6 de octubre 2004 - 00:00

Tres serios problemas

Lucía y Joaquín Galán, dúo Pimpinela. Abajo, Néstor Kirchner y Rodrigo de Rato.
Lucía y Joaquín Galán, dúo Pimpinela. Abajo, Néstor Kirchner y Rodrigo de Rato.
En un magnífico artículo que acaba de publicar en «Clarín» -aunque con mal remate-, el político radical Rodolfo Terragno demuestra con minucioso trabajo de recopilación, fecha por fecha, cómo el gobierno y sus principales hombres han insultado y han sido insultados por el Fondo Monetario con declaraciones detonantes pero, en definitiva, Roberto Lavagna y la Casa Rosada han ido cumpliendo casi todo lo que el organismo exige. Es como si hubiera un acuerdo para jugar así en beneficio mutuo: el Fondo no deja, actuando de esta manera, que se expandan rebeldías triunfales internacionalmente y que le den una imagen de debilidad. Néstor Kirchner, a su vez, cumple esas exigencias del organismo pero disfrazándolo y dejando la idea de que no lo hace o que se resiste tenazmente, con lo cual se evita -o cree que se evita- costo político.

La Argentina es el país que más ha cancelado en el último año deuda externa con el Fondo. Despotrica contra un superávit mayor a 3% destinado a pagar deuda pública, pero lo va a conceder en 4%. Del lejano Dubai lo único que queda en pie es el triunfo del seleccionado argentino de fútbol Sub-17 que dirigió Hugo Tocalli, porque de la propuesta presentada en esa ciudad, en que sólo se quería pagar 8 centavos por cada dólar adeudado a bonistas, ya la oferta está hoy en 30 centavos, aunque se siga afirmando que no se incrementará «el techo». De hecho, la actual disposición del gobierno para brindar a las AFJP locales condiciones más ventajosas para el pago de bonos por 2.600 millones de dólares a fin de que acepten la oferta próxima a lanzarse y concluir así con el default reduce mucho más la quita planteada en la versión de Dubai, y parece casi inevitable que tenga que extenderla a los tenedores internacionales.

El centroizquierda de Kirchner se está acercando a lo mejor, dentro de esa tendencia, desde ya. Cumple como un gobierno de centroderecha -inclusive paga menos- y compensa su línea izquierdista de vocación gastando en «museos de la memoria», enviando a Cristina Kirchner a visitar a Cuba, alimentando con altos fondos públicos a la vocería marxista para que convalide sin protestar este pícaro, pero indudablemente hábil esquema político. No es el ideal. Pagar pero alargando plazos para cuidarse políticamente fue doloroso en intereses acumulados (unos 20.000 millones de dólares, llamado «costo Lavagna»). Además desalentó las inversiones en niveles hoy de alarma. Que el mal peor pudo haber sido un esquema marxista puro en el gobierno es un alivio sólo cotejando el riesgo de ver instalarse en el poder un gobierno con hombres de ideas desconocidas y en un trámite electivo irregular.

Esta táctica, sin embargo, afronta hoy tres problemas serios que son principalmente domésticos, que no son económicos, ni vinculados a la deuda.

Uno es la huelga de hambre del dirigente piquetero Raúl Castells en el Chaco. Debió ser trasladado a un hospital y hoy cumple 20 días de ayuno. Sólo bebe agua y así, si además ingiere potasio, puede durar de 8 a 10 días más hasta entrar -si en realidad está concretando el ayuno y no es una parodia en complicidad con sus carceleros- en zona de riesgo de vida, algo que sería políticamente demoledor para el gobierno. También podría serlo aun cuando se dispusiera la intervención médica por la fuerza y se lo alimentara por vía intravenosa. Se puede cumplir con la derecha y disimular tal accionar frente a parte de la izquierda pero no al extremo de que entre en riesgo la vida de un líder opositor, de izquierda en serio y de accionar quizá mesiánico pero no violento. Eso lo pudieron hacer -hasta que perdieron la vida los ayunadores- el generalísimo Francisco Franco en España durante su larga dictadura y, luego, la «dama de hierro» de Inglaterra, Margaret Thatcher, que no cedió ante los huelguistas de hambre de las minas de carbón.

El otro tema en el que se complica la dualidad actual de Kirchner es cuando entra en juego el correcto accionar planeado por el ministro del Interior, Aníbal Fernández, desde que decidió usar fuerzas sin represión y sin armas de fuego para recuperar la calle de los piqueteros que violaban derechos de terceros y de los que también lo hacían al ocupar y extorsionar empresas, además de acrecentar día a día a los detenidos procesados por esos hechos. El desalojo en la planta Termap en Caleta Olivia -tan correcta que, inclusive, se hizo con orden de juez- entra en eso pero aun sin armas va aumentando la violencia y la resistencia en los hechos.

