21 de octubre 2005 - 00:00

Ya en años de la década del '30 se compraban muchos votos

Para los más jóvenes, las noticias de estos días sobre entrega de electrodomésticos a cambiode presuntos votos en las elecciones del domingo pueden parecer una novedad. No es así;esas prácticas se remontan a una tradición acuñada hace décadas, durante la Depresión delos años ’30.
Para los más jóvenes, las noticias de estos días sobre entrega de electrodomésticos a cambio de presuntos votos en las elecciones del domingo pueden parecer una novedad. No es así; esas prácticas se remontan a una tradición acuñada hace décadas, durante la Depresión de los años ’30.
Varios hechos del proselitismo que hoy concluye hacen especiales estos comicios del domingo próximo. Uno es que encuentra a la Argentina con una abultada deuda externa aun pese a refinanciarla en parte, sin acuerdo con el Fondo y tener por ello que cancelarle todos sus créditos. Pero igualmente una excepcional situación mundial para exportaciones de materias primas del país. También por una iracundia inusitada en el primer mandatario al extremo de utilizar hasta el púlpito de la Basílica de Luján para pedir que voten a su esposa y otros candidatos propios pese a haber vapuleado bastante a la Iglesia y tener como asesor a quien escribió un libro contra el primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio. Con tal vehemencia encaró el mandatario los comicios y tanto repitió «ayuden a este pingüino del Sur» que a la par de sorprender surge la impresión de que efectivamente se imagina que desde esta elección cambia la Historia Argentina a través de su persona.

Otra rareza es que casi no hablaron los candidatos oficialistas ni se esforzaron por mostrarse, inclusive se dio en la primera dama Cristina Kirchner. Como el proselitismo se hizo en medio de abundante dinero para el gobierno por las retenciones al agro y hasta el petróleo se hizo un gran reparto de dinero, subsidios, obras y fundamentalmente se usó para frenar alzas de precios.

Lo más detonante, lo más mencionado por los medios, fue el reparto de electrodomésticos, de frazadas, de colchones, de alimentos, de televisores en villas de emergencia. Siempre hicieron algo así los gobiernos -como repavimentar calles de los municipios- en víspera de cada elección pero la sorpresa ahora es que se efectuó -aprovechando el buen momento externo- en niveles desconocidos en décadas. Los comicios con votos más comprados a los pobres que se recuerdan son los de la década de 1930 a 1940, con el agregado del fraude si el dinero no alcanzaba. Había menos plata para comicios porque eran los años posteriores a la gran Depresión mundial de 1929/30 pero también era mayor la pobreza y la desocupación con lo cual el poco dinero compraba tanto o más votos que ahora por la miseria imperante.

Aquellos comicios de «los '30» inspiraron mucha literatura, poemas y famosos tangos, por caso los de Enrique Santos Discépolo. En uno de los libros de Julio Ramos, «Los hijos del sueño, Poema obrero» se narra en varias páginas parte de cómo eran aquellos comicios de hace 75 años. Algunas estrofas se incluyen aquí.

Cierto día dijo Luna:
-Apurá pibe el trabajo
hoy es día en que el de abajo
de upa recibe un mango.
Y castigó al maturrango
pa'que saliera un balazo.

Ya el reparto terminado
el rumbo fue Avellaneda,
pa'llegar a una vereda
llena de hombres apiñados,
con los pómulos chupados
y flacos como moneda.

Viera usted el espectáculo
en esa calle Pavón
del pobre en exposición,
vestido a cualquier manera,
todo rotoso de afuera
aguantándose el plantón.

Los más tenían championes
y alguno que otro alpargatas;
hijos de barrios de latas
la excepción era el de botas;
llevaban caminas rotas
y los había en bombachas;
en algunos veinte hilachas
simulaban pantalón;
lucían en la ocasión
lo mejor de sus covachas.

Seguimos hacia los fondos
hasta dar a un corredor;
carcajeaba allí un señor
rodeado de cuatro flacos;
se veía que morlacos
tendría en cualquier color.

-¡Cómo le va a mi puntal...!
Le dijo apenas lo vio.
Luna ahí se desinfló;
no va el tipo y lo palmea
y juro: casi se mea
y al hablar se atragantó.

-Aquí he venido, mi jefe,
pa'lo que guste mandar.
No tiene más que ordenar
que -si pide Don Rosendo-
Luna lo está ya cumpliendo
antes que deje de hablar...

Salieron los atorrantes
-entonados en bolichesa
improvisar sus espiches
de loas, como en rosario.
-Gracias correligionarios...
-dijo el gordo complacido-.
Agradezco hayan venido
a este comité del pueblo...
Pues, del pueblo y para el pueblo
es el lema del partido.

El comité aseguraba
-al que fuera un adherenteentradas
pa'Independiente;
la concesión de aguatero;
un puesto en el matadero
o arreglar un expediente.

También venían ricachos
que no pedían minucias;
andaban en cosas sucias
y pa'juegos «de salón»
era la habilitación
que ganaban con su astucia.

En vísperas de elecciones
el favor se cotizaba;
el que era rico aportaba
sus autos o sus camiones
pa'llenar concentraciones
si el
Partido convocaba.

