Quizá la sensación de éxito en la pelea sindical todavía no le deje sentir a Mauricio Macri que más que ganarse nuevos aliados para su Gobierno porteño, esos amigos pueden complicarle la carrera y mantenerlo atrapado, como en un corralito.
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Será ingeniera de esas vallas, tal vez, Elisa Carrió, quien le ha prestado la semana pasada los votos imprescindibles para que Macri pueda sancionar una ley que le permite hoy volver a intervenir la obra social del sindicato de municipales y demostrar al gremialismo cuánto puede endurecer sus embates mientras gobierne. Le ha dejado, inclusive, Macri a Carrió, que la norma fuera redactada y defendida en el recinto por el propio Enrique Olivera y su bancada Coalición Cívica, aunque ese ex jefe de Gobierno tuviera que soportar los discursos en su contra de recientes aliados, como el socialismo que capturó para las elecciones a Jorge Telerman (de quien Olivera fue candidato a vicejefe).
Es hoy Carrió la que se considera autora de haber sacado a Macri del brete en el que había quedado cuando la Justicia le falló en contra de la intervención. La que suscribe el éxito que espera Macri le retribuya. Es la misma Carrió, que asegura con razón haberlo ayudado, la que piensa que Macri tal vez se apresuró en entrometerse en una guerra entre sindicatos de la cual puede salir más que lesionado.
Esa dirigente, que en el distrito donde gobierna Macri ha sido la más votada en todas las categorías electorales, en octubre pasado, está preparando ahora una denuncia sobre los negocios con los juegos de azar del amigo presidencial, Cristóbal López. La presentará esta semana (también un estudio sobre YPF que le preparan sus técnicos) y habrá que ver si ese Macri que festeja su logro de conseguiramigos contra el sindicalismo, muevelos labios para opinar. Hasta ahora conserva el mutis sobre el avance del gobierno nacional en las ganancias de las apuestas que deberían engrosar ese presupuesto al que busca rédito de donde puede. Nada ha dicho sobre la licitación de bingos, ni sobre la extensión de la concesión del Hipódromo de Palermo, donde López explota los tragamonedas (ni siquiera ha expresado su opinión sobre ese juego).
Algo esperará Carrió que diga, a menos a modo de gentileza. Más cuando Olivera asegura por estas horas que «no hay alianza», con Macri, pero que «sería de necios no apoyar lo que está bien».
Macri, que piensa hacer votar cerca de 50 leyes en su gestión, necesitará todas esas veces, votos prestados, ya que su bloque, mayoritario, no tiene quórum propio y requiere 3 de otras bancadas para llegar a los 31 que habilitan los debates.
Por otro lado, el sindicalismo, que termina atragantado por la no renovación de 2.300 contratos y que tratará de impedirle que repita la medida (el gobierno macrista quiere revisar 18.000 locaciones para ver dónde puede aplicar una nueva poda en un plantel que considera sobredimensionado) y como si le faltara para quedar arrinconado ahora su éxito también debe depender de Alberto Fernández. Al funcionario nacional reporta el titular de la Superintendencia de Salud, Héctor Capaccioli, quien tiene la decisión final sobre si la obra social municipal puede desregularse o no. No es poco. Macri ha prometido que los afiliados podrán optar a partir de la intervención que intenta concretar hoy y sabe que muchos, especialmente los docentes, festejaron esa decisión que vienen reclamando ante la Justicia.
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