4 de mayo 2005 - 00:00

Un poeta con la palabra devaluada

Es posible que Brasil no alcance los objetivos que se ha planteado el canciller Celso Amorim durante su gestión. Ya lo dijo aquel ministro de Relaciones Exteriores de Fernando Henrique Cardoso, Felipe Lampréia: «No estamos en condiciones de hablar de liderazgo porque eso sale muy caro». Pero seguramente la Argentina no llegará a sus metas con la gestión de Rafael Bielsa. Sencillamente, el ministro carece de rumbo.

La prueba más evidente es su posición ante la pretensión de la banca permanente en el Consejo de Seguridad a la que aspira Brasil. Antes de asumir como ministro, en declaraciones a la prensa internacional, Bielsa dijo que esa posición debía ser reconocida al vecino, sin duda. Algo le hizo cambiar de opinión, seguramente el aprendizaje forzado al que lo sometieron sus asesores diplomáticos.

• Liderazgos

En aquel tiempo, el canciller se prodigó también en otros conceptos, igualmente superficiales: «Chile tiene un liderazgo de concepto; Brasil, un liderazgo de volumen. La Argentina tuvo cinco premios Nobel; por lo tanto, puede trabajar humildemente en un liderazgo de concepto con volumen.

La unión con Chile significa que Chile cambia de escala y la Argentina obtiene salida hacia el Pacífico. La unión con Brasil significa que tenemos una potencia industrial con la cual trabajar en emprendimientos para terceros Estados. Para nosotros no es tanto el mercado de Brasil como trabajar juntos para afuera».

Al cabo de dos años de gestión, es lógico que en Brasil digan que no hay problema alguno con la Argentina el mismo día en que el canciller expuso un inventario de malentendidos y ofensas. Como si nadie tomara demasiado en serio su palabra.

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