Ubicado en Victoria, sobre la calle Paz 705, partido de San Fernando, el Palacio Sans Souci constituye una de las obras más importantes de la Belle Époque argentina y una de las joyas arquitectónicas más notables del Gran Buenos Aires. Inspirado en el Petit Trianon de Versalles y concebido para la familia Alvear, el edificio abrió sus puertas en 1918 y más de un siglo después mantiene buena parte de su esplendor. Además, conserva un pequeño museo poco conocido y recibe visitantes que buscan descubrir una parte singular de la historia argentina.
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Cuál es el palacio del GBA inspirado en Versalles que puede visitarse y conserva un museo poco conocido
Diseñado por el prestigioso arquitecto francés René Sergent para la familia Alvear, fue inaugurado en 1918 y posee jardines diseñados por Carlos Thays.
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La historia comenzó en 1911, cuando Carlos María de Alvear, primo del presidente Marcelo T. de Alvear y nieto del militar homónimo, viajó a París para contratar al arquitecto francés René Sergent, uno de los más prestigiosos de su época.
La residencia se levantó sobre tierras heredadas por Mercedes Elortondo, esposa de Alvear, y las obras quedaron a cargo de Eduardo Lanús y Pablo Hary (también dejaron su sello en otras obras emblemáticas como el Palacio Bosch, actual residencia del embajador de Estados Unidos, el Palacio Errázuriz Alvear, hoy Museo Nacional de Arte Decorativo, y el edificio de la Aduana de Buenos Aires).
Sans Souci fue adquirido hace más de 50 años por la familia Durini y hoy está dedicado exclusivamente a la actividad comercial, cultural y de eventos. Gracias al proceso de restauración y preservación impulsado por sus propietarios, el palacio logró conservar gran parte de su esplendor original.
Una obra inspirada en un clásico francés
La construcción se desarrolló entre 1914 y 1918. Sergent, considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura clásica francesa, nunca llegó a visitar la Argentina ni vio terminada la obra. Sin embargo, dejó su sello en una residencia de perfecta simetría, con columnas dóricas, mansardas revestidas en pizarra y una imponente doble escalera.
Los jardines fueron diseñados por Carlos Thays y originalmente se extendían sobre nueve hectáreas, con vistas hacia la confluencia de los ríos Luján y de la Plata. Aunque con el tiempo parte de esas tierras se redujo, el conjunto mantiene una fuerte impronta paisajística.
Matías Bettatis, presidente de Bettatis Asesores Inmobiliarios, explicó que el Sans Souci forma parte de un fenómeno más amplio que caracterizó a la Argentina de comienzos del siglo XX. "Las familias tradicionales contrataban a los mejores arquitectos europeos para desarrollar residencias que combinaran prestigio, funcionalidad y una visión de largo plazo", señaló.
El especialista recordó que aquella época coincidió con uno de los períodos de mayor prosperidad económica del país y que la influencia francesa se reflejaba en la arquitectura, el arte y las costumbres.
El encanto de un escenario vivo
Mariela Blanco, investigadora urbana, historiadora y autora de Tan Buenos Aires, describió al palacio como "uno de esos lugares que parecen desafiar el paso del tiempo". Según sostuvo, su nombre, que significa "sin preocupaciones", resulta perfecto porque "apenas uno cruza el portal siente que entra en una dimensión distinta, donde el ruido cotidiano queda afuera y todo invita a detenerse".
Para la escritora, recorrer Sans Souci implica ingresar a "una escenografía viva". Destacó que los jardines diseñados por Carlos Thays, con faunos, ninfas, tritones y fuentes, generan una atmósfera casi mitológica que anticipa los salones monumentales, los mármoles, los espejos y los vitrales que remiten a Versalles.
"Lo que más fascina es que no sólo deslumbra por su belleza, sino también por las historias que guarda. Cada objeto que llegó desde Europa parece traer consigo una aventura", sostuvo Blanco.
Parte del mobiliario y de los elementos decorativos arribaron desde Europa durante los años atravesados por la Primera Guerra Mundial. Incluso uno de los cargamentos se perdió luego del bombardeo del barco que lo transportaba.