Y todos allí pagaban...
(con rodados el pudiente,
haciendo bulto la gente)
el favor comiteril;
pues el que da no es un gil:
siempre cobra lo que invierte.

El pobre el voto entregaba
por tapar un agujero;
cualquiera fuera el primero
su suerte en nada cambiaba;
aquel u otro, igual le daba,
como elegir meadero.

Se venía de un comicio
por el
Partido ganado;
de gastos estipulados
siempre en más plata se enviaba
y ahora el Rosendo andaba
en repartir lo sobrado.

Este gordo, Don Rosendo,
era caudillo viajero
a órdenes de un tal Ruggiero,
baluarte del intendente
que, lejos de aquella gente,
dirigía el gallinero.

Al fin yo pude entender
a qué venía el relajo;
vi que el gordo sacó un fajo
de billetes arrollados;
unos de diez -coloradosy
otros de diez para bajo.

En el mismo corredor
cobraron los cabecillas
mientras la gente, en tropilla,
irrumpía al interior;
la plata por el olor
al parecer presentían
y enfilados se ponían
dándose de caderazos;
cuidaban luego a codazos
el lugar que así obtenían.

Se ubicaron los caudillos
enfrente del populacho.
El gordo, que era un ricacho,
parecía un extranjero;
lo protegía un ladero,
inmenso como un quebracho.

-¡Pues que viva Don Rosendo!
-¡...Y que viva Barceló!
Un grandote me atronó
mismo al lado del oído.
No bastara un alarido
que dos veces repitió.

No quedó solo el maldito
que otros también se animaron.
De todos se recordaron
y siempre pegando gritos:
-¡...Y que viva Ruggierito!
-¡...Y que muera el radicheta!
-¡Ni lo nombre... trae yeta!

-¡Y viva el conservador!
-¡D'entre bueno, lo mejor,
y pa'l país su receta...!


-Las urnas lo han dicho todo
y hoy queda su voluntad;
servir la comunidad
es nuestro deber ahora
en este país que añora...

¡La paz, progreso e igualdad!
(El tipo hablaba del triunfo
cuando no hubo oposición;
el radical la abstención la jugaba de obligado.
Cuando ganó fue anulado todo el acto de elección.)
-Vivimos en tierra próspera,
agradezcámoslo al cielo,
pero hay pobres y es desvelo
que no vamos a olvidar.

¡Afirmadlo sin recelo:
habrá un futuro sin par!


-Somos siempre hombres de
lucha
y al que lucha y se empecina
la suerte no le es mezquina.
Créanmelo con certeza:
...¡Haremos que la pobreza
deje de ser argentina!


Pucha que daba vergüenza
presenciar esa parodia...
Pa'l caudillo era la gloria.
No paró de agradecer.
Lo que allí yo hube de ver
se me grabó en la memoria.

Porque todo era teatro
aunque el gordo era sincero.

Le juro, casi me muero,
pues supe que el más gritón
variaba la afiliación
p'acaparar más dinero.

-Muchas gracias para todos
-dijo el gordo conmovido-,
gracias por lo que he oído.
Me consta que es Voz de Pueblo...

¡Y del Pueblo y para el Pueblo
es el lema del Partido...!


-El comicio quedó atrás
y el pueblo se ha pronunciado.
El Partido es reclamado
a conducir el gobierno.

¡Como que es justo el eterno
vamos a honrar el llamado!


-Saben, queridos amigos,
que este triunfo ha sido holgado;
nuestro partido ha triunfado
para mal del radicheta.

¡En el país no hay más teta
donde mame el desplazado!


-Dijimos a los radichas:
de la paciencia no abusen
y el Riachuelo... ¡ni crucen!
que encontrarán el vacío.
Decimos hoy: -¡Para el frío
esas boinas blancas que usen!


Tenía el gordo una panza
que si le larga un abrazo
seguro le rompe el bazo
porque de abajo lo alcanza;
se gastaba una y otra chanza
frente a tantos poligrillos
que la vista del bolsillo
ni un minuto le quitaban
y la lata se aguantaban
entre pitillo y pitillo.

-No habrá de ser esto dádiva
sino reconocimiento;
en las arcas al momento
algún dinero ha sobrado,
queremos que al afiliado
lo ayude para el sustento.


El quebracho entró en acción
e inició la repartija.
Algunos vivos pa'una hija
pedían doble ración.
Terminante negación
les llegaba de aquel urso,
 que no era fino en discursos.
Decía:
-Guachos... ¡Con calma!
Puso un cinco en cada palma
y a la tarea dio curso.

El fraude tuvo variantes
según fuera la barriada;
en las pobres se violaban
las urnas sin miramientos;
había que estar más atentos
en zonas adineradas.

Pa'operarle a los caudillos
estaba
El escalafón;
se empezaba en el montón
pa'votar en todos lados.
¿Libreta?... de algún finado
o por falsificación.

Hubo viudas que alquilaban
la libreta del finado.
El tipo, del otro lado,
revivía en los comicios;
me cagaba el calzoncillo
ver su foto de costado.

(De Poema Obrero «Los Hijos del Sueño». Julio A. Ramos. Grijalbo 1999.)

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