Ya en años de la década del '30 se compraban muchos votos
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El "triángulo de hierro" sostiene a Adorni
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El PRO entre conquistas y outsiders, Adorni en el pozo, Kicillof con Serrat y el riesgo de otro Botnia
Para los más jóvenes, las noticias de estos días sobre entrega de electrodomésticos a cambio
de presuntos votos en las elecciones del domingo pueden parecer una novedad. No es así;
esas prácticas se remontan a una tradición acuñada hace décadas, durante la Depresión de
los años ’30.
-Apurá pibe el trabajo
hoy es día en que el de abajo
de upa recibe un mango.
Y castigó al maturrango
pa'que saliera un balazo.
el rumbo fue Avellaneda,
pa'llegar a una vereda
llena de hombres apiñados,
con los pómulos chupados
y flacos como moneda.
Viera usted el espectáculo
en esa calle Pavón
del pobre en exposición,
vestido a cualquier manera,
todo rotoso de afuera
aguantándose el plantón.
Los más tenían championes
y alguno que otro alpargatas;
hijos de barrios de latas
la excepción era el de botas;
llevaban caminas rotas
y los había en bombachas;
en algunos veinte hilachas
simulaban pantalón;
lucían en la ocasión
lo mejor de sus covachas.
Seguimos hacia los fondos
hasta dar a un corredor;
carcajeaba allí un señor
rodeado de cuatro flacos;
se veía que morlacos
tendría en cualquier color.
-¡Cómo le va a mi puntal...!
Le dijo apenas lo vio.
Luna ahí se desinfló;
no va el tipo y lo palmea
y juro: casi se mea
y al hablar se atragantó.
-Aquí he venido, mi jefe,
pa'lo que guste mandar.
No tiene más que ordenar
que -si pide Don Rosendo-
Luna lo está ya cumpliendo
antes que deje de hablar...
Salieron los atorrantes
-entonados en bolichesa
improvisar sus espiches
de loas, como en rosario.
-Gracias correligionarios...
-dijo el gordo complacido-.
Agradezco hayan venido
a este comité del pueblo...
Pues, del pueblo y para el pueblo
es el lema del partido.
El comité aseguraba
-al que fuera un adherenteentradas
pa'Independiente;
la concesión de aguatero;
un puesto en el matadero
o arreglar un expediente.
También venían ricachos
que no pedían minucias;
andaban en cosas sucias
y pa'juegos «de salón»
era la habilitación
que ganaban con su astucia.
En vísperas de elecciones
el favor se cotizaba;
el que era rico aportaba
sus autos o sus camiones
pa'llenar concentraciones
si el Partido convocaba.
Y todos allí pagaban...
(con rodados el pudiente,
haciendo bulto la gente)
el favor comiteril;
pues el que da no es un gil:
siempre cobra lo que invierte.
El pobre el voto entregaba
por tapar un agujero;
cualquiera fuera el primero
su suerte en nada cambiaba;
aquel u otro, igual le daba,
como elegir meadero.
Se venía de un comicio
por el Partido ganado;
de gastos estipulados
siempre en más plata se enviaba
y ahora el Rosendo andaba
en repartir lo sobrado.
Este gordo, Don Rosendo,
era caudillo viajero
a órdenes de un tal Ruggiero,
baluarte del intendente
que, lejos de aquella gente,
dirigía el gallinero.
Al fin yo pude entender
a qué venía el relajo;
vi que el gordo sacó un fajo
de billetes arrollados;
unos de diez -coloradosy
otros de diez para bajo.
En el mismo corredor
cobraron los cabecillas
mientras la gente, en tropilla,
irrumpía al interior;
la plata por el olor
al parecer presentían
y enfilados se ponían
dándose de caderazos;
cuidaban luego a codazos
el lugar que así obtenían.
Se ubicaron los caudillos
enfrente del populacho.
El gordo, que era un ricacho,
parecía un extranjero;
lo protegía un ladero,
inmenso como un quebracho.
