Uruguay se quejó por la mala educación de Kirchner
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«Yo dudo que el escenario hubiera sido distinto si Uruguay hubiese pospuesto la autorización. Habría 15 días más de relajo, de insultos y agravios, todo lo que se ha escuchado en este tiempo», razonó ayer Gargano. «¿Había que esperar que asumiera Cristina Fernández o que pasara la reunión de presidentes del Mercosur de diciembre, o la del año próximo? Uruguay actuó con una moderación extraordinaria. Postergar la habilitación hubiera sido seguir dejando que nos insulten.»
El lenguaje que utilizó fue el de quien ya no espera ninguna alternativa que permitiera superar el conflicto. Se olvidó Gargano que hablaba de una presidente que aún no asumió y que, por lo tanto, podría dar alguna nueva vuelta de tuerca a un conflicto que, aunque de su esposo, puede denunciar como heredado. Menos recordó que a Tabaré le quedan dos años de convivencia con Cristina de Kirchner y, aunque no le guste, de alguna forma deberá trabar relación: la economía de su país en parte depende de ello.
Por eso quizá razonó más tarde el canciller uruguayo sobre su error, casi como un alumno de secundaria que insulta a un profesor sin saber lo que hace. Dos horas después de esa ruptura total con la Argentina debió salir a confirmar que «salvo un imponderable», Tabaré asistirá a la asunción presidencial de Cristina de Kirchner. «La coyuntura no puede hacer perder de vista la relación bilateral de fondo», dijo. Increíble que un funcionario tenga la capacidad de disociar su pensamiento de esa forma en sólo un día.
Después aportó un dato: «La invitación para la asunción llegó hoy a Montevideo y el presidente está dispuesto a asistir», reveló. «En el resto de los temas, la relación es normal... No hay que pensar tampoco que las cosas son irreversibles». Ni en el gabinete en Montevideo terminaron de entenderlo.
De todas formas, se alejaron ayer aun más la Argentina y Uruguay. Este último tramo del conflicto está alimentado por un alarmante amateurismo diplomático en ambos lados del río, que termina de complicar la situación. Lo demostró Néstor Kirchner en Santiago de Chile cuando además de hacer esperar una hora y media a sus invitados a un acto en la Embajada argentina, a su llegada optó primero por reunirse en la puerta con los ambientalistas que habían ido a protestar allí. Renovó consignas hoy imposibles y desató así la furia de Tabaré Vázquez, que como mandatario improvisado rompió la tregua que se habían fijado y ordenó desde allí habilitar a la pastera.




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