18 de octubre 2004 - 00:00

UCR avanzó en Buenos Aires hacia el cisma: ¿dos boletas en 2005?

Gustavo Posse, Margarita Stolbizer y Leopoldo Moreau
Gustavo Posse, Margarita Stolbizer y Leopoldo Moreau
Fue menos sangriento de lo esperado: no hubo crucifixión de rebeldes ni pronóstico de guerra santa. Pero quedó activada una amenaza: la fracturada UCR bonaerense podría coronar su secesión presentando boletas paralelas -una oficial; otra disidente-en las legislativas de 2005.

No es el mejor augurio para un partido que en 2003 arañó 2% en la presidencial y, para sorpresa de muchos, cosechó 10 por ciento en la elección de setiembre para gobernador de Buenos Aires. El futuro sería más tenebroso si esas migajas terminan repartidas en dos platos.

• Decisiones

Durante el fin de semana, en Cañuelas, la UCR celebró su convención partidaria y dispuso que esa mesa chica, que preside el storanista Alberto Giordanelli, será la única facultada para habilitar o anular alianzas electorales para los comicios del año próximo.

No es distinto de lo que ocurrió históricamente -aunque anteriormente la lapicera quedaba en poder del Comité Provinciapero en el escenario de fragmentación que enfrenta el partido, y que estalló en el congreso de Mar del Plata, toma otra relevancia.

En ese movimiento, el oficialismo de Leopoldo Moreau y Federico Storani, que encarna Margarita Stolbizer como jefa de la UCR, abortó un planteo de los disidentes del Grupo Olavarría, quienes pretendían que esa potestad se derive a las autoridades de cada municipio.

No es un detalle chico. Ante esa resolución, los rebeldes, que coquetean con Ricardo López Murphy -como Gustavo Posse de San Isidro-o Elisa Carrió -como Gustavo «Cachi» Gutiérrez de Pergaminoquedan en una encrucijada: romper con el partido o someterse a sus designios.

Hay, claro, variables según cada caso:

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En el interior, el peso de la marca UCR es más relevante que en el conurbano. Posse, por caso, compitió y ganó con un sello vecinal. Y podría hacerlo sin inconvenientes en 2005. Lo mismo vale para Enrique «Japonés» García de Vicente López. Pero para los intendentes del interior,-la ecuación no es tan lineal.-Muchos intendentes y legisladores, incluso, podrían derrapar si les brota una boleta oficial al margen de las suyas propias. Sobre todo porque, en la elección que viene, sus nombres no estarán en las papeletas. Este dato supone que la táctica del dúo Moreau-Storani, sostenido por Raúl Alfonsín, pondrá en aprietos a los dirigentes del interior. ¿Será suficiente para opacar esa ausencia colgarse de un apellido como el de López Murphy?

. Pero, a su vez, el radicalismo necesitará, como nunca antes, un arrastre a dos puntas para obtener un resultado saludable. En 2003, 10% de Stolbizer se sostuvo básicamente por el aporte que hicieron los intendentes del interior: la ola fue de abajo hacia arriba. Sin ese caudal, la candidatura a senadora de Stolbizer -que en las encuestas acumula un tímido 1,5%- quedaría huérfana y a la deriva. En este sentido, la dama de Morón -al igual que Moreau y Storani-necesitan colectar la mayor cantidad de coroneles para que les acerquen votos. Este fenómeno puede actuar como factor para flexibilizar la imposibilidad de alianzas extrapartidarias.

. Se genera entonces una necesidad mutua: ninguno de los actores -salvo los citados
Posse y García, y quizá
Helios Eseverri en Olavarríapuede prescindir del otro. Frente a eso, hubo indicios de entendimiento. El jueves, en un despacho del Congreso Nacional, Stolbizer recibió a una delegación rebelde integrada por Gutiérrez y los legisladores Gustavo Vignali, Juan Pedro Tunessi y Alberto Conde. No se logró concertar una convención compartida pero quedó abierto el diálogo para negociar en el futuro sobre cada distrito y sección. Por lo pronto se evitó una cacería de disidentes. Según el reglamento partidario, los que fueron en boletas que no pertenecían a la UCR deberían haber sido expulsados. Si se hubiese aplicado la ley, 6.000 dirigentes tendrían que haber sido crucificados. No ocurrió.

. Claro que el capítulo más caliente será la
«boleta mayor», la referida a los candidatos nacionales y provinciales. Quienes quieran llevar a López Murphy tendrán que resignar la sigla UCR a nivel local, al menos formalmente. Podrán, como ocurre siempre, repartir boletas cortadas pero eso, para el economista, no es un negocio garantizado. Por ello, precavida y terminal, Carrió -que seduce a intendentes como Gutiérrez-mandó a Carlos Raimundi, el jefe del ARI Buenos Aires, a comentar sus requerimientos para una alianza: «Si quieren aliarse con nosotros, tienen que abandonar el partido». En forma intencionada o no, la ex diputada enterró toda posibilidad de entendimiento con los disidentes pro ARI.

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