-¡Pues que viva Don Rosendo!
-¡...Y que viva Barceló!
Un grandote me atronó
mismo al lado del oído.
No bastara un alarido
que dos veces repitió.
No quedó solo el maldito
que otros también se animaron.
De todos se recordaron
y siempre pegando gritos:
-¡...Y que viva Ruggierito!
-¡...Y que muera el radicheta!
-¡Ni lo nombre... trae yeta!
-¡Y viva el conservador!
-¡D'entre bueno, lo mejor,
y pa'l país su receta...!
-Las urnas lo han dicho todo
y hoy queda su voluntad;
servir la comunidad
es nuestro deber ahora
en este país que añora...
¡La paz, progreso e igualdad!
(El tipo hablaba del triunfo
cuando no hubo oposición;
el radical la abstención la jugaba de obligado.
Cuando ganó fue anulado todo el acto de elección.)
-Vivimos en tierra próspera,
agradezcámoslo al cielo,
pero hay pobres y es desvelo
que no vamos a olvidar.
¡Afirmadlo sin recelo:
habrá un futuro sin par!
-Somos siempre hombres de
lucha
y al que lucha y se empecina
la suerte no le es mezquina.
Créanmelo con certeza:
...¡Haremos que la pobreza
deje de ser argentina!
Pucha que daba vergüenza
presenciar esa parodia...
Pa'l caudillo era la gloria.
No paró de agradecer.
Lo que allí yo hube de ver
se me grabó en la memoria.
Porque todo era teatro
aunque el gordo era sincero.
Le juro, casi me muero,
pues supe que el más gritón
variaba la afiliación
p'acaparar más dinero.
-Muchas gracias para todos
-dijo el gordo conmovido-,
gracias por lo que he oído.
Me consta que es Voz de Pueblo...
¡Y del Pueblo y para el Pueblo
es el lema del Partido...!
-El comicio quedó atrás
y el pueblo se ha pronunciado.
El Partido es reclamado
a conducir el gobierno.
¡Como que es justo el eterno
vamos a honrar el llamado!
-Saben, queridos amigos,
que este triunfo ha sido holgado;
nuestro partido ha triunfado
para mal del radicheta.
¡En el país no hay más teta
donde mame el desplazado!
-Dijimos a los radichas:
de la paciencia no abusen
y el Riachuelo... ¡ni crucen!
que encontrarán el vacío.
Decimos hoy: -¡Para el frío
esas boinas blancas que usen!
Tenía el gordo una panza
que si le larga un abrazo
seguro le rompe el bazo
porque de abajo lo alcanza;
se gastaba una y otra chanza
frente a tantos poligrillos
que la vista del bolsillo
ni un minuto le quitaban
y la lata se aguantaban
entre pitillo y pitillo.
-No habrá de ser esto dádiva
sino reconocimiento;
en las arcas al momento
algún dinero ha sobrado,
queremos que al afiliado
lo ayude para el sustento.
El quebracho entró en acción
e inició la repartija.
Algunos vivos pa'una hija
pedían doble ración.
Terminante negación
les llegaba de aquel urso,
que no era fino en discursos.
Decía: -Guachos... ¡Con calma!
Puso un cinco en cada palma
y a la tarea dio curso.
El fraude tuvo variantes
según fuera la barriada;
en las pobres se violaban
las urnas sin miramientos;
había que estar más atentos
en zonas adineradas.
Pa'operarle a los caudillos
estaba El escalafón;
se empezaba en el montón
pa'votar en todos lados.
¿Libreta?... de algún finado
o por falsificación.
Hubo viudas que alquilaban
la libreta del finado.
El tipo, del otro lado,
revivía en los comicios;
me cagaba el calzoncillo
ver su foto de costado.
(De Poema Obrero «Los Hijos del Sueño». Julio A. Ramos. Grijalbo 1999.)




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