15 de junio 2023 - 00:00

¿Por qué no se ven los films restaurados?

Sorpresivamente, reaparece hoy la versión local de “Alicia en el país de las maravillas”, una película live-action amateur de bajo presupuesto estrenada en diciembre de 1976, donde una chica (un tanto crecidita) sigue por media Buenos Aires a un sujeto de rostro azul y orejas de conejo. “El conejo obsesionado por el tiempo lo asocié a un ejecutivo, y la reina mala a un militar. La hice ridícula y divertida. Asocié también los doce personajes a un signo del zodíaco y a una nota musical...”, explicó después su autor, el artista plástico Eduardo Pla. Más tarde Pla hizo cosas mejores y hoy se lo valora como precursor del arte electrónico-digital, los video graphics y la animación 3D, pero aquella “Alicia” todavía parece un acto escolar con toques psicodélicos, y no mucho más. Su punto de valor está acaso en la música, donde se alternan melodías renacentistas y aires rockeros a cargo de Charly García, Gustavo Beytelman y Enzo Gieco, que especialmente para este film crearon el tema “Alicia en el país”, inicialmente interpretado por Raúl Porchetto.

Debidamente restaurada y remasterizada, esta rareza se verá en el Cultural San Martín, en cuatro proyecciones. Ojalá esto marque una nueva tendencia, porque ya son varias las películas nacionales restauradas con gran costo y esfuerzo por la Cinemateca Nacional del Incaa, Gotika, DAC y la Cinemateca Argentina, que después apenas se muestran una sola vez, cuanto mucho dos. Por citar ejemplos recientes, “Gente en Buenos Aires”, de Eva Landeck, 1974 (en ese momento, la única mujer directora en Argentina), “Perdón, viejita”, de Agustín Ferreyra, 1927 (verdadero -e incompleto- clásico del cine mudo) y “Hasta que se ponga el sol”, de Aníbal Uset, 1973 (histórico documental de rock redescubierto en única función aniversario). Y no se sabe cuándo se verá aquí la copia de “Hombre de la esquina rosada”, de René Mujica, 1960, que Argentina Sono Film restauró a nuevo a partir de los negativos originales y mostró en la sección Cannes Classics del Festival de Cannes. Según dicen, luce como recién hecha. “Hay una película que es mejor que el cuento mío en que se basa...”, decía Borges, refiriéndose a esta obra.

Con mayor inteligencia para la difusión de su acervo cultural, el Icaic, equivalente cubano del Incaa, tiene dispuesto un paquete de clásicos cubanos restaurados, que en estos días puede verse en el Cine York de Olivos, a través de la Fundación Lumiton. Entre ellos, la épica “Lucía”, de Humberto Solás (tres historias a lo largo del tiempo, con música de Leo Brouwer) y dos obras ingeniosamente críticas de Tomás Gutiérrez Alea: “Memorias del subdesarrollo” y “La muerte de un burócrata”, comedia de humor negro que no deja títere sin cabeza, aunque sea miembro del Partido.

Paraná Sendrós

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