9 de mayo 2006 - 00:00

Trotskistas vs. Lula, Kirchner y Evo por gas nacionalizado

El anuncio del gobierno boliviano de «nacionalizar» los recursos petroleros mediante una renegociación de contratos lo despertó a Jorge Altamira, líder del sello trotskista Partido Obrero, enancado hoy en el patrocinio del piqueterismo más agresivo. La medida le sirve al ex legislador para cargar sobre los que considera falsos progresistas como Lula da Silva y Néstor Kirchner. Pero también contra el propio Evo Morales, considerado desde esta óptica ultrista un moderado que debería, según Altamira, avanzar en medidas más revolucionarias. Veamos la nota que escribió para el órgano partidario «Palabra Obrera».

George W. Bush
George W. Bush
La decisión del gobierno de Bolivia de nacionalizar el petróleo desató, por lo menos, una crisis internacional. Poco afecto, dicen, a las reuniones internacionales y protagonista de más de un desplante diplomático, Kirchner demoró menos de lo que canta un gallo en montar una reunión con Lula y Chávez para improvisar una respuesta a la situación creada. No los inspira la solidaridad con Bolivia, sino la necesidad de una política para enfrentarla.

Al «pobre» Lula, el anuncio de Evo Morales le arruinó el 1 de Mayo, obligándolo a presidir reuniones de emergencia durante ocho horas seguidas. El apuro exhibido por estos presidentes «nacionales y populares» para verse las caras obedece a la necesidad de defender los intereses de Petrobras, Repsol y Techint. Petrobras no es de ningún modo una empresa brasileña nacionalizada, sino una compañía controlada por los fondos de inversión de Estados Unidos y las Bolsas de Nueva York y de San Pablo, que está administrada por funcionarios públicos de Brasil.

Al pulpo «argentino» del acero, aunque con sede en Luxemburgo, las noticias de Bolivia le pueden amargar el tendido del Gasoducto del Norte, para el cual su socio Kirchner ya tenía previsto un subsidio de más de doscientos millones de dólares. En este arco iris de «progresistas» que defienden a los monopolios no podía faltar el «socialismo» español: «Zapatero advirtió a La Paz sobre las consecuencias» (dice «La Nación»). El agente de la monarquía hispana hubiera empleado otro lenguaje, claro, si se hubiera tratado de un choque con Bush, a cuyo servicio envía soldados a la muerte en Afganistán. Contra la decisión boliviana se pronunciaron todos los agentes y voceros del imperialismo.

Kirchner estuvo mandando «emisarios» en forma continua, sea «piquetruchos» o el mismo De Vido. Pero la crisis se había agudizado como consecuencia de la tentativa de una empresa brasileña, la siderúrgica EBX, que es altamente contaminante, de quedarse con la explotación de hierro del yacimiento del Mutún, departamento de Santa Cruz, en la frontera con Brasil. Las patronales de Santa Cruz, por este y otros motivos, habían anunciado un paro general para la semana que corre. Los capitalistas brasileños controlan 25% del comercio de soja de esta provincia de Bolivia. Nada de esta conspiración desestabilizadora alteró los humores de Lula ni de Kirchner.

Sólo los sacó de las casillas la salida del decreto de « nacionalización».

  • Picardía

    El decreto de Evo Morales, sin embargo, está muy lejos de nacionalizar el petróleo boliviano. Es precisamente lo que quiere decir cuando afirma que no hay expropiación; la explotación sigue en manos de los pulpos. El decreto de Evo Morales ni siquiera recupera el patrimonio de YPFB, que fue confiscado en oportunidad de la privatización debido a las condiciones leoninas con que fue entregado a sus apropiadores: Repsol, Total, British Gas y Chevron.

    Evo Morales ha jugado nuevamente con bastante picardía al ordenar al ejército a ocupar los pozos y los yacimientos, porque de este modo permite que el alto mando militar realinee al ejército, que había jugado un rol de masacrador de las masas, con una posición nacionalista.

    Lo que el gobierno no controla o domina son las masas, que no han visto una mejora de sus condiciones de vida en el corto lapso de gobierno, en especial, el incumplimiento de los compromisos de aumentos de salarios.
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