Vuelve Chacho para instigar peña K que emula al Frepaso

Política

Entre las ganas y el pánico, a Chacho Alvarez lo gobierna el miedo. En público, niega una y mil veces que fantasee con regresar al ruido, pero apartado de todo, de sobremesa, confiesa su temor a que, si reincide en la política doméstica, lo fulmine la opinión pública.

Esa barrera lo mantiene, por ahora, en Montevideo. Pero de a poco el ex vice empezó a soltarse y a deslizar lecturas, tibiamente críticas, sobre el ciclo Kirchner. Detalle: se cuida al extremo de que sus comentarios no se decodifiquen como impugnaciones al patagónico.

Le guste o no, así se leen. En las últimas semanas, Chacho ha machacado con una observación que estalla en el corazón del modelo K. «La Concertación Plural -dice, didáctico- debería tener tres patas: ya tiene al PJ y a los radicales-K, pero le falta una progresista».

¿Y el club que reúne a Ibarra y a Bonasso, y los socialistas K y las despiqueterizadas organizaciones sociales?, es pregunta obligada. «No tienen organicidad», retrucan a su lado. Y lo citan: «Hay que conformar una fuerza progresista, de centroizquierda».

En dos ocasiones -una en el Colegio Nacional durante el homenaje a Carlos Auyero; otra en el Panamericano, la semana pasada-, el ex vicepresidente actuó como instigador de la confección de un partido progresista, algo así como un «Frepaso bis».

Por problemas de agenda -estaba en Montevideo; en definitiva, trabaja en el Mercosur-, no pudo estar en el Museo Evita a principios de julio cuando Graciela Ocaña, Marita Perceval, Patricia Vaca Narvaja y Juliana Di Tulio encabezaron una ronda con dirigentes amigos.

Pero llegó, la semana última, para compartir cartel con el canciller Jorge Taiana y los ministros Carlos Tomada y Nilda Garré, en un seminario con figurones del progresismo continental como el embajador de Venezuela, Alvaro Méndez, y el senador chileno Carlos Ominami.

La junta la organizó su fundación, CEPES, en paralelo con el Frente Transversal que regentea el diputado y cacique de la CTA Edgardo Depetri. Como le ocurrió a más de uno, Depetri está congelado en una etapa de encantamiento hacia el inventor del Frepaso.

Acaso esperaban escucharlo de boca de Chacho, pero muchos, luego de hacerlo, tiraron sin estrenar el cotillón de la transversalidad. «No va a ocurrir que Kirchner lo reemplace al PJ por nosotros», dijo Alvarez más cerca del desencanto que de la revelación.

Descartada esa chance que ilusionó a muchos, Chacho se decidió con pose de gurú para patrocinar una «fuerza progresista», definición que estuvo en su boca en el Colegio Nacional, entre los recuerdos de Auyero, una pieza destacada del progresismo autóctono.

  • Diagnóstico

    Con su recomendación, Chacho no hizo más que contrabandear un diagnóstico sombrío respecto de que el centroizquierda es un conglomerado de figuras y sellos de goma, sin organicidad ni orden, que no tiene más paraguas que el kirchnerismo ancho y diverso.

    Hay una razón capital: muchos se quedan sin banca o quieren pelear algunos cargos ejecutivos y, sin pertenencia ni soporte, temen quedar a la deriva.

    Por eso, o por los planteos de Chacho, en pocos días más se reuniría una mesa de enlace de la que participarían unos 25 dirigentes para tratar de imprimirle cierta lógica a lo que alguna vez fue la transversalidad y ahora no tiene ni definición.

    Así y todo, dicen los impulsores, si el bloque se reuniera -y ésa es la intención-, «podría tener un bloque de unos 15 diputados, además de varios secretarios de Estado y unos cuantos ministros». Eso sí: recorre una variada paleta de colores ideológica.

    De Taiana a Ocaña, de Vaca Narvaja a Miguel Bonasso, de Depetri a Diana Conti, con aportes de Hugo Yasky, Vilma Ibarra, Carlos Heller, Julio Godio, Oscar Laborde, Graciela Rosso y Araceli Méndez, además de las coincidencias con Humberto Tumini y Emilio Pérsico.

    A la peña progresista K tienen acceso permitido, también, el operador chachista José Vitar, José Nun, Roberto Feletti, Oscar Laborde, Fernando Melillo, Roberto Hecker, Mercedes Marcó del Pont, Di Tulio, Perceval y hasta Carlos Tomada. La lista no se agota ahí.

    El sueño de una tercera pata, de sesgo progresista, debería -sospechan sus promotores- encandilar a Cristina Fernández. Es un consuelo menor: eso no ocurrió con Kirchner, que, tras algunos jugueteos, se recostó en la previsibilidad y obediencia del PJ clásico.

    Es lo que advierte Chacho, pero justifica a Kirchner cuando, autocrítico, dice que «fue por necesidad». Debería releer las fotos fáunicas de la concurrencia al lanzamiento de Cristina Fernández antes de retomar la versión de las tres patas. O lamentarse y renguear.
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