21 de abril 2008 - 00:00

Un listado que simula equilibrio

Un listado que simula equilibrio
La anécdota tiene innegable actualidad. Unos cuantos años atrás, el dirigente del PJ porteño Miguel Unamuno se encerró a discutir el armado de una lista y salió, casi dos horas más tarde, con cara de preocupación. Sus laderos, que esperaban afuera, lo rodearon.

- ¿Y... ¿qué pasó?, ¿cómo nos fue? -lo interrogaron, intrigados, a coro.

- Nos cagaron: yo voy como diputado -respondió Unamuno, pétreo.

El Unamuno de 2008 es Alberto-Fernández que terminó criticado por el cacicazgo del peronismo de la Capital, molesto porque esa filial partidaria se consideró mal pagada en el reparto de cargos para la cúpula del PJ que desde el sábado conduce Néstor Kirchner.

El caso porteño es uno de los cinco ejemplos que vale la pena revisar para entender cómo funcionó el régimen de premios y castigos de Kirchner y cómo busca, con éxito dispar, contener al peronismo para proteger en días bravos a su esposa, Cristina de Kirchner. Veamos:

1- El jefe de Gabinete recalaen la Secretaría General del PJ no por su pertenencia territorial sino personal por su cercanía a los Kirchner y, además, el cargo es casi simbólico: absorbido, poco tiempo podrá destinarle a los trajines partidarios. Es, eso sí, un premio para Fernández que con Kirchner fuera del poder perdió protagonismo en lo político aunque lo expandió en materia de gestión. Así y todo, el PJ porteño sólo cobra migajas: vía Fernández y vía Víctor Santamaría, escolta del jefe de Gabinete. Podría, además, computarse la mitad de Andrés Rodríguez, que llega ahí por ser jefe de UPCN, gremio amigo de la Casa Rosada.

2- El pago al porteño tiene, además, otro dato para amortizar: Mario Das Neves, que se entretuvo profiriendo todas las maldiciones conocidas contra el jefe de Gabinete, terminó entre los cinco secretarios de más peso de la cúpula del PJ. Se auguraba al chubutense una temporada de aislamiento, pero Kirchner, en persona, lo sentó en la «mesa chica» del PJ. ¿Fueron las buenas artes de Julio De Vido -el otro ministro premiado con un cargo relevante-o, de algún modo, el patagónico consintió la perdigonada del gobernador contra Alberto Fernández? Es ostensible la diferencia entre el trato que recibió Das Neves y el que recibieron Carlos Reutemann, Felipe Solá y al gobernador Juan Schiaretti (Córdoba), de comportamiento díscolo en las horas de crisis rural: los cuatro terminaron arrumbados entre el pelotón de vocales, colectivo donde abundaron los ex gobernadores: allí aterrizaron, Jorge Obeid, Juan Carlos Romero, Eduardo Fellner, Carlos Verna, Rubén Marín además de Reutemann y Solá. Mejor le fue a Oscar Jorge (La Pampa) que al menos quedó entre los 22 secretarios.

3- La lista sirvió, además, para ratificar las preferencias de la Casa Rosada en el rubro sindical: no sólo por la vice primera para Hugo Moyano sino, y particularmente, la secretaría gremial para Antonio Caló, metalúrgico al que Kirchner quiere como número dos de Moyano en la CGT. Doloroso desplante a Gerónimo «Momo» Venegas: Kirchner entregó 10% de la lista a gremialistas pero ignoró expresamente al jefe de UATRE que, además, es titular de las 62 Organizaciones. Moyano, Caló, Rodríguez, Santamaría, Gerardo Martínez, Julio Piumato, José Luis Lingieri y Héctor Recalde son los delegados por los gremios, rama que superó ampliamente a las damas -que sumó 6 ( Giannettasio computa como PJ bonaerense)- y a la de jóvenes que cosechó la misma cifra: Juan Cabandié, Mariana Grass, Sebastián Tapia y José María Ottavis. Tres de ese grupo son de La Cámpora, la agrupación que patrocina Máximo Kirchner.

4- El juego de compensaciones apareció también con los bonaerenses, que se quedaron con dos de los siete cargos de más peso: Daniel Scioli en la vice y Alberto Balestrini en la secretaría política, pero que también cobraron con Julio Pereyra (Asuntos Municipales), José María Díaz Bancalari ( Institucionales), Graciela Giannettasio (Internacionales) y los vocales Florencio Randazzo, José Pampuro, Graciela Camaño, Aníbal Fernández, Hugo Curto, Mario Ishii y Sergio Massa. Alguien podrá tentarse con contar en ese equipo a Eduardo Camaño, el lavagnista solitario, y quizá no se equivoque. Tanta presencia bonaerense revela la importancia que Kirchner le da a ese territorio. Scioli asoma, sin duda, como uno de los grandes ganadores y obliga a, como mínimo, revisar cómo puede rediscutirse la conducción del PJ bonaerense que se pondrá en juego a fin de este año o, más probable, a principios del próximo. Para ese lugar parecía predestinado Balestrini, pero lo sueña también Randazzo y, en medio del tironeo, podría surgir Scioli como ordenador.

5- Cuando, en diciembre pasado, Kirchner optó por ocupar él mismo la conducción del PJ imaginó un partido con dirigentes jóvenes que no quede encorsetado a los caciques provinciales. Los tropiezos de la gestión cristinista, la sucesión de crisis lo hicieron revisar esa decisión: al final, terminó recostado sobre los gobernadores y hasta el cupo femenino en la cúpula partidaria respondió a esa lógica: Beatriz Rojkes de Alperovich, que integraba la Junta Electoral a la que renunció al igual que José María Díaz Bancalari, fue un pago a los gobernadores gentiles y amigos. Lo mismo ocurrió con Jorge Capitanich (en una importante vicepresidencia), Sergio Urribarri, Juan Manuel Urtubey y José Luis Gioja. Como contracara, el último vestigio de la transversalidad recayó en dos dirigentes del Movimiento Evita: Emilio Pérsico y la riojana Teresita Luna.

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