2 de agosto 2005 - 00:00

Una enredada renovación

Raúl Alfonsín prometió la renovación. Y todos entendieron que había comenzado por el método: por primera vez, que se recuerde, contrató a una agencia de prensa para defender la batalla nocturna en las redacciones en contra de su desafiante Margarita Stolbizer.

Eligió -hay que presumir su libre albedrío en este caso- la de César Mansilla. Pesar para Mario Brodersohn, quien seguramente debió hacerse cargo de la factura: alrededor de 40.000 pesos. Alfonsín se quejaba ayer: «Les dijeron a todos que habíamos ganado pero nadie les publicó nada», bromeaba el austero ex presidente.

Hay, como siempre en la política, otra versión de los hechos. Como suele ocurrir en las campañas proselitistas, se acostumbra que el candidato mejor ranqueado económicamente le regale el prensero al más humilde. Según esta lectura, Mansilla fue un presente -caro, es ciertode Eduardo Duhalde, que vino «en nombre de viejas luchas», como decía Ricardo Balbín. O de nuevas luchas: hay quienes creen que la instalación de Alfonsín en la presidencia de la UCR es un ladrillo en el edificio que construye Duhalde para el 2007 de Roberto Lavagna. La cercanía del prensero Mansilla con Duhalde se debe a los servicios que presta para Francisco De Narváez, candidato a diputado en las listas de Chiche Duhalde. Pero son relaciones de contigüidad que no prueban nada. ¿O acaso hay que vincular a Alfonsín con Mauricio Macri y Ricardo López Murphy? Jamás el ex presidente se contaminaría con «la derecha» como a él le gusta decir, aunque frente a las redacciones llamara en su nombre Mateo Goretti, vocero de López Murphy y Macri.

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