En vida, y en su propia tierra humahuaqueña, Ricardo Vilca fue un artista casi ignorado, cuando no desdeñado. No tocaba música bailable, eso fue solo en su juventud, no era comercial ni tenía interés en serlo, y, como se dice hoy, “no sabía venderse”. Él solo sabía cultivar amistades, andar por los pueblitos perdidos que hay detrás de los cerros, y componer unos temas dulcemente melancólicos, tranquilos, que abrevaban en la música clásica europea y la tradicional del Norte Jujeño, y que él tocaba con sus amigos. Ricardo Vilca y sus amigos, se llamaba el conjunto.
Un sensible retrato del músico autodidacta puneño Ricardo Vilca
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Ahora Humahuaca tiene una plazoleta con su nombre, y una escuela, en cuyo frente puede leerse algo que él tenía como lema: “La vida es una oportunidad que uno tiene para hacer algo bueno”. Entre las cosas buenas que dejó, hay un específico día de la amistad al pie de un árbol, donde la gente se reúne para comer y hacer música. Eso lo inventó él, y los suyos lo mantienen, pero ahora, antes de la comida, van hasta el cementerio y allí también tocan, al pie de su tumba. “Ricardo Vilca- Quebrada, música y silencio”, de Javier García, registra ese encuentro.
Ya Ulises de la Orden le había dedicado un buen documental, “Vilca, la magia del silencio”. García afirma esa huella. Mujeres, amigos e hijos van hilvanando su biografía, en la que se destacan dos momentos claves: su descubrimiento de Bach, John McLaughlin, Chico Buarque y la música tradicional japonesa, y la noche en que Abraham Dip lo descubrió en una peña (casi que fue el único que le prestó atención) y decidió producirle su primer disco, “La magia de mi raza”. Vilca fue también profesor sin título, y sin interés por la ardua lectura de los pentagramas. Sus clases eran de simple transmisión oral, a veces a oscuras, para que los alumnos sintieran la música en vez de simplemente leer las partituras. En la película cuentan otros profesores que su método molestó bastante a las autoridades educativas, que acaso ignoraban la frase de Ramón de Algeciras, el hermano de Paco de Lucía, cuando ambos hicieron “El amor brujo”, de Manuel de Falla: “Para nosotros, las notas sobre el pentagrama eran solo pajaritos en un alambrado”. En suma, Vilca no duró mucho como profesor, pero hoy algunos aplican aquel método suyo.
P.S.
“Ricardo Vilca- Quebrada, música y silencio” (Argentina, 2023). Dir.: J. García. Documental.




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