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No a la dolarización
Llevados estos conceptos a la productividad de los países, resulta obvio que si el producto bruto de un país (A) crece en 10 años 50% y en otro país (B) no hay crecimiento, la moneda del país (A) será 50% más fuerte que la del país (B).
Ahora bien, ¿qué sucede si en el país sin crecimiento (B) se decide utilizar la moneda del que crece (A), o por decreto, se establece que $ 1 (A) = $ 1 (B)?
Se dirá: no sucede nada; es una manera de evitar la inflación en (B), de asegurar la solidez de la moneda, de abrir la economía, de lograr el respeto de los inversores y de los grandes centros financieros, y de evitar la devaluación.
Es una argumentación falaz, porque ignora los principios descriptos más arriba: la mayor fortaleza de la moneda parte del hecho de que se necesita menos moneda para comprar los mismos bienes.
Como (B) no tiene poder para emitir la moneda de (A), necesariamente verá reducirse su stock de moneda en relación con sus bienes. Ello provoca deflación, el proceso inverso al de inflación.
La falta de dinero ocasiona descapitalización (hay que vender en constante baja de precios), desempleo (es necesario reducir costos), menor recaudación (consecuencia de la recesión), y, finalmente, la imposibilidad de pagar los cada vez más altos intereses de la deuda.
Endeudamiento
A medida que crece la productividad de (A) y que extranjeros invierten en su economía, (A) se distancia cada vez más de (B). En consecuencia, se agrava el problema de este último, obligado a recurrir, cada vez, a un mayor endeudamiento.
Obsérvese que para (B) la situación deflacionaria es idéntica ya sea que mantenga su moneda artificialmente pegada a la de (A) o que suprima su moneda y la reemplace por la de (A). En ambos casos sufriría los embates de la fortaleza monetaria de (A) o, expresado en otros términos, de la mayor productividad de (A) con relación a la suya.
Resulta evidente, por lo tanto, que es perjudicial utilizar la moneda de (A) en (B).
Veamos, ahora, cuáles son los errores conceptuales más comunes que se cometen cuando se defienden las opciones de convertibilidad o de dolarización en la Argentina.
a) «La devaluación reduciría el salario real de todos los trabajadores y jubilados». El error de este concepto está en confundir el rol de la moneda, que debe ser el de unidad de medida y no el de valor intrínseco, como tal. Es como decir que una soga, que se mide en metros, se acorta si se la mide en yardas. El salario real del obrero brasileño no cayó con la nueva relación del real que pasó de 1=1 a 1=2,70. No cayó porque con su trabajo, compra hoy la misma cantidad de bienes que antes; de lo contrario, se hubiera producido una explosión social en lugar del crecimiento experimentado por el país vecino en los años posteriores a la devaluación.
b) «El aumento de la deuda en pesos provocaría la quiebra de las familias, empresas, bancos y gobierno». Esto es como decir que si la deuda se midiera en centavos, provocaría el mismo perjuicio. La deuda es tal como es así se la mida en dólares, marcos, yenes o centavos. Cualquiera sea el metro patrón que se utilice para medirla no hará variar su valor intrínseco. La única manera de reducir la deuda es mediante una mayor productividad, que permita pagarla, en cualquier tipo de moneda. Volvemos, por lo tanto, a los principios básicos mencionados más arriba y a la necesidad de tenerlos en cuenta para no correr el riesgo de confundir peras con manzanas.
Es importante comprender que el dólar es la moneda (metro patrón) que utilizan los Estados Unidos para medir el valor de los bienes producidos en ese país. Es importante, también, repetir que la Argentina carece de poder para emitir dólares; por lo tanto, debe adaptarse al escenario americano si desea mantener la convertibilidad, o ir a la dolarización. Para ello, deben darse tres condiciones básicas en la Argentina: a) No tendría que haber déficit fiscal, ni emisión espuria de dinero o sustitutos.
b) Los precios de bienes no transables debieran caer al ritmo de la diferencia entre la tasa de crecimiento americana y la argentina. c) El costo laboral también debería caer en la misma proporción en que aumenta la productividad laboral en EE.UU.
Si no se dan estas condiciones e insistimos en dolarizar, es evidente que no contaremos con la cantidad de moneda necesaria para cubrir las necesidades de oferta y demanda que prevalecen en el país: a menor oferta de bienes, mayor necesidad de dinero. Si ese dinero no existe, porque se utiliza el de un país de mayor productividad, ocurrirán los problemas de deflación mencionados más arriba.
Por lo tanto, la única alternativa valedera es la de liberar el cambio, tal como lo hicieran Brasil y México y controlar luego la emisión monetaria, para evitar desbordes inflacionarios. De ahí en más, intentar el crecimiento económico, corrigiendo debilidades.
Las otras dos alternativas presuponen una situación de recesión sin fin, hasta tanto la Argentina logre superar la productividad de los Estados Unidos. Ello nos llevaría a una situación de progresivo empobrecimiento.


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