El ideólogo inicial del gobierno, Horacio Verbitsky, debe haber inspirado este método de posiciones políticas duales simultáneas y lo sigue practicando él como no le es posible al gobierno Kirchner. En la represión reciente sin armas, fundamentalmente del grupo político violento Quebracho, frente a la Casa de Gobierno, y ahora en los desalojos en Caleta Olivia, Verbitsky usó su sello privado de un presunto instituto que llama CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y emitió comunicados críticos a favor de los detenidos por presunta violencia y hasta torturas, pero para salvar imagen. Verbitsky critica pero es de los más preocupados por cualquier desborde que altere su cómodo usufructo de este gobierno y conserva con sus «comunicados» sus aportes desde Fundaciones norteamericanas; cobra bien por apoyo al gobierno nacional; mantiene «punteros» suyos entre funcionarios públicos y maneja fondos de organizaciones de «memoria» bonaerenses. Salva imagen -o lo pretende- como el gobierno no puede hacerlo.

El tercer problema de actuar como de derecha y sentir de izquierda es que se pierde respeto, sobre todo internacional, aunque internamente se pueda disimular, básicamente solventando prensa y con la complicidad de esa parte aburguesada de la izquierda light.

Los hombres de Lula da Silva en Brasil, por caso, declararon que
«el manejo racional de la economía no es patrimonio de la derecha» y tienen ese respeto mundial.

• Respeto

La madurez y el accionar transparente de la izquierda moderada que gobierna Chile respetaba a un Carlos Menem definido más que a un Kirchner ecléctico. Lo que escribió cinco meses atrás el nuevo canciller trasandino, Ignacio Walker, es lo que mayoritariamente piensan el gobierno y también, en buena medida, el pueblo chileno, aunque cometió el error de escribirlo sin imaginar que el presidente lo llamaría meses después al gobierno y nada menos que como canciller.

Internamente en la Argentina hasta buena parte de los peronistas reconocen que han sido autoritarios y aquí tampoco llamaría la atención que alguien llame a buena parte del movimiento y de sus líderes
«corporativos y fascistoides». Ni hablar de lo generalizado que está aquí llamar al peronismo duhaldista (también al radicalismo alfonsinista) «clientistas». Pero es distinto que todo eso, cierto aunque desde ya con sectores exceptuados, que lo haya expresado el nuevo canciller de un país que depende en 60% de su consumo energético del gas que forzadamente se lleva de la Argentina. Es grave porque al gobierno Kirchner la crisis energética lo llevó a lo obvio: priorizar el consumo interno. Muy poco después repuso el suministro a Chile y por demás (en los 8 primeros meses de este año se exportó 12% más gas a Chile que el año pasado). Lo repone la Argentina para agradar al presidente Lagos cuando no hay convenio de exportación ratificado por Parlamentos y cuando al hacerlo el mandatario argentino sacrifica futuras generaciones de connacionales porque las reservas del fluido hoy alcanzan a 12 años y no corresponde a nuestro país comercializar esa riqueza no renovable. En tanto, Chile castiga a sus compatriotas cuando hablan de darle una salida al mar a Bolivia. Es un respetable patriotismo, pese a que ese territorio costero fue arrebatado en una guerra. Pero Chile puede sustentar su negativa porque la Argentina sigue dándole el gas que los bolivianos no le ceden.

No hay salida honrosa a este problema de Walker. No se arregla con una disculpa porque el concepto nació del alma del chileno al escribirlo ya que no fue fruto de un discurso improvisado. Además, fue demasiado realista y creativo al llamar a la industria argentina «de invernadero» (buena imagen literaria). Lo es porque la tenemos sustentada en un proteccionismo excesivo.

Que la opción chilena sea crear un cargo de «subcanciller» exclusivamente para el trato con la Argentina, como sería el ministro del interior trasandino, Jorge Miguel Insulza, suena ridículo, aunque se implante.

Buena parte de nuestros problemas, como estos tres, es consecuencia del gatopardismo de los argentinos. En 1989 se votó a un Carlos Menem que se suponía retrógrado, cavernario y resultó un moderno centroderecha. En 2003 se votó a un Néstor Kirchner sin saber tampoco que era un centroizquierdista setentista que para mejor ahora interactúa con De Rato del Fondo Monetario en un juego de ataques verbales que suenan ficticios y se asemejan a las canciones presuntamente violentas del dúo de los hermanos
«Pimpinela». Mayor era la semejanza cuando la contraparte de nuestro santacruceño era Anne Krueger.

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