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Si De Vido recorre con éxito su circuito, tal vez la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega pueda sobrevolar las cuestiones conflictivas y dedicarse al objetivo central de su travesía: convocar a la Argentina a tener un rol cooperativo en la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Salamanca en octubre. Fernández de la Vega estará en Buenos Aires no más de 48 horas entre el 4 y el 5 de agosto.
Aprovechará también el fin de semana y el receso estival de España para dar un salto hasta las Cataratas del Iguazú o, tal vez, alguna playa de Brasil.
La que llegará el mes próximo es una figura mayor del esquema de poder que rige actualmente en España.
Valenciana, de 55 años, se trata de una jurista de larga trayectoria, inclinada levemente hacia la izquierda a pesar de su origen aristocrático. Durante el anterior ciclo de poder socialista, con Felipe González en la cumbre, Fernández de la Vega secundó a Juan Antonio Belloch como viceministra de Justicia; también integró el Consejo General del Poder Judicial (equivalente del Consejo de la Magistratura argentino) mientras lo presidía Pascual Sala Sánchez, el actual titular del Supremo Tribunal Constitucional. Si existiera un identikit de la jurista «progre», el modelo Fernández de la Vega es casi perfecto. Especialmente por sus trabajos en materia penal, de los cuales la reforma a las regulaciones del aborto es sólo uno. No hay que descartar que otra Fernández, Cristina Kirchner, quiera ponerla a su lado durante la campaña que viene desarrollando para capturar la senaduría bonaerense. ¿Se encargará de eso el embajador Carlos Bettini? El representante argentino en Madrid mantiene una amistad de más de 20 años con la visitante, a quien tuvo como huésped en su departamento porteño en más de una ocasión. Por supuesto, la vicepresidenta ya tiene un lugar en la agenda de Kirchner (sería adecuada la puntualidad: parece que su perfeccionismo es insoportable).
La asociación subliminal con esta intelectual y política no agotaría el puente simbólico entre Buenos Aires y Madrid durante la campaña electoral. Para la misma época en que llegue Fernández de la Vega visitará la Argentina el juez Baltasar Garzón. Intervendrá en los actos destinados a poner en funcionamiento el Museo de la Memoria que se instalará en lo que fue la ESMA. Garzón llega de la mano de otro diplomático K, el cónsul en Nueva York, Héctor Timerman, quien está asociado a ese juez estrella en varias sociedades civiles de lucha por los derechos humanos.
En el caso de Garzón, la administración estará desafiada por el doble ángulo que presenta la figura del magistrado: es el azote de los militares argentinos acusados de violaciones a los derechos humanos pero también ha sido implacable en su persecución de la ETA. Esta congruencia no suele ser frecuente en la progresía argentina, como se verificó en varias decisiones judiciales recientes.
Más discreta, también más inquietante, será la visita de Sebastián, acompañando a Fernández de la Vega. El economista ha sido el mejor abogado del gobierno de la Argentina ante Zapatero (a veces a costa de su propia tranquilidad ante su jefe). Pero también es uno de los más críticos observadores de la política económica, sobre todo por el escaso grado de institucionalidad que la envuelve y a raíz de algunas inconsistencias que se hacen cada día más evidentes (la decisión de apostar por la estabilidad del tipo de cambio en detrimento de la de precios es el reproche que se escucha ahora más a menudo en el exterior). Sebastián explorará el territorio, indagará las posibilidades de remoción de Roberto Lavagna, hablará de la agenda futura de relaciones económicas con una España que quiere ir desligándose de la imagen de metrópoli administradora de servicios públicos. Un diseño que domina la gestión del embajador Carmelo Angulo Barturén, acaso demasiado geométrica para la inestabilidad de nuestras pampas. Tal vez De Vido colabore con esos objetivos. El viaje de Sebastián casi se suspende por el incumplimiento de los compromisos que asumió el gobierno con sus amigos socialistas españoles.




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