Literatura, cine y una anécdota increíble
La residencia trascendió el ámbito de la arquitectura. Inspiró a Manuel Mujica Lainez para escribir Aquí vivieron y fue escenario de películas y series como Evita, Tetro y Argentina, tierra de amor y venganza.
Blanco también rescata una anécdota digna de una novela. Según relata, Manuel Mujica Lainez, viudo de Ana de Alvear, intentó llevarse un jarrón de la dinastía Ming porque consideraba que su esposa había sido perjudicada en la herencia. El último descendiente de la familia que todavía habitaba el palacio reaccionó disparando un arma contra el escritor, aunque sin herirlo.
"Sans Souci es mucho más que un palacio. Es un escenario que todavía interpreta su papel y demuestra que todavía existen rincones capaces de hacernos creer que el tiempo puede detenerse", afirmó la autora.
El rescate que evitó su desaparición
Como muchas residencias de grandes dimensiones, el edificio atravesó momentos difíciles. Los costos de mantenimiento y los cambios económicos pusieron en riesgo su continuidad.
En la década de 1970, la arquitecta María Josefina Barra de Durini impulsó una tarea de recuperación que permitió salvar la construcción de la demolición. Posteriormente, la familia Durini profundizó el trabajo de restauración y logró preservar buena parte del esplendor original.
Bettatis destacó que "conservar una obra de semejante magnitud probablemente sea aún más difícil que construirla". Según explicó, el patrimonio representa un activo cuyo valor excede cualquier cálculo económico.
"Las ciudades construyen prestigio durante décadas y lo hacen también mediante edificios capaces de atravesar generaciones", afirmó.
El secreto mejor guardado
Uno de los espacios menos conocidos es el Museo de Arte Religioso, instalado en lo que antiguamente eran las habitaciones de servicio. Allí se exhiben distintas piezas vinculadas al arte sacro, en un ambiente que mantiene la atmósfera de la residencia original.
Actualmente, el Sans Souci combina actividades culturales con eventos sociales y corporativos. También funciona La Taberna, donde se puede almorzar, cenar o tomar el té con visitas guiadas opcionales.
La posibilidad de recorrer sus salones y jardines convirtió al lugar en una alternativa distinta para quienes buscan una escapada sin alejarse demasiado de la Ciudad de Buenos Aires.
El Palacio Sans Souci se convirtió en un espacio dedicado a eventos sociales, corporativos y culturales. Sus salones y jardines fueron escenario de casamientos y celebraciones de personalidades del espectáculo y la política.
Entre ellos, en 2019 allí se realizó la fiesta de casamiento de Carolina "Pampita" Ardohain y Roberto García Moritán, uno de los eventos más comentados de aquel año. Además, el predio alberga el poco conocido Museo de Arte Religioso y continúa recibiendo visitantes a través de recorridos guiados y actividades especiales.
Una pieza clave de la identidad de la zona norte
Para Bettatis, la elección de Victoria tampoco fue casual. La cercanía con el río, la expansión ferroviaria y la calidad ambiental impulsaron el desarrollo de San Fernando, Punta Chica y San Isidro como algunos de los sitios preferidos por las familias tradicionales.
Aquellas inversiones, sostuvo, ayudaron a construir una identidad urbana que todavía distingue a gran parte de la zona norte bonaerense.
"Quienes trabajamos todos los días en San Fernando, Victoria, Punta Chica o San Isidro sabemos que parte del atractivo de estos lugares no surge solamente de sus servicios o de su ubicación. También nace de su historia", afirmó.
Según explicó Bettatis, el Palacio Sans Souci representa mucho más que el esplendor arquitectónico de una época. "Representa una forma de pensar la ciudad, una visión de largo plazo y una parte fundamental de la identidad cultural de San Fernando".
Y concluyó: "Cuando una comunidad conserva lugares capaces de contar quiénes fuimos, también fortalece las razones por las cuales las nuevas generaciones deciden seguir viviendo, invirtiendo y construyendo su futuro en ella. Pocas construcciones explican mejor esa relación entre historia, identidad y valor urbano que el Palacio Sans Souci".












