21 de marzo 2023 - 00:00

Vida de un niño mutante en la Argentina de 2272

Diálogo con Michel Nieva, autor de “La infancia del mundo”, novela de ciencia ficción ciberpunk que imagina un futuro de atrocidades.

Michel Nieva
Michel Nieva

La Argentina, en 2272, se ha reducido a la mitad y su capital está en la Antártida. En el caribe pampeano vive un mutante niño dengue, monstruoso mosquito humanoide protagonista de “La infancia del mundo” (Anagrama) novela de Michel Nieva, argentino que vive en Nueva York, donde es docente en la NYU . Por sus novelas, Granta lo destacó como uno de los mejores narradores jóvenes en español. Dialogamos con él.

Periodista: ¿“La infancia del mundo” es una fábula política como “1984” y “Un mundo feliz?

Michel Nieva: Podría interpretarse así, son las dos vertientes. “1984” la liberal de la distopía con la presión del Estado. Y “Un mundo feliz” crítica del capitalismo en la subjetivación mediante el consumo, de la que está más cerca mí novela. Un síntoma del capitalismo actual está en las narraciones que las corporaciones utilizan para sus tecnologías y mercancías. Se apropian de la estética de la ciencia ficción para narrar sus productos y fetichizarlos. Elon Musk toma el metaverso de la novela de Neal Stephenson “Snow crash”, para sus empresas espaciales el vestuario de la banda Daft Punk, de la película “Interstellar” y de la “Trilogías marciana” de Stanley Robinson. Hoy, o se participa de la estetización de los productos corporativos o se toma una visión crítica de esa apropiación de la ciencia ficción, y se trata de impedirla.

P.: ¿La ciencia ficción ciberpunk plantea que la literatura olvidó su función política?

M.N.: El ciberpunk revela que toda construcción de futuro es política. La ciencia ficción de “la edad dorada” hablaba de construcciones imperiales y estados interplanetarios, el ciberpunk cree que con el neoliberalismo se acelera el proceso de precarización general. A partir de ahí, pensé en un futuro que pusiera en discusión los problemas contemporáneos del sur.

P.: ¿Cómo surge el mosquito humanoide, portador del dengue, protagonista de su novela, que de humillado pasa a exterminador?

M.N.: El dengue es una enfermedad tropical que a causa del calentamiento climático se extendió a geografías que no tienen esos ecosistemas. Es una enfermedad que, a causa del coronavirus, quedó invisibilizada porque afecta a poblaciones marginadas. La estructura genómica del coronavirus no es muy diferente del dengue o el ébola, pero como el coronavirus afectó a países ricos tuvo una vacuna en tiempo récord, mientras los otros siguen matando gente en América y África.

P.: ¿Pensó el futuro de lo humano desde algo no humano?

M.N.: Harold Bloom en su “Shakespeare” sostiene que el dramaturgo inglés es el creador del relato de lo humano y que la novela moderna es la modulación de los arquetipos que él creó. Pero, cuando surge Shakespeare a la vez comienza la conquista de América, el gran proceso de deshumanizar su territorio, violencia que sigue en toda la historia de América Latina. Lo humano en la literatura europea da la espalda al fenómeno colonial. La ciencia ficción ofrece la posibilidad de explorar desde lo no humano esa historia de violencia y deshumanización. En mí novela la violencia aparece como un virus, que al no estar vivo repite su violencia anacrónicamente y con la misma estructura. Los rugbiers que dicen “a este negro nos lo llevamos de trofeo“, repiten una escena de la dictadura o la Conquista del Desierto. Escena que no tiene tiempo porque se da de la misma manera. La novela moderna cuenta peripecias del yo y la familia, el ambiente es un decorado inmóvil en el fondo. ¿Qué pasa cuando esa escenografía se sacude y se absorbe a los personajes? Me planteé que artefactos narrativos no literarios permiten pensar grandes dimensiones de tiempo planetario: los mapas, los videojuegos, los museos de ciencias naturales, la estructura algorítmica de las finanzas, los virus, partí de ahí, y eso está en mí novela.

P.: ¿Por qué el relato tiene un lenguaje permanentemente provocativo?

M.N.: El arte tiene que interrumpir la lógica de la inmediatez del presente por el que se transita sin capacidad crítica. Me interesa introducir elementos de la cotidianidad en un universo distorsionado, en algo que parece un delirio absoluto. Los elementos más realistas de la novela están en el videojuego “Cristianos vs. Indios”, que es falsificación de otro videojuego. La ciencia ficción tiene capacidad de distorsionar el presente para que uno pueda ver hechos contemporáneos como nuevos. Agamben considera que el escritor contemporáneo es el que permite ver su propia época como si fuera nueva. La ciencia ficción en cierto punto permite eso.

P.: ¿Por eso mezcla la literatura fantástica de Borges con la ciencia ficción de Dick?

M.N.: Deleuze, que no es santo de mi devoción, plagia a Borges sosteniendo que la metafísica es un subgénero de la ciencia ficción. Los juegos metafísicos o esotéricos de Borges, Philip K. Dick los convierte en problemas políticos contemporáneos. En él la distinción entre lo original y la copia se vuelve una tensión política para legitimar qué es una mercancía. Dick instala la filosofía en problemas contemporáneos, el futuro de la humanidad como especie, los sistemas políticos, algo que intenté experimentar en esta novela. Sobre todo el tema de las grandes temporalidades que tienen que ver con el cambio climático y con los virus, y hasta con las “virus finanzas”. La ciencia ficción es una ficción especulativa, y vivo en Nueva York donde están muy presentes las finanzas. La especulación financiera participa de la ficción especulativa. Durante la pandemia veía gráficos de las muertes y las acciones, como si ambas fueran lo mismo, dígitos en los que operaba el capital. La máquina algorítmica que es el capitalismo se puede apropiar de cualquier catástrofe planetaria, incluso terminar con la humanidad para a convertirla en un fenómeno mercantilizable, en una operación económica. Es más fácil imaginar el fin de la humanidad que el fin del capitalismo, ha dicho Mark Fisher, y el capitalismo contemporáneo ya está imaginando su futuro cuando la humanidad termine, terraformando otros planetas, eso también está en la novela.

P.: ¿En qué está ahora?

M.N.: En un libro de ensayos, “Ciencia ficción capitalista”, que es un poco la respuesta al “Realismo capitalista” de Mark Fisher. Y con la continuación del multimillonario de “La infancia del mundo” y sus emprendimientos interplanetarios.

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