Ya es público que, contrariando el espíritu de la ley constitucional, algunos partidos no tendrán «elecciones abiertas y simultáneas». Esta suerte de enmienda se hizo para que el partido de Elisa Carrió, el ARI, no atravesara esa fórmula comicial que tal vez lo deteriora (en el sentido de que su convocatoria sería menor a la de otros partidos tradicionales y, por lo tanto, esa diferencia en volumen podría influir luego en las elecciones generales). Sin duda, esa facilidad genera controversias: los del ARI o de otros partidos chicos que irán con fórmula consensuada entre ellos y sin participación popular, podrían como independientes intervenir en las otras internas que se dirimirán en la jornada comicial. No parece lo más equitativo, aunque muchos relativizan esos caudales que podrían modificar resultados debido a la no obligatoriedad del voto.
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Pero, al margen de esta cuestión legal, constitucional y ética -es decir, que viola estos tres preceptos-, hay otra realidad política que en ocasiones se impone a lo que dictaron los legisladores y también los hombres de gobierno que modificaron esa norma. Al margen de que a los partidos grandes no les convenga estos nuevos comicios donde los hinchas de Chacarita no están obligados a votar en la interna de su club y pueden votar en la de Boca, las postulaciones dentro del radicalismo e inclusive del justicialismo pueden derivar también en que no haya internas por más que ya se ha establecido su fecha. Al menos, para presidente y vice.
Si se empieza por el radicalismo, hoy por más asomos de candidaturas, antes del tamiz electoral pueden concluir sus dirigentes y punteros en que una fórmula negociada y cerrada sería lo mejor para sus intereses. En este caso, la figura del gobernador Roberto Iglesias parece encabezar como única alternativa la propuesta de la UCR. Mientras, en el justicialismo, ¿qué puede ocurrir?
Algunos afirman que Néstor Kirchner no competirá en la interna y, en todo caso, buscará otro tipo de alianzas (con el ARI, por ejemplo). Ya se bajaron Carlos Reutemann y hasta alguien que prometía venir por afuera: Mauricio Macri. Queda Adolfo Rodríguez Saá, quien por el momento observa el proceso interno para decidirse si apunta a competir dentro del partido o si se presenta con una lista propia con otra agrupación. También se alista Juan Carlos Romero, pero bien podría negociar antes de la interna, recomponer su postulación con otro aspirante. Por último, Carlos Menem -quien sí seguiría hasta el final-y la novedad del gobernador José Manuel de la Sota, el que a pesar de los anuncios se lanza la semana próxima más como prueba que como decisión definitiva, buscando adhesiones que por ahora no consigue y tal vez logre con el transcurso del tiempo.
Pero, si su proyecto no se afirma en un tiempo prudencial, es probable que también deserte de la competencia. Por lo tanto, aunque parezca raro que ya todo esté escrito, podría suceder que el justicialismo vaya con un binomio arreglado dentro del partido y sin necesidad de internas.
Si radicales y peronistas no van, como los partidos chicos, a una «interna abierta y en el mismo día», quizás la convocatoria para el 24 de noviembre carezca de sentido. Al margen, claro, de que casi nadie cree que esa fecha sea definitiva.
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