El Estado Islámico asumió la autoría del atentado de Estambul
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La masacre asestó un nuevo golpe a Turquía, enfrascada en varios frentes militares a ambos lados de la frontera turco-siria, y objetivo claro de las milicias kurdas y de la cúpula del Estado Islámico, como lo atestiguan los más de 300 muertos en atentados durante 2016.
Se consiguieron "datos relativos a las huellas digitales y a la apariencia" del asesino, declaró el portavoz del gobierno Numan Kurtulmus, refiriéndose a una "investigación difícil". "Vamos a entrar rápidamente en el proceso de identificación", agregó.
"Seguiremos realizando con determinación operaciones exteriores", declaró el lunes Kurtulmus luego de un Consejo de ministros presidido por el jefe de Estado Recep Erdogan, quien no se ha expresado públicamente después del atentado.
Las familias de las víctimas extranjeras, al menos 25, tenían que recuperar el lunes los cuerpos de sus allegados, fallecidos cuando un hombre irrumpió en la discoteca y abrió fuego contra los cientos de personas que estaban celebrando el Año Nuevo.
A las 01H15 del domingo (22H15 GMT del sábado), un hombre armado con un fusil de asalto irrumpió delante de la discoteca y mató a dos personas en la entrada antes de penetrar en el local y cometer la masacre.
Según los medios turcos, el atacante disparó entre 120 y 180 veces durante unos siete minutos sembrando el pánico, lo que hizo que incluso algunas personas se lanzaran a las gélidas aguas del estrecho del Bósforo para escapar de las balas.
Tras la matanza, el atacante se cambió de ropa y huyó.
Citando informes de la autopsia, los medios turcos indicaron que varias víctimas fueron asesinadas de un disparo en la cabeza.
El ministro del Interior, Suleyman Soylu, declaró el domingo que se estaban llevando a cabo intensas operaciones de búsqueda y que el autor sería "capturado rápidamente".
Sin embargo "el peligro continúa", recordó el lunes el periodista Abdulkadir Selvi en Hürriyet.
"Mientras el terrorista no sea detenido, no sabremos dónde ni cuándo puede cometerse otra masacre", añadió.
El ataque se produjo a pesar del despliegue masivo de las fuerzas de seguridad en Estambul, una metrópolis tentacular que ha sufrido múltiples atentados en el pasado año.
Según Hürriyet, los investigadores estiman que el asaltante podría estar vinculado a la célula que cometió el triple atentado suicida del aeropuerto Atatürk de Estambul, que en junio pasado dejó 47 muertos, atribuido por las autoridades al EI.
Según el último balance de las autoridades, 39 personas murieron y 65 resultaron heridas.
Entre los veinticinco muertos extranjeros, diez fueron ciudadanos de países árabes pertenecientes a las élites, que en 2016 con petrodólares aliviaron el alicaído turismo en Turquía, castigado por el miedo de los visitantes occidentales al terrorismo.
Sauditas, libaneses, jordanos, tunecinos, marroquíes, iraquíes y kuwaitíes fueron algunas de las nacionalidades de las víctimas del exclusivo local nocturno sobre el Bósforo, llegados a Estambul para festejar el Año Nuevo.
Son los ricos de la región que apuntalaron al otrora floreciente turismo turco durante los últimos meses de bajos ingresos.
Según los datos del ministerio de Turismo de Turquía hubo un descenso de más de diez millones de visitantes extranjeros al país entre enero y noviembre de 2016, sobre todo los provenientes de países occidentales.
Una franco-tunecina, una canadiense y una israelí perdieron también la vida en el ataque.
"Pienso en esos momentos y no logro borrarlos de mi memoria. La gente en pánico, la sangre, el ruido de los disparos, las explosiones. No dejo de pensar en ello", contó a la AFP uno de los supervivientes, el franco-turco Yusuf Kodat.




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