri no se agota en la jugada bonaerense. Detrás de todos ellos está, oculto, el sueño de Duhalde, a pesar de que el ex presidente se encuentre más inactivo que nunca. Crear una liga que contenga a Macri, Roberto Lavagna y Daniel Scioli, ésa es la fantasía. A propósito, el vicepresidente también está en Punta del Este aunque seguramente no conspira con nadie. Quedó escaldado con la última reprimenda de Cristina Kirchner y sobre todo con la versión más reciente sobre su origen: el ataque de furia que habría producido en Olivos la detección de un contacto suyo con el ex ministro de Economía.

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