11 de enero 2002 - 00:00

Un grave error estratégico

La devaluación monetaria constituye una gravísima equivocación estratégica de quienes tomaron el poder, que está llamada a provocar fuertes consecuencias negativas sobre el presente y el futuro de la Argentina.

Este error estratégico constituye un golpe mortal contra la estabilidad económica y la inserción internacional del país, que fueron las dos conquistas fundamentales de las grandes reformas estructurales realizadas por el peronismo en la década del 90, una transformación de fondo que fue paralizada primero y desvirtuada después durante estos dos terribles años de desastroso gobierno de la Alianza, cuyo estruendoso y fenomenal fracaso colocó a la Argentina de cara a la emergencia política, económica y social más grave de toda su historia, peor aún que el colapso hiperinflacionario de 1989.

Estamos ante una decisión socialmente regresiva. En lo inmediato, la experiencia histórica indica que toda devaluación monetaria genera efectos inflacionarios, que implican la reducción de los salarios de los trabajadores, los haberes de los jubilados, los activos de las empresas y los patrimonios de todas las familias argentinas. Beneficia, en cambio, a las eternas minorías privilegiadas, que tienen depositados sus ahorros en el exterior.

En estas circunstancias, la devaluación incrementará aún más los ya elevadísimos índices de pobreza y de marginalidad social. En la práctica, significa la institucionalización del dualismo social mediante la instauración de un sistema de dualismo monetario. El dólar funcionará como la moneda de refugio para las franjas pudientes de la población, mientras que el peso devaluado será la moneda obligada de los trabajadores y de los sectores sociales más desprotegidos.

En el mediano y largo plazo, los efectos de la devaluación son todavía peores. En medio de una extraordinaria crisis de confianza interna y externa, la pérdida de la estabilidad monetaria agrega innecesariamente una enorme cuota de incertidumbre sobre el porvenir de la Argentina. En este contexto, no es posible esperar ni una salida del "corralito financiero" que nos asfixia ni una recuperación de los niveles de inversión nacional e internacional, requisito absolutamente indispensable para salir de la recesión y retomar la senda del crecimiento económico, única alternativa verdaderamente sustentable para combatir el desempleo y elevar el nivel de la vida de los argentinos.

¿Cómo es posible que en nombre del justicialismo se rebajen los salarios de todos los trabajadores?. La respuesta es simple. Las estructuras partidarias bonaerenses han tomado el poder de la Argentina. El objetivo de duhaldistas y alfonsinistas fue evitar realizar un ajuste de 2000 millones de dólares sobre un presupuesto provincial de 10.000 millones. Por ello, impulsaron deliberadamente la devaluación.

El resultado es que una vez más las provincias argentinas van a financiar el déficit de Buenos Aires. Por ello, devaluar fue una decisión política y no una necesidad impuesta por los acontecimientos como se pretende argumentar.

Por elementales razones de disciplina política y para evitar una nueva crisis institucional, el proyecto oficial fue esta vez respaldado mayoritariamente por los bloques parlamentarios del peronismo. Por encima de las naturales discrepancias que puede generar dicha postura, cabe señalar que esta actitud revela que, a diferencia de lo que demostró la Alianza durante el anterior gobierno, el peronismo es capaz de ser solidario hasta con el error.

Importa subrayar que la iniciativa de devaluar contó también, como no podía ser de otra manera, con el activo apoyo del radicalismo y del FREPASO, las mismas dos fuerzas políticas que configuraron la Alianza que en sólo dos años destruyó al país. En ésta oportunidad, puede sí afirmarse que ambas fueron coherentes con su propia historia: sus representaciones legislativas ya se habían opuesto en 1991 a la sanción de la Ley de Convertibilidad que ahora contribuyeron a derogar.

Es comprensible, entonces, que los integrantes de la Alianza vean esto como una victoria. Han logrado que el país retroceda a la década del 80: un mundo de regulaciones, dirigismo económico, corrupción estructural y hondo aislamiento internacional.

A partir de ahora, es necesario prever un agravamiento de la crisis argentina, un escenario que no deseamos pero que está inscripto inexorablemente en la lógica de los acontecimientos.

El peronismo constituye hoy la única reserva política con que cuenta el país para superar la crisis. Resulta indispensable entonces, evitar a toda costa, que el previsible incremento del actual estado de frustración colectiva de nuestro pueblo termine por incorporarlo definitivamente al cuadro de deslegitimación que exhibe el conjunto del sistema político argentino.

Por esa razón trascendental, que no es de carácter partidario sino de inequívoco interés nacional, el peronismo, todo el peronismo, sin distinción de limites geográficos, mas allá de sus corrientes internas y por encima de candidaturas y proyectos personales, esta obligado a prepararse desde ya para impulsar decididamente un drástico cambio de rumbo, que permita recrear nuevamente la confianza en la Argentina como Nación, en el marco de una nueva etapa de transformación revolucionaria, que requerirá el concurso y la participación solidaria de todos los argentinos.

CARLOS SAUL MENEM

Adhieren:
Alasino, Augusto; Albanese, Pascual; Bevacqua Adriana; Cassia, Antonio (MOP); Castro, Jorge; Cavana, Fernando; Constanzo, Remo; Figueroa, José; Goñi, Marita; Mera Figueroa, Julio; Mikkelsen Loth Federico; Mosso, Ana; Mouriño, Javier; Pardo, Angel; Raventos, Jorge; Sager, Hugo; Sebastiani, Claudio; Tell, Alberto; Zalazar, Horacio... siguen las firmas

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