El embrión se sembró la semana pasada, cuando Eduardo Luis Duhalde, Francisco «Barba» Gutiérrez y Miguel Bonasso sellaron un pacto estratégico para poner sus partidos «al servicio» de Néstor Kirchner como paso previo para, el 17 de octubre, montar un acto popular que los muestre activos y con poder de movilización.
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El objetivo final de ese show es revertir una imagen que, en sordina, el Presidente les confiesa a sus íntimos: que la transversalidad, que Olivos animó con recursos y logística, nunca dejó de ser sólo una expresión testimonial, sin peso específico en el territorio.
Kirchner es consciente de que, más allá de la profusión de grupos y grupejos que le juran lealtad, si en un mes se votara en la provincia de Buenos Aires, no tendría la estructura mínima para garantizarse, siquiera, una fiscalización electoral básica.
• Migajas
Entonces, como ya no quedan transversales que crean que su jefe vaya a ordenar un combate frontal con el PJ bonaerense, ahora pretenden exhibir «aparato» para que, a la hora del reparto de candidaturas y cargos, puedan hacerse acreedores de, siquiera, algunas migajas.
Cada cual a su modo, Gutiérrez, del Polo Social, y Bonasso, del PRD, lo reconocen. «Estamos aportando al Frente para la Victoria, el partido del Presidente al que, eventualmente se sumará el peronismo», dice el metalúrgico que militó al lado del cura Luis Farinello. Bonasso, que entre comentario y comentario aprovecha para hacer la promoción editorial de su libro de entrevistas, se prepara para terminar abrazado al duhaldismo: «Acá no estamos armando nada contra el peronismo, porque nosotros somos peronistas», se apura a aclarar.
Por eso, el show transversal, reivindicativo de su origen peronista, se programa para el 17 de octubre, Día de la Lealtad, desde donde el trío Bonasso-Gutiérrez-Duhalde ( Eduardo Luis) convoca a armar un frente que englobe a todas las vertientes kirchneristas.
Allí esperan juntar a los piqueteros de Luis D'Elía, Jorge Ceballos y Emilio Pérsico, y al resto de los fragmentos que promocionan su fidelidad al Presidente para, en conjunto, montar un acto común pensando en las boletas de las legislativas de 2005. Pero allí se anticipa un cortocircuito: D'Elía insiste con promover un esquema de pseudolemas donde Cristina Kirchner sea, al mismo tiempo, candidata a senadora por él y por un conglomerado transversal -Bonasso prefiere llamarlo «movimientista»- que presente candidatos a diputados propios. Gutiérrez, en cambio, ve a la senadora al frente de una papeleta única perteneciente al Frente para la Victoria. Bonasso, en un sabe no contesta permanente y sistemático, se escuda diciendo que esa decisión sólo la tomará cuando las cartas estén echadas. «Si Cristina es candidata por el PJ -algo que sólo decidirá ella-, ahí veremos qué hacer.»
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