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Sin fantasmas: lo que detona en Ecuador es la dolarización

Con la combinación de déficit fiscal, una deuda cada vez más cara y exportaciones que no rinden lo esperado por los precios del petróleo vigentes, Lenín Moreno se apoyó en el FMI. ¿Hay otra salida?

El estallido social que vive Ecuador, que tiene como actor principal al movimiento indígena al igual que entre 1996 y 2007, cuando los presidentes duraban lo que un suspiro, puede ser abordado desde diversos ángulos. Para el gobierno de Lenín Moreno es una conspiración urdida por su antecesor y mentor, Rafael Correa, a quien enfrentó ni bien se instaló en el palacio Carondelet en mayo de 2017, con apoyo del chavismo venezolano. La versión, a la que se pliegan gobiernos de la Sudamérica de centro-derecha y de derecha, como los de la Argentina y Brasil, respectivamente, es refutada por los acusados y por los propios protagonistas del alzamiento, que esgrimen un mal manejo de la economía actual y un ajuste brutal negociado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el que, al liberar el precio de los combustibles, lleva a la desesperación a los sectores más humildes. Hay sin embargo, otra lente a través de la cual observar el proceso: la crisis del esquema de dolarización adoptado en 2000, que permitió casi dos décadas de estabilidad, pero que ahora, en un contexto internacional adverso, deja a Ecuador a la intemperie.

Como se sabe, Lenín Moreno recibió un paquete de financiamiento del FMI por 4.200 millones de dólares a cambio de la receta de siempre: eliminación de los subsidios a los combustibles –cuyos precios saltaron 120% y encarecieron el transporte público en más del 30%, flexibilización laboral y recorte de un 20% de los salarios y recorte de las vacaciones en el sector público.

Las causas que esgrimió fueron la necesidad de contener un déficit fiscal insostenible para un país sin moneda propia y por lo tanto imposibilitado de financiar ese rojo con emisión, un aumento a un insostenible 10% de la tasa de interés a la que los mercados le prestan al país y precios del petróleo que no alcanzan para asegurar que el comercio exterior sea superavitario. ¿Y si, más allá de eso, el problema fuera la dolarización de la economía, a la que se aferran casi todos los sectores de la sociedad, como ocurriera en la Argentina hasta 2001?

Jaime Gallegos, PhD en Economía, docente e investigador universitario y miembro de Foro de Economía Alternativa Heterodoxa le dijo a Ámbito Financiero desde Ecuador que “desde que el país se dolarizó en 2000, el dólar se devaluó (en el mundo) hasta 2014 y paralelamente subió el precio del petróleo, lo que conformó un escenario internacional muy favorable. Hoy se vive el efecto contrario: revaluación de la divisa y caída del precio del crudo, con lo cual la dolarización no corre con la suerte de antaño”.

“La situación se agrava con la fuga neta de capitales privados casi 20% del PBI anualmente”, explicó.

El especialista refutó la narrativa oficial y explicó que “la deuda no es un gran problema, ya que llega al 55% del PBI. El déficit fiscal, en tanto, es producto de que el actual Gobierno perdonó 4.500 millones de dólares a los grupos económicos más poderosos”.

“El acuerdo con el FMI busca privatizar las empresas públicas, que son muy lucrativas”, añadió Gallegos, para quien “el ajuste fiscal puede hacerse sin eliminar subsidios; sería suficiente con cobrar lo que se debería” en materia de impuestos, completó.

La crisis económica previa a la dolarización, con una inflación galopante, fue paralela a la política, que dejó una sucesión impactante de siete presidentes entre el excéntrico Abdalá Bucaram –quien gobernó apenas seis meses entre agosto 1996 y febrero de 1997- y Correa, quien asumió en 2007. En el medio, Jamil Mahuad gobernó solo entre agosto de 1998 y enero de 2000, aunque tuvo tiempo suficiente para dolarizar completamente la economía con apoyo técnico de hombres vinculados al exministro argentino Domingo Cavallo y, claro aval, de Estados Unidos.

Como dijo el economista Gallegos, el petróleo, principal producto de exportación, pasó de cotizar a algo más de 10 dólares por barril en 1998 a más de 100 entre 2012 y 2014. Eso incrementó los ingresos nacionales y le dio a Correa la chance de distribuir el ingreso con amplitud, lo que a su vez le generó al Estado una serie de responsabilidades que nunca antes había asumido por el lado del gasto, que pasó del 25% a cerca del 45% del Producto.

El cambio de las condiciones internacionales, cotización del petróleo incluida, dejó a Ecuador con un desequilibrio fiscal importante, problemas para seguir financiándolo con deuda y un balance comercial insatisfactorio, mantenido a raya a punta de controles.

Hoy, cuando el dólar se revaloriza frente al euro y las monedas de países de la región con los que Ecuador tiene un comercio intenso, como Perú y Colombia, la situación se hace difícil de sostener, por lo que la restauración de la competitividad perdida viene de la mano de recortes nominales de salarios, eliminación de subsidios de los que depende que la pobreza no se dispare a los viejos niveles y proyectos de reforma laboral para abaratar la mano de obra.

Para Jaime Gallegos, en cambio, la salida pasa por “revisar el esquema monetario, introducir una moneda alternativa, incrementar el impuesto a la salida de capitales y encarecer las importaciones de lujo. Si no, el esquema se cae completamente”, le dijo a Ámbito Financiero.

Lo que se ve hoy es el desenlace de una historia bien conocida por la Argentina desde 2001, donde la aventura duró menos de la mitad de lo que viene aguantando en Ecuador. Acaso no haya que pensar en grandes conspiraciones para explicar que la calle estalle como se ve en estos días aciagos.

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