11 de enero 2005 - 00:00

Universos paralelos: el PJ y la UCR, con amagues de cisma

Felipe Solá, Leopoldo Moreau y Gustavo Posse
Felipe Solá, Leopoldo Moreau y Gustavo Posse
UNO. Antes de que se apague el verano, los radicales disidentes con domicilio en el conurbano bonaerense formalizarán su escisión de la UCR oficial: armarán un partido propio que a nivel provincial se colgará de la candidatura a senador de Ricardo López Murphy.

DOS.
Si, como proyecta Eduardo Duhalde, en febrero el duhaldismo retoca la Ley de Internas Abiertas, Felipe-Solá mandará a anotar en la Justicia electoral un sello independiente como «Plan B» para competir por fuera del peronismo en las legislativas de octubre.

Los dos episodios serán fruto de la siembra secesionista que dejó 2004 en Buenos Aires y llevará más allá del parloteo la amenaza rupturista que, como en un juego de espejos, sacudió a la UCR y al PJ el año pasado.

• Antecedentes

Para encontrar antecedentes hay que remontarse a 1985, cuando Antonio Cafiero le vació el PJ a Herminio Iglesias, y hasta 1957 para revisar el duelo entre Arturo Frondizi y Ricardo Balbín que dividió a la UCR en Intransigente y Del Pueblo.

Este año, que tiene su horizonte político en las legislativas del 23 de octubre, verá florecer u opacarse los dos estallidos. En ambos casos, marzo se proyecta como el mes de las definiciones. Con similitudes y diferencias, el escenario se bosqueja del siguiente modo:

• La filial conurbano del Grupo Olavarría, que tiene al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, como agitador mayor, presentará en las próximas semanas un partido propio para competir por fuera de la UCR. Con ese sello pelearán en los distritos por los cargos de concejales y a nivel seccional por bancas provinciales. A esa aventura también se podría plegar la UCR de La Plata que, sin brújula, afina un pacto con Pablo Bruera que les prestaría su logo para consumar su escisión de Leopoldo Moreau y Federico Storani. Ese partido terminaría -salvo un imprevisto-adhiriendo a la candidatura a senador nacional de Ricardo López Murphy. Y, en algún distrito, a la boleta del ARI que por ahora tiene a Marta Maffei como postulante «top». Parte de un cálculo: con López Murphy colectando 8% de los votos, se garantizan dos concejales por distrito.

• Pero la rebelión del Gran Buenos Aires no se expandirá al interior de la provincia donde los rebeldes prefieren ir a internas contra el dueto
Moreau-Storani, a quienes Raúl Alfonsín roció con su bendición desde el palco el 10 de diciembre en La Plata. «Tienen 50 años y mucho para dar todavía», dijo. ¿Por qué los díscolos del interior van a internas y los del conurbano no?

Simple: en el interior, no quieren resignar el logo UCR que, a pesar de los tumbos, aún tiene validez y aporta un caudal de votos. Pero en el conurbano ese valor está diezmado y, encima, los rebeldes temen que la logística partidaria que maneja Moreau los embarre.
Sin vueltas: advierten sobre el riesgo de fraude, sobre todo si -como planea el duhaldismoel control de la primaria vuelve a quedar en manos de los partidos.

• Además, los coroneles del Grupo Olavarría del interior presumen que la candidatura de
Margarita Stolbizer se derrumbará, a más tardar, en marzo. La dama de Morón no mueve el termómetro electoral, y los rebeldes esperan un gesto del oficialismo para consensuar un candidato común. Eso hasta habilitaría que en algunas secciones -por ejemplo, la Séptima, donde de la mano de Helios Eseverri la disidencia controla Olavarría, 25 de Mayo y Bolívar-haya listas de unidad. De ese modo, por necesidades estratégicas concretas, el Grupo Olavarría tomará posturas distintas frente a la interna de cargos electivos que se prevé para mayo o junio.

En cambio, unificado, enfrentará al oficialismo en la primaria para cargos partidarios cuya fecha es un acertijo: históricamente fue a mediados de año, pero la última se hizo a fines de 2003.

• Mientras la rebelión en la UCR es un hecho, en el PJ
la «montonera» de Felipe Solá contra Eduardo Duhalde está atada a múltiples variables. Una de ellas, quizá la más relevante en términos operativos, es la intención del duhaldismo de reformar la Ley de Internas Abiertas restituyendo a los partidos el «poder de policía» en las primarias. En esas condiciones, Solá se queda sin chances. Por tanto, acordó con sus colaboradores que si el proyecto de Duhalde avanza, inscribirá un partido propio para usar como sello de goma para competir por fuera del peronismo. De todos modos, el último empujón depende del combustible que reciba de la Casa Rosada. El paraíso del gobernador requiere, como un sol, que Cristina Kirchner sea candidata en la provincia por fuera del peronismo. Sin eso, el esquema felipista extra-PJ se desmorona.

• En adelante, para el gobernador y los suyos, todo será remar en la arena. En febrero o marzo, Solá podría sufrir otro traspié: para esa fecha, el jefe del bloque de senadores del PJ,
Juan Amondarain, que sustenta la rebelión felipista, dejaría su sillón. Tendría una salida elegante, «hacia arriba» -un ministerio o algún cargo en el Ejecutivo-, porque piloteó bien el bloque y si renuncia, es producto no de la inquina del duhaldismo en su contra, sino porque un felipista no puede conducir un bloque donde la mayoría reconoce a Duhalde como su jefe. ¿Sucesor? Muchos nombres; dos o tres con chances: el sureño Haroldo Lebed, el quilmeño Federico Scarabino o, el más promovido, Raúl Torres, álter ego de Hugo Curto, también con raíz sindical y perfil subterráneo, de tan bajo.

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